Convergencia

Caperucita en el bosque

Ivette Vian Altarriba • La Habana, Cuba

“Que Dios no tenga que ausentarse de la casita de mi corazón.
Que en él viva y se quede dormido.
Que entre y salga sin cumplidos como en casa suya”.

Sra. de C.E. Cowman

Hace alrededor de 15 días vivo en una nueva “dirección” (casualmente calle 13, Nro. 513), zona de antigua alcurnia; he comprado a una anciana dulce y triste (con familia disfuncionalmente extendida), de “la piel sufrida”, al parecer antigua “doméstica” de los originales dueños.

Todavía siento temor a los espacios llenos de cajas cerradas; percibo sombras, presencias, abro los clósets esperando encontrarme con “algo”. Ayer creí sentir una voz de hombre que hablaba aquí adentro, palabras que no entendía ―pensé en el esposo y el hijo de la ancianita prieta que, según me contó, murieron en esta casa y ella no quería “aband