Un nuevo reto para Bobby Carcassés

Brenda Besada Rodríguez • La Habana, Cuba

Esta edición del concurso JoJazz contó con la participación de uno de los más grandes exponentes del género en Cuba: el multinstrumentista, showman y Premio Nacional de la Música 2012, Bobby Carcassés, quien figuró como Miembro de Honor y Presidente del Jurado de Interpretación. Tras las deliberaciones de una de las jornadas, tuve la oportunidad de hacerle una pequeña entrevista a este importantísimo músico de nuestro país, y conocer así sus opiniones sobre el evento.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué significa para Ud. ser jurado de este evento?

Para mí significa, primeramente, un compromiso grandísimo, porque no me gusta ser jurado, precisamente, por la responsabilidad que implica. Es un reto, porque evaluar a todos esos jóvenes que tienen tanta calidad y que han demostrado ser verdaderos genios ―ya sobrepasan la categoría de talentos, y hay muchos de ellos que son geniales―, implica una obligación muy grande. Estamos viendo crecer un evento que surgió hace un poquito más de 15 años y convertirse en algo muy importante, no solamente desde el punto de vista nacional, sino internacional, porque los jóvenes que están saliendo de ahí, los premios, ya están haciendo intervenciones en distintos países, llamando la atención sobre la calidad de su formación. La ventaja que tienen los jóvenes cubanos es que nuestras escuelas de arte tienen alto nivel de profesores, los instrumentos son de alta calidad también y las áreas donde pueden estudiar también son las mejores. Por tanto, la idea de Alexis Vázquez, de hacer este evento, fue genial, porque los jóvenes tienen ya su propio momento de encuentro, tienen su propio festival de jazz. O sea, no tienen que participar, como se hacía antes, que se le dedicaba un día, antes del Festival, a los muchachos jóvenes. Hoy en día ya ellos tienen su propio festival, y de ahí salen premiados, con sus propios premios, y además pueden hacer la grabación de un disco, que es algo muy importante. Así que ser el jurado, y en este caso, el Presidente del Jurado de Interpretación, es una responsabilidad altísima; y nos cuesta un trabajo tremendo llegar a una conclusión, porque los niveles están muy parejos, porque hay sorpresas con esos muchachos tocando música de Michael Brecker, de Bob Powell ―que son músicos geniales de la historia del jazz― y, además, moviéndose con elegancia y con profesionalismo ―sin serlo todavía― sobre esas armonías, sobre esas construcciones que son verdaderas catedrales de obras de arte de la música del jazz.

¿Qué elementos le gustaría señalar específicamente sobre esta edición del JoJazz?

Cuando se obliga a los muchachos a tocar un “estándar”, formado por los números que se han convertido en clásicos a través de la historia, pues se les está exigiendo que muestren, verdaderamente, si son dueños del bebop; aunque pueden incorporar el outside, la música pentafónica, las escalas dodecafónicas, el aleatorismo, el atonalismo y todo. Pero dominar el swing americano, o sea, lo que es verdaderamente el jazz clásico, es un reto. Después, el latin jazz ―todos saben que el latin jazz es mucho más jazz cubano que de Colombia, Venezuela u otro país―, tiene mucha más dosis del cubano, lo que quiere decir que ellos dominan lo cubano también. Y el tema libre les da una oportunidad de escoger, o bien de crear canciones o temas específicamente para este festival, o de escoger libremente alguno de la infinidad de temas que existen. Por tanto, me parece que esto demuestra el dominio de estas tres vertientes, de esos tres acápites que nosotros solicitamos, y demuestran, de verdad, que están preparados para este festival.

Imagen: La Jiribilla

¿Ud. cree que el JoJazz ha sido un punto importante para la formación, por ejemplo, de aquellos jóvenes jazzistas que lo han acompañado como jurado durante esta edición del evento?

Si te digo que ahí tú puedes ver músicos concursando en piano, en batería, en bajo, en saxofón tenor y alto, en oboe, y ves aparecer instrumentos como el violín, como el chelo, te das cuenta que hay posibilidades múltiples de que los músicos se proyecten. Por tanto, estar inmersos nosotros, el jurado, entre los cuales hay músicos que han salido del JoJazz ―como es el caso de Michel Herrera, de Alejandro Falcón, y el propio Carlos Miyares― pues da una medida de cómo en pocos años ellos se equiparan ya con nosotros, con las personas que tenemos 50 o más años de profesionalismo y de recorrido en el mundo del arte. Da una medida de que este concurso, a la vez que va premiando, va formando y va dando madurez y profesionalismo a los músicos que salen de este festival.

¿Cómo cree que puede continuar apoyando su generación, y las instituciones culturales de la Isla, el desarrollo de este género en los jóvenes?

En la rueda de prensa que se hizo en el Café Miramar, planteé que es absurdo y una paradoja, que haya un festival de jazz de mayores y un festival de jazz de jóvenes, y un festival del son, y toda una serie de festivales de música popular; sin embargo, no hay cátedra ni de jazz ni de música popular. Celia Rosa Alonso, subdirectora del Centro Nacional de Escuelas de Arte (CNEART), que estaba allí, habló de que ya, incipientemente, se está incorporando, no una cátedra, pero sí algunas posibilidades de enseñar a los muchachos tanto en el jazz como en la música popular. En mi caso, me he pasado toda la vida ayudando a los jóvenes ―también es el caso, por ejemplo, de Felipe Dulzaides, ya fallecido, que con su grupo formó como una especie de academia para que los músicos se formaran ahí, y se prepararon muchísimos―, conmigo se formaron Gonzalito Rubalcaba, César López, Maraca, y una serie de músicos que aunque tenían una formación técnica, aprendieron a trabajar directamente con el público; a conocer lo que es ser artista, no solamente músico; a determinar el concepto de ética; a saber lo que son los grados de entrega para lograr una profundidad en el resultado; a descubrir lo que es la concentración: a saber lo que es la “yoga”, cuando hablo de que el músico al improvisar está en un estado de éxtasis, de gracia, de nirvana, que en la medida en que más se entrega, que logra más comunión con el grupo que lo está acompañando, se origina mayor magia, se origina el alto nivel de creación en la improvisación; y esas improvisaciones se convierten después en material de estudio de los propios jóvenes, e incluso de los músicos profesionales.

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