Literatura

Sobre Crónica de un mal amigo, de Tabaré Vázquez

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

La Editorial Científico-Técnica  de La Habana acaba de publicar un curioso libro del médico y dirigente político Tabaré Vázquez (Montevideo, 1940), prologado por el investigador y oncólogo cubano Agustín Lage,  cuyo lanzamiento se llevó a cabo en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR).

La curiosidad que atribuyo a los 23 relatos que integran la Crónica de un mal amigo se debe, en primer lugar, a lo difícil que resulta catalogar el género al cual pertenecen, dentro de la narrativa tradicional. Aunque el propio autor señala en las primeras páginas que no se trata de una autobiografía, muchos elementos se refieren a sus orígenes como estudiante de Medicina, a sus primeras prácticas asistenciales, a los cursos de superación recibidos e impartidos dentro y fuera de su país y, además, declara abiertamente que “las experiencias narradas son estrictamente reales”, todo lo cual aporta suficientes argumentos para que el volumen sea considerado, al menos, como un testimonio. Sin embargo, una segunda observación permite descubrir el hábil disfraz con el cual Tabaré Vázquez intenta tomar distancia de su experiencia personal: todos los cuentos, o capítulos, están narrados en tercera persona.

En apariencia, no es el médico especializado en Oncología quien nos cuenta el intenso drama de vidas enfermas, salvadas o no, sino  un observador ajeno que se dedica a husmear las dos partes de dicha tragedia: la consternación de un paciente ante la noticia de su enfermedad, y la responsabilidad ética del galeno que debe batallar ante lo inevitable de la muerte cercana, entre la esperanza y el desasosiego. El sentido profundamente humanista de este narrador logra disimular la parte horripilante del dúo integrado por un condenado y su posible salvador; pero nada aparece de forma explícita, sino a través de reflexiones que van mucho más allá del campo puramente médico. En cada página se trasmite el pensamiento avanzado de alguien que ha superado los conceptos organicistas de la enfermedad, hasta llegar a la comprensión de la importancia crucial que tiene la voluntad política de la sociedad ante la pérdida de la salud en cualquiera de sus variantes. Tal vez, sea este un libro demasiado duro para el público profano, y poco estremecedor para los médicos; lo digo con toda sinceridad porque pertenezco a ambos grupos, pero al mismo tiempo, quiero señalar la tercera peculiaridad de los relatos recogidos en estas crónicas decididamente testimoniales: la belleza del lenguaje.

A pesar de adentrarse en descripciones desgarradoras (para los no médicos) que resultan desdichadamente comunes para el personal de la salud, la elegancia del vocabulario, la evocación de hermosos paisajes, la intensidad de las relaciones humanas, todo dicho con palabras bien escogidas, hacen que este libro trascienda sin importar a cuál género literario pertenece. Un llamado elocuente a dirigir la atención hacia la prevención que logre el equilibrio entre salud y enfermedad, y que alcance la ya reconocida definición entre los médicos de que somos entes biosicosociales y no solo animales inteligentes que ocupamos la cima de la evolución de las especies, es el objetivo más insistente del autor. Esta mezcla entre practicante médico, pensador filosófico e investigador insatisfecho motiva en Tabaré Vázquez la necesidad de hacer públicas sus angustias, lo cual enaltece su calidad humana, más allá de sus altas responsabilidades sociales, y los múltiples reconocimientos científicos de los cuales ha sido merecidamente acreedor.

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