Definiendo a los jóvenes jazzistas

Carmen Souto Anido • La Habana, Cuba

Como “jóvenes jazzistas” se entiende una generación que abarca desde jóvenes recién graduados de las escuelas de arte hasta no tan jóvenes, ya consagrados dentro del quehacer mu­sical cubano y que en su formación asume el jazz como vehí­culo esencial de expresión, de reconocimiento e “identidad ar­tística”. Tanto así, que por su fuerte presencia en los escenarios “jazzísticos” de la capital en los últimos años se han dado pis­tas —incluso— de la definición de un “movimiento de jóvenes jazzistas” que agrupa a esta nueva generación de creadores.

Este criterio no propone fronteras definidas o un rango etario fijo; sin embargo, quienes son partícipes de este “movimiento” comparten otros elementos que los cohesionan como gremio: una formación musical sólida, que se enfrentan a la contradic­ción de aprender empíricamente un género entre los muros de la academia; el interés por acercarse al jazz y la música popular en general —a pesar de que no existe dicha especialidad dentro de las escuelas de arte y de valerse de métodos de estudio al­ternativos individuales y colectivos— para apropiarse de los códigos que configuran esos, lo cual potencia una concepción interactiva gremial y la concepción de agrupaciones abiertas, en las que “todos tocan con todos”, sin establecer, en muchos casos, integrantes fijos. A esto se suma el interés por desarro­llar una carrera profesional multifacética, que les permita en­frentar competentemente disímiles áreas de la música cubana contemporánea actual (tanto académica como popular), lo cual implica un autorreconocimiento como “músicos” que se pue­den desdoblar hacia otras áreas de la música cubana, sin re­nunciar a su pertenencia a un gremio con intereses comunes hacia el jazz. Igualmente se destaca por ser una generación que busca hacer cosas nuevas, con referentes que combinan el que­hacer jazzístico nacional con los más destacados representan­tes del género a nivel mundial —lo cual propicia un contexto de préstamos e intercambios en los espacios de creación— y se diferencia de la generación anterior que trascendió internacio­nalmente y que representa la cara del jazz cubano al mundo. Sin embargo, a pesar de tantos elementos comunes, la búsque­da de un lenguaje personal que reconfigura las tradiciones que les anteceden con sus intereses y marcos sonoros de hoy parti­cularizan la creación individual.

Imagen: La Jiribilla

En los últimos años, el quehacer de los jóvenes jazzistas ha alcanzado un importante reconocimiento social, fundamen­talmente impulsado por su cada vez más fuerte participación en los festivales internacionales Jazz Plaza y, en especial, en el concurso JoJazz. Estos espacios no solo han fomentado circuns­tancias favorables para el desarrollo de los noveles exponentes del género, sino que han devenido espacios de reconocimien­to y legitimación —nacional e internacional— para sus parti­cipantes, a la vez que constituyen instrumentos de medición para la creación y la interpretación jazzística, que posterior­mente pasa a otros espacios de la capital. Resulta curioso que este aumento coincide con el hecho de que el público recibe este discurso jazzístico por vías diversas, que abarcan desde temas de presentación y despedida de programas de radio o televisión, spots televisivos para eventos de disímil naturaleza o, sencillamente, como fondo musical dentro de programas de televisión de altos niveles de recepción, todo lo cual redunda en un crecimiento de la audiencia.

Los ensayos recogidos en este libro muestran tanto los in­tereses creativos, interpretativos y de la audiencia en este tipo de creación, como el de los jóvenes investigadores por revisar la creación que les acompaña como generación y que forma parte, en mayor o menor medida, de la banda sonora personal de cada uno de ellos.

(Fragmento de la introducción al libro Jam Sessions. La nueva generación.)

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