La isla del día después, metáfora
de lo inalcanzable

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del artista
 

Una de las exposiciones que forman parte de la presente edición del Festival de Cine es La isla del día después del reconocido pintor Luis Enrique Camejo, que incluye un total de dieciocho piezas —once acuarelas de gran formato y siete más pequeñas, que son como ensayos o bocetos— y se exhibe en la galería Servando Cabrera, ubicada en  23 y 10, en el Vedado capitalino.

Imagen: La Jiribilla

En conversación con La Jiribilla Camejo, quien expuso en el 2011 durante la edición 33 del Festival de Cine una muestra titulada Montaje, reveló que la idea de La isla del día después nació de una conversación sostenida con Alfredo Guevara, quien le contó que cuando era niño desde el balcón de su casa —próxima a la entrada de la bahía de La Habana—, observó una inundación que arrastraba varias pamelas, propiedad de una vecina que, se decía, era amante del entonces presidente de República.

“Esa imagen se me quedó en la mente y le hice una obra que titulé Inundación con pamela que es una imagen del prado habanero inundado con muchas pamelas y él quedó asombrado de cómo capté ese momento a través de una conversación. La isla del día después tiene mucho que ver con esa idea.

En los últimos tiempos está trabajando en formatos muy grandes —recuerdo los dípticos que presentó en la Bienal de La Habana y una reciente exposición en Miami-, ¿cómo se mueve en esas dimensiones y las alterna con las más pequeñas?

El tamaño es importante en mi trabajo porque es representar casi a escala real y cuando uno se sienta frente a la obra es como estar mirando a través de una ventana. Una singularidad de esta muestra es que expongo acuarelas de gran formato, algo que no he mostrado muchas veces. La mayoría de las acuarelas son de un metro por 1,50 y hay una que es un poco más grade (1,15 x 2 metros). Las demás son más pequeñas y constituyen estudios de obra; son, por ejemplo, ensayos de cómo la ola rompe sobre el muro del malecón y los incluyo porque considero que son una manera de enriquecer visualmente la idea.

Y también es una forma de mostrar el proceso de trabajo.

Eso es lo más importante de mi trabajo; es como un homenaje a la propia pintura a partir de su proceso.

La acuarela es una de las especialidades más difíciles y no muchos artistas se dedican a ella. Esta exposición está realizada sobre papel Arche.

Arche es una marca de papel francés de mucha calidad: posee 350 gramos, no tiene hierro ni ácido y eso garantiza que con el paso del tiempo no se ponga amarillo y no permite que proliferen los hongos porque tiene un preservo contra ellos. Además tiene una forma de prensado que facilita que la acuarela fluya sobre el papel. El Arche se hace, especialmente, para acuarelas.

Cuando enfrenta el óleo, sé que lo hace con grandes brochas y cubetas para mezclar el color, ¿cómo es el proceso en el caso de la acuarela que supongo es más delicada y difícil?

Creo que mis óleos están influenciados por la acuarela porque, como ya dijiste, es una técnica difícil y obliga al artista a estar muy concentrado y seguro de lo que va a hacer. La tela te brinda la oportunidad de arreglar o de quitar, pero la acuarela no porque el blanco no se utiliza ya que está dado por el propio papel, entonces, uno tiene que saber por dónde van las cosas antes de hacerlas.

Me sucede con frecuencia que estoy varios días yendo al estudio y mirando el papel sin hacer nada porque estoy estudiando hasta que llega el momento en que me suelto y lo hago. Repito: mi pintura está muy influenciada por la acuarela, en el sentido de utilizar la pintura como líquido más que como pigmento, como pasta. No empleo una paleta si no palanganas en las que mezclo para encontrar el color y luego le aplico las cantidades de disolventes, y más que pintar es como depositar el color sobre la tela, también aprovechando los accidentes que van surgiendo en el camino de la creación.

Imagen: La Jiribilla

Insisto, ¿en la acuarela también usa la brocha grande?

Sí, la brocha gorda. Lo que sucede es que no improviso sobre el papel y sé perfectamente los lugares que voy a dejar en blanco y los que no. A veces, cuando la obra tiene mucho detalle, hago algunas líneas con un grafito especial que se disuelve en el agua y que se integra al efecto final.

¿Esta muestra se basa, como lo hace habitualmente, en fotografías que toma?

Parte de fotos, pero en esta ocasión están más manipuladas que otras veces. Hasta ahora mi trabajo se ha basado en la ciudad observada de adentro hacia afuera y en esta oportunidad es al revés; es la ciudad siendo observada de afuera hacia adentro.

La isla del día después es, creo, un guiño a la obra de Umberto Eco. 

El título viene de una novela del año 1994 de Umberto Eco que se titula La isla del día de antes; es un texto que leí hace años y que ahora volví a releer y siempre me llamó la atención. Un individuo naufraga y está frente a una isla a la que nunca puede llegar: es como la isla de lo imaginario. Él empieza a escribir cartas y a partir de ellas se conforma la novela. Tiene que ver con lo que pudo haber sucedido y lo que no. La exposición no está basada en la novela de Eco, pero sí tiene que ver con la mirada desde el distanciamiento, de lo inalcanzable, del final. Es una visión un poco idealizada y hasta romántica del fin.

Las piezas que conforman la exposición son estremecedoras. 

No me gusta disertar sobre mi trabajo porque creo que habla por sí solo y cada quien puede pensar o interpretar lo que quiera. Más que algo evidente, creo que esta exposición tiene un lenguaje muy metafórico; pudiera ser un desastre natural —hoy vivimos un momento en que el hombre está constantemente pensando que las islas van a desaparecer porque el nivel del mar va a subir—, pero, más que un momento meteorológico o ecológico, lo interpreto como un momento espiritual.

Este tema lo vengo tratando desde la Bienal de La Habana en la que presenté la pieza Vacío que toca tópicos muy parecidos a estos: es la idea de suponernos un minuto la ciudad sin gentes. Las metrópolis siempre están recargadas de personas y es difícil imaginárselas sin nadie. Es una manera de reflexionar hasta qué punto el hombre es el protagonista y sin la visión humana ¿qué sucedería? Ese distanciamiento, esa extrañeza, ese juego con la posibilidad y la imposibilidad. En torno a ese juego se mueve el trabajo.

Imagen: La Jiribilla

¿Planes?

Estoy trabajando una serie grande —posteriormente se convertirá en libro— que tiene que ver con ciudades del mundo. Son 30 piezas y es el formato más grande que he abordado hasta el momento; son ciudades que he visitado y he ido haciendo mi registro fotográfico y también emocional: Mónaco, Nueva York, Madrid, París, Sevilla, Hong Kong, Londres y, por supuesto, La Habana, entre otras, estarán representadas y cada una con un color diferente.

También durante el primer trimestre de 2014, realizaré una exposición retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá para el que estamos trabajando hace más de dos años e incluirá obras de distintos y significativos momentos  de mi carrera.

Igualmente estoy trabajando una serie realizada a base de tinta china con una técnica que aprendí cuando visité ese país y que voy a mostrar en Suiza; para el 2015  exhibiré un proyecto completo de acuarelas y, aunque no quiero adelantar al respecto, estoy haciendo un bronce. Por primera vez me lancé al mundo de la escultura y estoy fascinado.

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