Conversación con Enrique Pla, Carlos Rojas (El Peje)
y Joaquín Betancourt

Armando Romeu en tres tiempos

B. Besada Rodríguez • La Habana, Cuba

En su 16 edición, el Concurso de Jóvenes Jazzistas JoJazz, organizado por el Centro Nacional de Música Popular y auspiciado por el Instituto Cubano de la Música, se dedicó a la vida y obra de uno de los grandes impulsores de la música popular cubana: el maestro Armando Romeu González. Durante su trayectoria musical se desempeñó como flautista, saxofonista, orquestador y director de orquesta; además, constituyó un destacado profesor de armonía y orquestación, y maestro de varios de los principales jazzistas cubanos.

Tras estudiar con su padre, inicia su vida profesional en 1919 en la Banda Municipal de Regla. A partir de este momento, su carrera avanza en continuo ascenso, compartiendo escenarios nacionales e internacionales con orquestas y figuras como el Trío Matamoros, la Orquesta Siboney, Rita Montaner, Maurice Chevalier, Paul Wye, y otros artistas de renombre.

Imagen: La Jiribilla

En 1967, Romeu fue uno de los fundadores, y director, de la Orquesta Cubana de Música Moderna, que contó en su nómina, entre otros miembros, con figuras como Chucho Valdés, Arturo Sandoval, Jorge Varona, Paquito D'Rivera, Oscarito Valdés, Carlos Emilio Morales, Enrique Pla y Guillermo Barreto. Asimismo fue gestor, protector y director de la Orquesta de Música Moderna de Santa Clara durante varios años. Junto con el pianista Frank Emilio preparó un método para enseñar a compositores videntes a escribir para músicos ciegos, y un nuevo sistema de notación Braille, para enseñar las estructuras armónicas. Su desempeño en la esfera pedagógica no solo comprende a nuestro país, sino que impartió clases en Nicaragua y Moscú.

Hasta nosotros, llegan las voces de tres grandes músicos de la escena actual cubana, que conocieron a Armando Romeu; seguidores, colaboradores o colegas de su quehacer musical, quienes nos brindan, para este texto, una visión más amplia del maestro.

¿Qué significó para Ud. trabajar en la Orquesta de Música Moderna bajo la batuta del maestro Armando Romeu?

Enrique Pla: Bueno, imagínate tú, que yo vine para La Habana a estudiar a Cubanacán en el año 64, y entonces ya a finales del año 66 salí de Cubanacán y empecé a trabajar con un grupo que se llamaba Sonorama 6, formado por Rembert Egües, Carlos Puerto, Amed Barroso, Eduardo Ramos, Changuito, éramos seis o siete ―fue el grupo que sirvió después para el primer festival de la música de la Nueva Trova―. A mí me gustaba mucho el jazz, y yo iba a descargar con Armandito Romeu al patio del Habana Libre, y Armandito un día me dijo: “Oye, ven mañana que mi papá va a venir pa’ verte tocar porque van a hacer una orquesta, va a estar Barreto; pero yo quiero que mi papá te vea tocar”. Y entonces, fui a la descarga y Armando: “¡Ah, cómo que no!”  Y entonces, me dijo: “Mira, Barreto va a hacer una orquesta en la cual él será, por supuesto, el baterista principal. Tú vas a estar con nosotros ahí para hacer algunos números que tienen varias baterías, para tocar la percusión, y para trabajar con los jóvenes”. Ya yo trabajaba con Chucho, con Carlitos, con Paquito… Y ahí fue que tuve la posibilidad de empezar a trabajar con Armando y aprendí muchísimo, al lado de Barreto, y de todos esos músicos que eran de primera categoría. El repertorio que él siempre montaba, era muy, muy interesante, desde el punto de vista de la batería y de la interpretación de la música, y aprendí muchísimo con él.

¿Ud. cree que la obra del maestro Armando Romeu constituye un punto importante en el desarrollo del jazz en la Isla?

EP: Por supuesto; desde todo punto de vista. En Tropicana, ya él lo mantenía en repertorio, y sacaba los discos. Cuando no tenía discos, él tenía en el tocadiscos antiguo, él tenía algo que le disminuía la velocidad para poder sacar la música. Él lo transcribía todo. Y la gente de antes me dice que él también tocaba muy bien el tenor (saxofón tenor), que era muy buen tenorista. Otro que te puede también hablar mucho es Amadito Valdés, que su papá siempre trabajó con Armando, y bueno, Carlos Rojas (El Peje) que trabajó seis años allá en Santa Clara. Yo estuve con Armando 67, 68, 69… hasta el 71, que es cuando voy a la Banda del Estado Mayor al Servicio Militar, y después me reintegré, pero ya no estaba Armando. Todo ese Armando estuvo en Las Villas. Allá estaba Fiferrer de director de la Orquesta; estaba Eco Fiferrer y bueno, pero con Armando ¡por favor! Y siempre le he dado las gracias a él y a Armandito porque a Armandito fue el que se le ocurrió la idea: “Oye Enriquito, ven acá para que mi papá te vea tocar”. Y yo tuve tremenda suerte, porque yo, prácticamente… ¿tú me entiendes?... vine de Santa Clara, ya yo tocaba allá, estaba estudiando en Cubanacán, trabajé con esta gente… Fue muy rápido mi movimiento. ¡Y con esos músicos, con ese nivel, y Armando…! Además de Armando, hay que destacar que estaba Rafael Somavilla y Tony Caño, por supuesto; y Armando, en este caso, que fue el pionero de esa orquesta. Como era, de todos los directores que había aquí, el que había empezado con toda esa cosa del jazz, porque a él le gustó siempre, entonces él tenía la facilidad y el oficio de poder transcribir los arreglos. También hizo sus arreglos. Y nosotros aprendimos muchísimo con Armando, pero también hay que destacar que con Somavilla ―¡tremenda escuela!― y con Tony Caño también, que fueron directores de la orquesta.

¿Cómo contribuyó Armando Romeu al desarrollo de la música, y del jazz principalmente, fuera del ámbito capitalino? ¿Cuál fue su influencia en el resto del país?

Juan Carlos Rojas (El Peje): De entrada, Armando fue el promotor de los Cursos de Armonía que pasaban tantos compositores, tantos directores, tantos músicos ―lo llamaban, incluso, el curso de Armando Romeu―. Él lo tenía, enviado directamente de EE.UU., más los arreglos personales que hacía en base a las transcripciones, a toda la música que él poseía como tal, desde las generaciones anteriores hasta lo contemporáneo que fue en los finales de su vida.

¿Cómo fue su experiencia profesional con Armando Romeu como director?

CR: Después, en esa etapa, él recopilaba mucha música, se pasaba la vida transcribiendo, y se decidió por trabajar directamente con la Orquesta de Música Moderna de Villa Clara, que en ese momento tenía como batería original a Carmelo Miranda, pero cuando yo llegué, con 20 años, tuve la oportunidad de trabajar durante seis años, más o menos, en etapas específicas de la música, y los experimentos que hacía él. Se organizaban conciertos con él, tocando propiamente jazz, con sus arreglos y también de otros compositores de la provincia Villa Clara. Se llegaron a realizar dos giras nacionales, con la Orquesta de Música Moderna, prácticamente por todo el país, en base a los conciertos de jazz dirigidos por Armando Romeu, y también en parte por Jesús Chú Rodríguez, que era el director titular de la orquesta. Es decir, que él contribuyó mucho al desarrollo, no solo ahí; también él fue a Santiago de Cuba con la orquesta de esa provincia, con la orquesta de Camagüey… Es decir, no solamente desde los años anteriores, que estuvo trabajando en Tropicana, con la Orquesta de Música Moderna de La Habana el contribuyó al desarrollo general de este tipo de trabajo ―hoy en día se ha perdido― en el país. Es un trabajo muy importante para todo músico, es el atril, el saber cómo se conduce una orquesta ―especialmente para los batería― la orquestación, los arreglos…

¿Cómo era su relación con Armando Romeu?

CR: Yo era muy inquieto en ese momento. Armando me decía: “Chiquito, chiquito, tranquilo, llévame la banda”, y entonces ahí tuve yo la oportunidad de tomar una experiencia única, de cómo se lleva este tipo de música, y aprovechar todos los materiales que él traía de las grandes orquestas, y las transcripciones que hacía, que en ese momento aquí no se conocían.

¿Qué significación tiene el aporte de Romeu para la orquestación y el arreglo musical cubano, y el desarrollo del jazz en la Isla?

Joaquín Betancourt: Él fue el artista que más se preocupó porque los músicos cubanos se superaran, tuvieran una actualización ―de acuerdo con su tiempo― de las técnicas más contemporáneas de la orquestación, de la armonía. Fue un músico que se dedicó por entero a la enseñanza y a dar muchos consejos. Yo conocí a Armando Romeu, precisamente, estudiando en la escuela de arte, y es un poco penoso para mí decirlo, pero en vez de acercarme a él, fue él quien se acercó y me dijo: “Me gusta tu trabajo” [risas]. Era un hombre increíble. Él aportó mucho. Se conoce muy poco de su obra pedagógica, que no era precisamente en un aula, sino era espontáneamente, con los músicos, trabajando como si fuera un taller, aquí y en provincia.

¿Cómo pone Ud. en práctica, en la actualidad, el legado del maestro Romeu, en su trabajo con los jóvenes y la Jazz Band?

JB: No pongo en práctica nada. Te lo digo sinceramente. Yo trabajo también de forma espontánea, de corazón. Quiero que ellos también escriban; han escrito algunos, Emir, Yoandry, ahora Falcón también tiene algunas obras escritas para la Jazz Band. Y, en la práctica, ellos me piden opiniones y yo les voy diciendo mi criterio. Es decir, prácticamente sin habérmelo propuesto, creo que estoy haciendo, en mi tiempo, lo que hizo Romeu en el suyo.

Como es evidente, Armando Romeu constituye uno de los pilares en la enseñanza de la música popular en Cuba, así como resultó un importante arreglista, orquestador, director e instrumentista, que extendió un nuevo horizonte en la música cubana. Su obra constituye la génesis de varias generaciones de jazzistas que en la actualidad prestigian la música cubana en los predios nacionales e internacionales. Su esencia visionaria y renovadora marcó el desarrollo de la cultura musical de nuestro país, y aún su presencia puede ser percibida, tanto en la enseñanza artística, como en cada escenario destinado al jazz en nuestra Isla.

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