Manuel Galich: su centenario

Marta Rojas • La Habana, Cuba

Manuel Galich cumpliría un siglo el 30 de noviembre de este año. Llegó a Cuba como un intelectual, un teatrista de fama. Así lo conocieron, en su mayoría, los cubanos; pero con él venía una larga historia de lucha revolucionaria en Guatemala.

Cuando sesionó el Congreso de Cultura, celebrado en La Habana en 1962, Galich acababa de recibir el Primer Premio de Teatro en el segundo Concurso Literario Hispanoamericano convocado por la Casa de las Américas, con El pescado indigesto, obra en la que tomó como fondo la Roma del siglo I A.N.E., para hacer un paralelo entre las repúblicas latinoamericanas y la demagogia y la corrupción imperante en aquella época, salvo escasas excepciones.

Al año siguiente, ya estaba establecido en nuestro país, laborando en la Casa donde, de inmediato, se distinguió por fundar espacios, principalmente relacionados con el Teatro.

Uno de sus proyectos, convertido en una realidad cultural insoslayable, fue sui-géneris, pues se desarrolló desde Casa de las Américas: aunaba a los latinoamericanos residentes en Cuba para involucrarlos, de manera entusiasta y, en muchos casos permanente, en la vida cultural de nuestro país. Galich participó en el Congreso, y de ese contacto devino un estambre de relaciones culturales en toda América Latina entre la vanguardia intelectual, destacándose entre otras agrupaciones: el Instituto Argentino-Cubano, la Asociación de Colombianos, la Unión de Mexicanos, la Unión de Puertorriqueños, la Asociación de Chilenos, la Unión de Dominicanos... Ese fue su primer motor de unificación o convergencia en este país; sin abandonar su obra literaria y política latinoamericanista, personal.

El Festival de Teatro Latinoamericano, auspiciado por la Casa, fue uno de sus más caros eventos, y por esa vía se desarrolló en nuestro país la primera Muestra de Arte Teatral Latinoamericano, con una espléndida exposición en la cual había bocetos de escenografía, diseños de vestuarios, fotografías de escenas de las obras, hasta ese momento, más importantes de América Latina; además de la celebración de un Fórum de Teatro de nuestra región.

Manuel Galich fue más que un director dentro del departamento de Teatro de la Casa de las Américas; fue uno de los intelectuales de América Latina que con mayor voluntad y entusiasmo llevó a cabo, a lo largo de los 20 años que vivió en La Habana como exiliado político, las ideas y proyectos de Haydée Santamaría, fundadora de la institución, junto con Ezequiel Martínez Estrada y Mario Benedetti entre los señeros.

La obra teatral difundida de Manuel Galich López se remonta desde 1933 hasta 1944, etapa en la cual estrenó las comedias Papá-Natas, Gente decente, Entre paredes y De lo vivo a lo pintado.  Justo en 1944, participó activamente, como estudiante, en el movimiento revolucionario que derrocó a las dictaduras sucesivas en Guatemala, de Jorge Ubico y Federico Ponce. Las puertas del accionar como hombre de gobierno revolucionario irrumpió con el liderazgo de Juan José Arévalo y del gran latinoamericanista y creador de uno de los cambios más valientes de Centroamérica en aquellos años, Jacobo Arbenz, derrocado por una sangrienta invasión organizada y dirigida por el gobierno de los EE.UU. Aquel hecho sorprendió a Galich en Argentina, como embajador de su país en Buenos Aires, cargo al cual renunció de inmediato, convirtiéndose en un exiliado político.

Sus labores en la política activa, revolucionaria, no cerraron en ningún momento la creación literaria, sobre todo en el Teatro. Son muchos los títulos de las obras creadas, en medio del apogeo revolucionario, sirviendo a su país y los tiempos dramáticos tras el derrocamiento de Arbenz.

Algunos de los títulos de esa etapa son: Ida y vuelta (1948), y a partir de los años 50: El tren amarillo y La trata. Sumada a esas y otras piezas teatrales aparecen como textos fundamentales, en ensayo: Del pánico al ataque y Por qué lucha Guatemala, lectura imprescindible sobre todo en el momento de su publicación.

Tampoco Manuel Galich dejó de ser, en Cuba, el lúcido profesor de Literatura que ejerció en otro momento, ni se puede desconocer el aliento pedagógico que le insufló a su país en tiempos de Jacobo Arbens. Fue ministro de Educación Pública y ministro de Relaciones Exteriores. La Universidad de La Habana contó con él en su claustro

Galich, como lo llamaban simplemente en Cuba, murió aquí el 31 de agosto de 1984. Fue vicepresidente de la Casa de las Américas y fundó la revista teatral Conjunto. Por demás, escribió un ensayo que podría ser libro de texto o consulta para estudiantes y jóvenes profesores y periodistas: Mapa hablado de la América Latina en el año del Moncada, publicado en 1973 por ediciones Casa. Disección analítica de los países de América Latina en la década del 50 del siglo XX.

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