Entrevista con Jorge Luis Pacheco (Pachequito)

Manos e ingenio que vuelan

Gretel G. Garlobo • La Habana, Cuba

Jorge Luis Pacheco Campos (Pachequito) es un joven pianista, percusionista y compositor que, con solo 27 años de edad, irrumpe en el panorama musical contemporáneo con una brillante carrera como jazzista, demostrando gran versatilidad interpretativa y compositiva. Estas cualidades permiten considerar a Pacheco una de las figuras a promover como relevantes dentro de la historia musical de Cuba de estos tiempos.

En su proyección musical, abarca un espectro amplísimo en el que son relevantes sus dotes como pianista virtuoso, compositor de gran ingenio y sensible cantante. En el 2007, se presentó al Concurso Internacional de Jóvenes Jazzistas JoJazz y resultó ganador del Primer Premio, constatando así su valía como intérprete y sagaz compositor.

En escenarios internacionales ha probado también su talento, y en el 2009 fue el único participante de Latinoamérica que clasificó como semifinalista en el Concurso Internacional de Jazz solo piano, de Montreux, Suiza. Actualmente, dirige su propio cuarteto de jazz, y a la vez desarrolla una carrera como solista que adquiere gran importancia a nivel nacional e internacional. Cuenta ya con su primera producción discográfica: Pacheco´s Blues bajo el sello Colibrí y está en pleno desarrollo artístico.

En esta entrevista comentó sobre su historia de vida, sus estudios y principales referentes musicales, y compartió algunas de sus concepciones sobre la música que defiende y sobre la intensa trayectoria que ha tenido en su recorrido artístico.

¿Dónde estudiaste? ¿Cuáles fueron tus principales maestros?

Desde niño estoy escuchando ópera, música clásica, música coral porque tengo la influencia de mis padres. Mi mamá Corina Campos es directora de coro, mi padre Luis Pacheco, es cantante de ópera y mi hermana mayor Marialy Pacheco estudiaba piano, y por ahí vino la idea de estudiar música. Siempre le he seguido un poco los pasos a mi hermana, y comencé a estudiar piano básico en el Conservatorio Alejandro García Caturla con su profesora: Rita María Vega. En 5to. grado comencé a estudiar percusión también, y el practicar los dos instrumentos desde el nivel elemental me ha aportado mucho en el piano, que también es un instrumento de percusión.

Me gradué de estas dos especialidades en nivel elemental e hice el pase de nivel por percusión. Comencé a estudiar el nivel medio en el Conservatorio Amadeo Roldán con Roberto Concepción, que me enseñó mucho no solo de percusión, o de música sino también de la vida, y mi profesora de piano complementario Rita Castro, cuando me vio tocando piano me dijo: “¿Qué tú haces estudiando percusión? ¡Tú vas a ser pianista! Aunque estaba en percusión, siempre continué estudiando piano. Ella comenzó a ponerme repertorios más complicados y mi hermana fue una importante influencia para mí en esta etapa.

En segundo año de nivel medio, tomé la decisión y lo publiqué así: “Yo voy a graduarme de percusión, pero voy a ser pianista”. Igual que Julio Baró que también estudió percusión pero es pianista, y nos poníamos a hacer arreglos y nos quedábamos hasta tarde estudiando piano. Hicimos por aquella etapa un quinteto de voces que incluía a Fabio Corrieri, Roger Rizo, además de Julio Baró, Jesse Valdés y yo, y mi papá nos dio clases de canto para perfeccionar nuestra técnica vocal. No seguimos este proyecto, cada uno siguió por su camino y ya había tomado la decisión de ser pianista; sin embargo, nos ayudó mucho, sobre todo a Julio y a mí que teníamos los mismos intereses, éramos percusionistas, pero queríamos ser pianistas. Nos compartíamos el conocimiento, lo cual fue muy bueno para nuestro desarrollo como jazzistas y como músicos en sentido general.

En mi graduación de percusión toqué piano. Compuse una obra para timpani, e interpreté un concierto de Bach en el xilófono; toqué caja y todo lo que se concibe dentro de la música clásica para percusión, pero la segunda parte de la graduación fue de música popular y toqué piano, y me sentí bien porque pude hacer las dos cosas, aunque me tomé el piano en serio.

Luego, empecé a estudiar composición en el Instituto Superior de Arte (ISA) con el maestro Loyola donde he aprendido mucho de los profesores y he compuesto música para todo tipo de formatos.

Cuando entré en el ISA, comencé a tocar con Yasek Manzano y Haydée Milanés. Desde que estaba en nivel medio iba a la Zorra y el Cuervo y me subía a tocar, porque la música creo que es más práctica que teórica y es bueno que sepas de teoría y que se enseñe cómo se forma un acorde, pero si estás delante del público no te acuerdas de ese acorde porque te pones nervioso. La primera vez que toqué frente al público me temblaba el pie del pedal, pero eso se quita tocando. Ahora tengo más experiencia.

¿Cuántas obras tienes compuestas?

En mi disco Pacheco´s Blues grabé un tema que se llama “Andino”, que es para orquesta de cuerdas y uno que se llama “Rompiendo el silencio”, que lo hice para un documental que van a lanzar próximamente. Tengo una obra para piano y cello; otras para piano y percusión que fueron compuestas durante mi primer año en el ISA. Una de ellas fue interpretada en graduaciones de nivel medio en el Amadeo y la obra que tengo para mi graduación de nivel superior es para orquesta sinfónica y piano. Tengo varias, pero no sé cuántas. No compongo más porque realmente vivo agitadamente. Quisiera encerrarme en mi casa y dedicarme a escribir mi música, pero de repente me llaman para trabajar y debo hacerlo.

El listado de artistas con los cuales has compartido escenario es numeroso ¿Con quiénes te presentas frecuentemente?

Toqué con Bobby Carcassés, que es una persona que ha ayudado mucho a los jóvenes jazzistas. Él me entregó el premio Cuerda Viva a principios del 2013. Me puse muy contento y agradecí mucho que fuera Bobby quien me entregara el premio, pues fue una de las personas que siempre confió en mí y siendo percusionista me llamaba para que tocara piano.

Hice un trío en New York con un bajista ecuatoriano y un percusionista cubano: Iván Yanez, que cuando lo vi tocando dije: “¡Este es el baterista que quiero!” Esa cubanía al hacer jazz es insustituible y por eso digo “jazz cubano”, que es lo que estoy defendiendo y que para hacerlo hace falta el estilo, porque es posible ponerle la clave, o ponerle un 6/8 a un danzón y que quede. No voy a EE.UU. a bailar en casa del trompo, voy a defender mi música, a defender lo que hago y lo he hecho así, y me siento orgulloso de eso.

Ahora estoy tocando bastante con Descemer Bueno y con Ruy López-Nussa que fue mi profesor de percusión (batería) y que también confió en mí como pianista, y toco frecuentemente con La Academia lo cual me ha servido de mucho, y con grandes músicos como Robertico García, el mismo Ernán Lopez-Nussa. Estuve un año (2011) tocando con Havana D´Primera, porque me encanta la timba y estaba feliz porque me abrió puertas, me dio prestigio como músico porque es una orquesta de grandes, y que Alexander Abreu me haya llamado y el hacer giras con ellos por Europa fue algo incomparable. También tuve la oportunidad de hacer dos conciertos con Isaac Delgado hace dos semanas y desde que soy un niño siempre había querido tocar con él. A pesar de esto, no podría estar fijo en una agrupación.

¿Cuáles son tus referentes musicales?

Hay un pianista que se llama Keith Jarret, que es el mejor pianista del mundo. Yo le digo “el poeta del piano”. Realmente, es muy virtuoso; toca precioso. He tratado de seguir ese camino y llevarlo a la música cubana para llegarle al público. Tanto Keith Jarret, como Brad Mehldau y otros pianistas comenzaron a hacerse populares haciendo estándar del jazz, cuando armaron sus grupos empezaron con temas más sencillos y con solos de piano impactantes, pero haciendo música digerible para el público.

Brad Mehldau se hizo famoso haciendo versiones de temas rock, tocando a trío, y luego hizo la música que quiso, pero es importante llegarle a la gente, pues de una manera u otra el artista se debe al público. Por eso yo canto, rapeo, y toco el piano, pero trato de sorprender y hacerlo bien. Ahora me he puesto un poquito para la voz, y quiero logar un timbre profesional y que la gente diga que hay un pianista pero también un cantante.

Pienso montar más repertorio como cantante e incorporar: “Pensar en ti”, de Pancho Céspedes, algo de Benny Moré, boleros… que me gustan más porque es de la más auténtica música cubana.

Ya tengo tres canciones en mis presentaciones, porque “Simple aritmética”, que la canta Haydée Milanés y la cantó Diana Fuentes en el JoJazz que gané en el 2007, la imaginé siempre para una voz femenina.

El disco Pacheco´s Blues, que saldrá bajo el sello Colibrí, tuvo la producción musical de Joaquín Betancourt y la asesoría musical de Chucho Valdés e incluye seis obras de tu autoría. De ellos, “Negrita mía” y “Musa” cuentan también con videos clips, realizados por Luis Najmías (Jr.) y Alejandro Valera (Jr.) respectivamente ¿Satisfecho con el disco Pacheco´s Blues?

Estoy satisfecho con el disco, y aunque llevo mucho tiempo tocando esa música al público le gusta, no aburre. El “Negrita mía” que es un tema que grabé hace dos años, gusta mucho, porque es un tema de jazz pero tiene de merengue, de changüí y es muy alegre, aunque también ha influido la promoción del video, que debía haberse puesto más.

Estoy contento con este disco; pero ahora mismo estoy tocando otras músicas. Este año he tenido la oportunidad de hacer más de diez conciertos, y ahora mismo estoy tocando otra música, más arraigado a mi cultura, sobre todo cuando he salido solo al extranjero: estoy rescatando temas de Pablo Milanés, el Bola. Me gusta mucho interactuar con el público y, a veces, hasta los pongo a cantar conmigo y rompo así con esa barrera que existe entre los jazzistas y el público.

Tengo dos propuestas de disco para mi cuarteto, pero hay una que es bien complicada que es hacer jazz sinfónico. Mi objetivo central es hacer música con su grado de intelectualidad pero inteligible.

Quiero grabar otro disco con el cuarteto, que tenga música de Lecuona, del Bola, Pablo Milanés, un tema de Silvio... Siempre toco dos o tres temas de Pablo, de Bola hago “Drume negrita”; “Estás en mi corazón”, de Lecuona y otro que es una conga que se llama “Para vivo me voy” y lo que interpreto no es la música para piano de Lecuona, sino la cancionística que me gusta más. La música para piano está muy buena, pero ha sido más explotada.

Desde el 2010 diriges tu propio cuarteto de jazz integrado por David Faya Córdova (bajo), Edgar Martínez Ochoa de Zabalegui (percusión) y Anier Tamayo (drums). ¿Es este el formato de jazz que prefieres?

En algunos momentos he tocado con Michel Herrera en un quinteto, pero no concibo otro instrumento solista, además del piano o la voz. Ocasionalmente sí, invité a Michel y a Maikel González en el concierto realizado en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional en diciembre del año pasado y en Alemania interpreté “Negrita mía” en una adaptación para percusión y piano además de “Ni pa´ ti, ni pa´ mí” que es una obra para piano y bongó que gustó mucho, por eso lo tocamos en todos los conciertos. Esos temas a tocar a dúo me gustan también, pero creo en el cuarteto.

Son tres años ya con los mismos integrantes que llevan luchando conmigo desde siempre, y lo ideal sería llevar a mi cuarteto de gira. Cuando llevas mucho tiempo tocando con un formato tan pequeño y con los mismos músicos, llega un momento que es algo imparable y con lo que se puede hacer lo que sea. Para mis conciertos no ensayo, porque nos conocemos mucho, pero antes nos pasamos cuatro años tocando, los mismos integrantes, con Yasek Manzano y con Teté Caturla.

Sobre tus proyectos próximos, ¿qué puedes comentar?

Voy a hacer un disco con Zalba, de música contemporánea. El disco incluye una sonata de tres movimientos, sonatas jazz, donde está su estructura clásica; pero se improvisa en el desarrollo a partir del cifrado. El repertorio lo escogió Zalba y quiso incluir algunas obras mías. Le hice una adaptación al “Andino” para saxofón y piano; y una obra que está incluida dentro de la obra sinfónica que compuse para mi graduación que se llama “Todos los niños van al cielo”. Esta obra es realmente el segundo movimiento (Lento), de una pieza para orquesta sinfónica en la que cada movimiento tiene nombre y ese se llama así, porque se basa en el ataque de los EE.UU. a la franja de Gaza, y me conmovieron las imágenes de la guerra donde tantos niños murieron.

Con estas dos obras, una sonata de Zalba y dos sonatas de dos compositores más hicimos un concierto en la Basílica y un A todo Jazz, pero tenemos la idea de grabar un disco en febrero. Eso de hacer discos a dúo y este tipo de música entre clásica y jazzística, me gusta. Para mí, representa otra visión dentro de lo que quiero hacer. Sin contar con el proyecto de grabar el disco con mi cuarteto el año próximo.

Sobre el jazz y el hacer tu música, ¿qué consideras?

El jazz es un género muy virtuoso técnicamente y en cuanto a conocimiento. Un jazzista puede tomar una partitura de piano clásico y aprenderse la obra y tocarla; un pianista clásico no improvisa sobre una partitura. Sin embargo, el género del jazz en Cuba no se difunde lo suficiente y es relativo porque haces un concierto en Bellas Artes y se llena la sala, pero no hay mucha cultura de escuchar jazz y si vas a otra provincia no hay público. Te metes dos horas tocando y dedicando todas tus neuronas a improvisar, porque el jazz es eso, es como hacer tres horas de ejercicios por cuánto implica intelectualmente y la cantidad de energía que se derrocha en un escenario improvisando es increíble. Tocas un tema detrás de otro; concibes la interpretación, la musicalidad, la improvisación; aplicas la técnica y, después de todo, no se ve el fruto en el público y lo haces por amor al arte.

En Cuba, la cultura del jazz se ha perdido bastante y es importante ser uno en su propia tierra, pero también es importante que el mundo conozca lo que haces.

Recientemente, hice un concierto en New Orleans maravilloso, en un club importante de esa ciudad, con el trío con el que trabajo en los EE.UU. y fue una experiencia en la que sentí cómo todos me apoyaban.

Particularmente, cada vez que he tenido la oportunidad de tocar en otro país, canto. Me gusta cantar. En mi disco canté con Beatriz Márquez “Silencio”, de Rafael Hernández y ese fue el comienzo en el canto. Interpreto también “Drume negrita” y otras canciones cubanas. En esta última gira que hice por EE.UU. incorporé “Dos gardenias”, y el público aplaudió muchísimo, porque me paro y canto a voz y contrabajo y luego en el puente me voy para el piano y hago un solo. También me gusta rapear, porque me gusta el básquet y toda esa cultura afroamericana: el Right and beat, el rap, el hip-hop y toda esa cultura negra que se relaciona tanto con el jazz.

En mis conciertos me puse a rapear en New Orleans y comencé a improvisar, y fue algo que llamó mucho la atención. No me puedo encasillar y tocar solo el jazz complejo; yo no soy así, me gusta la música y escucho obras de Ricardo Montaner, me pongo a escuchar una sinfonía de Beethoven y un disco de Keith Jarret o de Coltrane; pero considero que si eres capaz de llegar de diferentes maneras al público es lo que importa.

En un concierto, a veces, hay jóvenes pero de repente van personas de 40, 50 años, a  quienes les cantas “Dos gardenias” o “Drume negrita” y se encantan contigo y van hasta el final con tu música. Luego, les anuncio que va la parte seria del concierto, me pongo a tocar “Rompiendo el silencio” que es una obra con basamentos históricos de Cuba, y entonces les cuento de qué trata y se meten en tu canal. “Rompiendo el silencio” es un tema denso y me pongo a hacer un solo, toco las cuerdas dentro del piano, y cuando termino de tocar aplauden cantidad.

En el último concierto de los tres que di en EE.UU., me dije: “Voy a tocar algo diferente” e hice “Yolanda”, y sentí mucho silencio y pensé que el público estaba distraído; pero no, estaban tan metidos dentro de la versión que hice en balada, que se pusieron de pie y aplaudieron mucho.

Mi filosofía es que en algunos momentos del concierto tienes que ponerte denso, demostrar tus habilidades, ser virtuoso y en otros comunicarte con el público. Mi principio no es ser denso, pienso que en la actualidad musical en la que vivimos no se puede ser denso y si se toca con un solo de piano, en un concierto de jazz una canción como “Dos gardenias” o un “When I fall in love”, o un “Over the rainbow”, la gente sale diciendo: “¡Yo quiero venir de nuevo!”

Trato de no encasillarme, toco un tema sencillo, o un tema que aparentemente está sencillo, pero con un solo complejo y el público dice: “El solo está difícil pero el tema está lindo”. Voy combinando las dos cosas: el ser denso cuando hay que serlo, pero en otro momento demostrar también que hago otra música, que es bella igual.

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