Artes Plásticas

La otra mirada a la luz, un no a la violencia

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Fotos: Cortesía del artista
 

El martes 10 de diciembre quedará abierta al público en la Sala Transitoria del Memorial José Martí, enclavado en la histórica Plaza de la Revolución de La Habana, una exposición personal del pintor Gólgota, titulada La otra mirada a la luz.

Imagen: La Jiribilla
Invitación a la Exposición Personal de Gólgota, La otra mirada a la luz
 

La muestra, que estará abierta hasta el 6 de enero, incluye 11 obras realizadas en óleo sobre lienzo y según dijo Gólgota en entrevista concedida a esta publicación digital, exponer en el Memorial es una “tremenda” responsabilidad.

“En la capital cubana hay muchos tipos de galerías: están las comerciales —que poseen una determinada cobertura y posibilidades técnicas—, las  sociales —que tienen menos condiciones, pero que son importantísimas por el impacto en el público—, y las alternativas —que están ubicadas en centros que no son especializados en artes plásticas; de estas últimas  puedo citar, a modo de ejemplo, El reino de este mundo, de la Biblioteca Nacional José Martí y la Sala Transitoria del Memorial que, como se sabe, está en la base del monumento a nuestro Héroe Nacional.

“Cuando se habla de legitimación —un término que en lo personal no me agrada, pero que se emplea últimamente con frecuencia— se circunscribe, solamente, a las galerías comerciales. Sin embargo, en La Habana contamos con el templo al más grande intelectual cubano, que es el Memorial José Martí. Opino que todo artista que se respete —aunque sea una vez en la vida— debe exponer su obra junto al Maestro?

Imagen: La Jiribilla
Bajando hacia la luz
 

¿Es, entonces, esta muestra, una reverencia al Apóstol?

Es una reverencia y, a la vez, una responsabilidad porque implica exponer en el sitio en que se le rinde culto al intelectual y al hombre social más importante que ha tenido Cuba en todos los tiempos. Esta es la segunda ocasión en que expongo en ese lugar y, sinceramente, me siento muy feliz porque es una galería sobria, elegante y, sobre todo, muy de pintura: ahí no se puede exponer cualquier cosa. Es, también, una especie de puerta de entrada a Cuba; siento que es como si Martí te presentara al mundo —por ese lugar acceden al edificio presidentes, embajadores, ministros y visitantes de todo el planeta.

¿Por qué La otra mirada a la luz?

Durante mucho tiempo he trabajado el tema del hombre y su drama social y personal y he transitado por los mundos del arte —como el ballet y la música—, que son muy oníricos. En una ocasión, tuve acceso a un documental de la realizadora cubana Lizette Vila que tocaba el tema de la violencia contra la mujer y observé, detenidamente, el testimonio de varias de ellas que narran su vida y, sinceramente, quedé espantado.

Primero, porque siempre he considerado a la mujer como una compañera, como alguien igual y que merece todo el respeto: lo que más admiro de una mujer es que sea admirable y, de repente, me enfrento a las terribles historias personales de esas mujeres. En ese momento es que tomo verdadera conciencia de que eso ocurre en Cuba y que, en nuestro país, se está desarrollando una campaña contra ese mal que, creo debe ser permanente y sistemática.

Imagen: La Jiribilla
El pelo suelto
 

La violencia contra la mujer no solo se evidencia de manera física; hay muchos tipos de violencia…

De hecho, mi exposición se llama La otra mirada a la luz porque existe una violencia más sutil e, incluso, muchas personas participan de ella sin darse cuenta. Un ejemplo, que es el más inocuo: cuando una mujer se va a referir a su pareja dice “mi marido” o “mi esposo” y eso suena como a subordinación. Sin embargo, cuando el hombre habla de su compañera dice “mi mujer”, que es como una propiedad. Ninguna mujer, al menos en Cuba, dice “mi hombre”.

Imagen: La Jiribilla
En la escalera
 

También está el tema de la pérdida de la virginidad en la adolescencia que en la mayoría de los casos, increíblemente, no es ese sueño placentero con pétalos de rosa flotando en una bañera. Nada de eso. La mayor parte de las veces es un engaño o por el consumo de alguna droga —como el alcohol— o peor; en ocasiones, es la condicionante de “dame una prueba de tu amor” y eso no es amor sino sumisión. Esta exposición pretende mostrar pasajes de vidas de mujeres violentadas, y lo hago como es mi forma de trabajar; es decir, con personas reales.

Hay un cuadro que se titula “La rebelión de Eva” que es el que preside la exposición que expresa ese ¡basta ya! de las mujeres; es una manifestación de mujeres que viene en son de rebeldía por su aspiración a la no violencia y te reclama. Está el otro cuadro, el que da título a la exposición y la cierra, que es un niño pequeño que corre hacia la luz y es como el happy end que a mí me gustaría: que ese niño encamine sus pasos hacia un futuro sin violencia de género que, ojalá, no esté muy lejano.

Imagen: La Jiribilla
La revelion de eva
 

En su obra anterior, la paleta siempre ha sido muy sobria y, quizá, hasta oscura; ¿los cuadros que conforman la exposición dan continuidad a esa estética?

Esta exposición tiene algo que, creo, es interesante: mi obra va hacia lo blanco. Hasta el momento, el personaje central de cada pieza está metido en un cajón de sombras y establece un diálogo entre ese personaje y el espectador. En esta muestra hay piezas en las que uno se percata de que el espacio se ha abierto, o sea, no es solamente la persona sino su relación con el entorno porque me doy cuenta que es muy importante el contexto.

Hay una pieza que ilustra lo que digo y que se llama “Bajando hacia la luz”. Representa una persona que va descendiendo una escalera y se encuentra con una niña, sentada, que te cuestiona; es un cuadro absolutamente claro en el que predomina el azul y el amarillo. Está, también, “Paisaje interior” que es una muchacha —que pertenece a la escuela en la que trabajo como profesor— pintando, y el espacio en que se mueve es blanco porque ella está dibujando su mundo interior, que es de violencia.

¿Ese giro en la paleta es algo puntual o se convertirá en permanente? 

No te puedo responder. Ahora mismo estoy terminando una pieza —porque no voy a dejar de abordar el tema— de una mujer que no se ve, que es borrosa a la vista del hombre; ella está a la sombra, pero a su lado hay una puerta abierta que accede al exterior. Quizá, no sea un cambio definitivo porque la luz, que es lo que más me interesa trabajar, donde mejor se aprecia es en la sombra. Ese es el gran mensaje: la violencia ocurre diariamente y a la luz del día. En esta exposición la luz es la protagonista porque es esperanza.

Imagen: La Jiribilla
En el alma del cristal soy
 

¿Otro proyecto entre manos?

Quiero hacer una serie sobre las personas que viven en la calle; pero aún no tengo idea de cómo lo voy a abordar. En mi trabajo siempre se puede identificar a las personas representadas, pero no son retratos sino reflejos de la época, o del lugar, o del tipo de gente. Esta idea la tengo en la mente desde hace varios años. La otra serie, que me encantaría materializar, es sobre los próceres de nuestra patria y sueño con crear, algún día, un Gabinete de Retratos. Recuerdo cuando era niño y me llevaban a la Logia Masónica de Cuba, allí estaban los Grandes Maestros retratados. Eso podría hacerse en la Universidad de La Habana con los rectores, o en el Colegio de San Gerónimo de La Habana, o en la Academia de Artes de San Alejandro. Es un proyecto que considero necesario, posible y de verdadero alcance histórico-cultural.

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