Estorino, artista sin edad

Nara Mansur (poeta y dramaturga) • La Habana, Cuba

Cuando empezamos en el ISA una de las primeras obras de Estorino que fuimos a ver fue Que el diablo te acompañe y a casi ninguno del grupo nos gustó; teníamos diecisiete años y creo que nos fuimos antes de que se terminara la función. Ese tipo de cosas muy arrogantes de la primera juventud. Después vinieron Vagos rumores, una obra en la que continúa la escritura de La dolorosa historia de Don José Jacinto Milanés; Medea, de Reinaldo Montero, dos montajes suyos que recuerdo al vuelo ahora, que también dirigía, y que me gustaron mucho. Al igual que la puesta de Teatro D’ Dos de La casa vieja. No soy una devota del teatro de Estorino, creo que me marcó más Héctor Quintero, por ejemplo.

Pero Abelardo Estorino es un artista ejemplar. Un artista pensador, experimentador, con un mundo muy propio, único, que él supo amar, legitimar, convertir en máscara y procedimientos de construcción para el teatro. Dramaturgos como él nos confirman que las escrituras y textualidades en el teatro tienen un enorme potencial, que hay un camino para recorrer y que hay que amar y tener fe en aquello que somos.

Maravilloso conversador, afable, es de esos artistas sin edad, que no iba por la vida ni por el mundillo cultural dando cátedra o recibiendo señales de pleitesía, halagos. Lo recuerdo así, irónico, sonriente, siempre disponible para estar con otros, para recibirnos en su casa, para sumarse a iniciativas, proyectos disímiles a los que lo convocaban muy asiduamente.

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