Palabras ante la tumba de Estorino

Omar Valiño • Matanzas, Cuba

Al lado del gran Raúl Martínez, aprendió a dibujar. A pintar sobre una tela que, desde entonces, fue el teatro. A la misma altura de su amigo, trazó sobre la tierra hecha escenario el mapa de esta isla y su gente, de este pueblo y sus comportamientos.

Dibujó como nadie el diálogo con la historia y la literatura cubanas. Desde un altísimo pensamiento poético, exploró la palabra y la escena; límpido, transparente y profundo visualizó y transmitió el sentido del teatro y del arte.

Nunca fue un hombre de barricadas, pero tuvo el coraje de decir que esta guerra la habíamos ganado nosotros, y se mantuvo fiel a la justicia de una Revolución que, según confesaba, le permitió dedicarse por entero a escribir teatro.

Cuando un error intentó apartarlo o un maltrato tocó a su puerta, pasó sonriente por encima de ellos.

No es hora de discutir qué lugar otorgarle en la dramaturgia vernácula. Basta saber que ha  muerto un grande, cuyo inmensurable espacio en la escri