El Triunfo, El País y El Nuevo País, órganos del autonomismo cubano

“Diario político, literario y de intereses generales”, se lee en el primer número de esta publicación habanera, aparecida el 2 de julio de 1878, dirigida por Manuel Pérez de Molina. Expresaban al ver la luz, entre otros propósitos, los siguientes:

Borrar todas las huellas de fatales antagonismos, dar al olvido el pasado, proscribir el egoísmo, procurar la sincera unión de todos los españoles de ambos hemisferios a la madre patria [...] nuestra unidad de criterio quedaría limitada a las cuestiones políticas y administrativas, dejando completa libertad a los autores de escritos puramente especulativos y científicos para la exposición de sus doctrinas.

El Triunfo fue órgano del Partido Liberal, después autonomista, cuyos dirigentes no aspiraron, al parecer, a llevar las riendas de la nación aún bajo dominio español, pues tuvieron como demanda fundamental la “concesión a la isla de Cuba de las mismas condiciones políticas, orgánicas y administrativas de que disfrutaba la isla de Puerto Rico”, según se plasmaba en el primer artículo del Pacto del Zanjón. En no pocas oportunidades, y con motivo de censuras por orden del Tribunal de Imprenta del régimen, El Triunfo pasó a denominarse El Trunco.

En septiembre de 1878, se hizo cargo del periódico un experimentado hombre de letras, Ricardo del Monte, para dar inicio así a la segunda época de la publicación. De formación intelectual muy sólida —estudió en los EE.UU., viajó por Europa en compañía de su tío, Domingo del Monte, una de las figuras claves de la vida cultural cubana en los primeros decenios del siglo xix, quien influyó mucho en su educación—, sirvió como agregado al servicio diplomático en Nápoles y en Roma. Manejaba las lenguas clásicas y las principales lenguas modernas y, de regreso a Cuba, dirigió El Prisma en 1847, durante su segunda época. También tuteló, en 1853, La Aurora de Matanzas y redactó, junto con Bachiller y Morales, el Faro Industrial de la Habana. Fue activo colaborador del conde de Pozos Dulces, quien influyó mucho en la orientación de su pensamiento, en la campaña reformista desplegada por el periódico El Siglo, del que fue redactor. Durante la Guerra de los Diez Años vivió retraído en Guanabacoa y meses antes de terminar la contienda fundó junto con José Antonio Cortina la  Revista de Cuba (1877-1884), una de las principales publicaciones cubanas de la segunda mitad del xix, al impulso de la cual se debió la creación de la Sociedad Antropológica de Cuba. Tras el Pacto del Zanjón, Del Monte asumió la dirección de El Triunfo, que adoptó para ese momento el subtítulo de “Diario liberal”.

Sin dejar de publicar propaganda autonomista, el periódico dio cabida en sus páginas a materiales literarios (poemas, crítica literaria, notas bibliográficas y folletines), además de publicar noticias nacionales y extranjeras, informaciones sobre el movimiento portuario, gacetillas con comentarios sobre acontecimientos variados, noticias económicas y de carácter religioso.

Las más notorias firmas del autonomismo colaboraron en sus páginas: Rafael Montoro, José M. Gálvez, Antonio Govín, Eliseo Giberga, entre otros. También colaboraron figuras no adscritas a esa posición, como Enrique José Varona, Rafael Fernández de Castro, Manuel Sanguily, que insertaba sus encendidas polémicas literarias o históricas, el poeta José Fornaris, que durante un tiempo redactó los folletines dominicales, el novelista Nicolás Heredia, el costumbrista Luis Victoriano Betancourt, Luisa Pérez de Zambrana, José Joaquín Palma, Mercedes Matamoros, Luisa Molina. El 3 de junio de 1885 salió el último ejemplar, que contenía una nota explicativa redactada en estos términos:

El Triunfo se despide para siempre de sus lectores; desde hoy no volverá a publicarse. A su existencia pone término la Ley de Imprenta con sus rigores inexorables, extremados por la complicidad de la mala fortuna.

Y más adelante se añadía:

En julio de 1878 comenzó a publicarse El Triunfo. Desde entonces ha venido exponiendo con lisura y sinceridad las necesidades del país y proponiendo con entereza los medios de satisfacerlas cumplidamente. En el terreno de los principios, sin los cuales no cabe protección eficaz para los intereses permanentes y legítimos, ni hay base segura y firme para las instituciones, ha sostenido con entera buena fe y lealtad intachable las doctrinas de la escuela liberal y las aspiraciones que por la índole especial de los problemas que entraña nuestra vida social, política y económica, se encamina a realizar los fines que ha de tener la actividad en todo pueblo culto y en toda colonia ya madura para tomar en sus manos sin temor la dirección y gobierno de sus peculiares asuntos.

El Triunfo fue sucedido por El País, cuyo primer número apareció el 4 de junio de 1885, con el subtítulo de “Diario autonomista. Órgano de la Junta Central del Partido liberal”. Ricardo del Monte continuó al frente del periódico y, al parecer, fue el encargado de expresar en el número inicial los propósitos que acompañaban al nuevo periódico:

El País no necesita hacer profesión de fe. Viene al estadío de la prensa a continuar las tareas de El Triunfo, inspirándose en su ejemplo y obedeciendo a idénticos principios. Llevará, pues, adelante la propaganda de la doctrina autonomista y no perderá ocasión de señalar los vicios de que adolece la organización política y administrativa, y de censurar cuantas veces lo crea oportuno los actos del Gobierno, así del de la Nación [entiéndase España] como el de esta Antilla, que juzgue contrarios a los intereses permanentes y a la causa de la justicia y del progreso entre nosotros, sin que haya temor de que ceda ante ninguna consideración que pugne con lo que exigen sus antecedentes políticos, o con el sentimiento de la propia dignidad.

El País pasó a denominarse El Paisaje entre el 24 de octubre y el 10 de noviembre de 1885 y hacia el 20 o el 21 de noviembre de ese año dejó su numeración de año y siguió la de El Triunfo. Fue órgano de la Junta Central del Partido Liberal hasta el 16 de diciembre de 1880. Los colaboradores de El País fueron los mismos de su antecesor, sumados ahora los nombres de Fray Candil (seudónimo de Emilio Bobadilla), Conde Kostia (seudónimo de Aniceto Valdivia). Se publicó hasta el último día de la dominación española en Cuba. Al día siguiente, el 1ro. de enero de 1899, apareció El Nuevo País, continuador del anterior y dirigido por el propio Ricardo del Monte. Aparecido, decían, “en un momento de transición en que por más que estimulen el ánimo diversos y poderosos impulsos, las voluntades flaquean indecisas, rodeadas de recelos e incertidumbres”.

Proclamaban que “...el pueblo cubano agradecido y satisfecho, debe auxiliar a sus salvadores [entiéndase el ejército invasor norteamericano] con la mejor voluntad, teniendo presente que tanto más pronto llegará el momento que ansían sus impacientes pero legítimas aspiraciones de verse único dueño de sus propios destinos como nación americana, cuanto más eficaz sea la cooperación que presten para la obra benéfica que por ahora incumbe al Gobierno provisional [norteamericano] que hoy se inaugura. El Nuevo País procurará muy gustosamente contribuir a que sean siempre fáciles, agradables y provechosas las relaciones que han de existir entre el pueblo favorecido y el pueblo redentor. En resumen, El Nuevo País, órgano independiente de la opinión, desligado de compromisos no trae otro programa que este sencillo lema: Paz, orden, justicia, libertad”. Continuó bajo la dirección de Del Monte. Se publicó hasta el 30 de junio de 1906.

Periódicos representativos de los ideales autonomistas, tanto El Triunfo, como sus continuadores, El País y El Nuevo País defendieron esos intereses y se sumaron a los intereses del ocupante extranjero. El Nuevo País fue  quitando espacio a los temas literarios hasta reducirlos a folletines que reproducían novelas por capítulos de autores extranjeros y a reseñas bibliográficas.

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