Palabras ante la tumba de Estorino

Omar Valiño • Matanzas, Cuba

Al lado del gran Raúl Martínez, aprendió a dibujar. A pintar sobre una tela que, desde entonces, fue el teatro. A la misma altura de su amigo, trazó sobre la tierra hecha escenario el mapa de esta isla y su gente, de este pueblo y sus comportamientos.

Dibujó como nadie el diálogo con la historia y la literatura cubanas. Desde un altísimo pensamiento poético, exploró la palabra y la escena; límpido, transparente y profundo visualizó y transmitió el sentido del teatro y del arte.

Nunca fue un hombre de barricadas, pero tuvo el coraje de decir que esta guerra la habíamos ganado nosotros, y se mantuvo fiel a la justicia de una Revolución que, según confesaba, le permitió dedicarse por entero a escribir teatro.

Cuando un error intentó apartarlo o un maltrato tocó a su puerta, pasó sonriente por encima de ellos.

No es hora de discutir qué lugar otorgarle en la dramaturgia vernácula. Basta saber que ha  muerto un grande, cuyo inmensurable espacio en la escritura dramática insular solo podrá estar destinado a crecer.

No habrá Noventa Estorinos. No quiso la muerte que Abelardo Estorino celebrase con nosotros sus 90 años en enero de 2015. Pero la vida, siempre palpitante y sorpresiva, teje sus hilos. Anoche mismo se repuso en La Habana La casa vieja, el montaje de Teatro D’Dos que tanto le gustaba. Con Esteban y Flora nos enseñó a mirar de frente a la muerte.

Él disfrutó una vida larga, plena, laboriosa. Su apellido no tuvo competencia. Se decía Estorino y se trataba, sin dudas, de él. A la par, fue simplemente Pepe para su familia y su amplio círculo de amistades, que tanto cultivó.

Su casa siempre estuvo abierta para escuchar sobre su obra o sobre los derroteros del teatro nacional, o sobre los lienzos de Raúl.

Pepe Estorino: tus personajes se levantarán una y otra vez desde las páginas y entre los velos de la quemante memoria del teatro. Tavito disparará contra la podredumbre. Milanés gritará por amor. Cecilia repetirá hasta el infinito “A él no, a ella”.

Te recuerdo ahora con tu aire displicente de viejito juvenil, recostado a tu portal de Unión de Reyes, fotografiado por Ismael Gómez, escoltado por Adria Santana y Pedro Vera. 

No tengo, no tenemos dudas de que descansarás en paz, donde tu familia, en tu tierra chiquita, en tu tierra grande, creyendo para la eternidad en lo que está vivo y cambia.

¡Unión de Reyes no llora porque sí habrá Noventa Estorinos, maestro! ¡Te vamos a despedir con un aplauso!

Despedida de duelo, leída el 23 de noviembre de 2013 en el cementerio de Unión de Reyes, Matanzas.

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