Latinoamérica…en perspectiva
de Festival

Frank Padrón • La Habana, Cuba

La 35 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (FINCL) tuvo, entre otros reajustes, una  mayor diversificación y ampliación de las secciones no competitivas; desapareció Hecho en Cuba pero en su defecto se ensancharon los horizontes al incluir los también antiguos Panorama Latinoamericano y Muestra documental, en capítulos mucho mejor delineados y conformados según perfiles y temáticas.

Entonces, hallamos este año dentro de ese amplio registro, acápites como A sala llena, Historias de violencia, Éxodos, Ciudades y otros paisajes, Memoria, Los colores de la diversidad, Cuestión de fe, ¡Música, cámara, acción!, Cinemateca Latinoamericana, Vanguardia, Para todas las edades y A medianoche, cuyos títulos definen per se, o al menos sugieren, lo que podemos encontrar en ellos.

Tal restructuración implicó mejor y más riguroso criterio de selección y ubicación, facilitando a participantes locales y foráneos una brújula donde encontrar muchos de sus intereses, a la vez que integra a nuestros realizadores a la gran patria “nuestramericana”.

Imposible abarcar siquiera un tercio de lo mucho que hallamos en esta amplia y variopinta Perspectiva…, pero a manera de muestra comentaremos algunos títulos.

Arte y tradición, trae notables acercamientos a figuras cumbres del arte cubano, entre ellas, la coreógrafa Rosario Cárdenas, Premio Nacional de Danza; su ballet María Viván sirve de punto de partida a un reciente documental homónimo al texto literario de referencia (Tuya para siempre, de Virgilio Piñera) el cual dirigió Pablo Massip. El filme basado en la obra danzaria de Rosario no es la recreación exacta de aquella, si bien no pocos fragmentos lo informan: criterios y comentarios de expertos sobre su trabajo, y de la propia coreógrafa y directora de Danza Combinatoria también aparecen de manera orgánica, lo cual acusa un inteligente montaje. La fotografía se luce como eficaz recurso expresivo al combinar el blanco y negro (los entrevistados) con el color para la obra, mientras la música (tanto la incidental como la del ballet) se suma con gracia y fuerza.

Dentro de la misma sección hallamos otros seres extraordinarios e inspiradores, como  el campesino-artista que protagoniza el documental Quijote, del colombiano Juan Pablo Ríos. Se trata de Jairo William Gutiérrez,  cincuentón que alterna sus labores en el campo con el teatro, en el que lo sigue una familia armónica y compenetrada, mediante su proyecto Los Hijos de la Montaña. El director logra insertar al hombre en un contexto donde la tierra (ese eslabón esencial en la cadena de la vida en Colombia y por extensión, toda Latinoamérica) exhibe su condición de energía primigenia, de vitalidad y soplo esperanzador, lo cual semantiza una fotografía (Alexander Restrepo) que la proyecta en todo su protagonismo y belleza; compromiso con una estética de los desposeídos, voz de los humildes en contra de una globalización excluyente, este Alonso Quijano moderno establece sobre todo una militancia con la justicia y la movilización de ideas mediante un teatro de honda raíz popular, algo que el filme explora y explota a conciencia y plenitud. Quizá le sobren algunas escenas de representaciones, que alargan innecesariamente el metraje, pero estamos, nadie lo dude, ante una de las propuestas de mayor vuelo y solidez conceptual en el documentalismo de la región.

La camioneta (del segmento Éxodos) es un documental coproducido entre Guatemala y Estados Unidos que dirigió Mark Kendall, y narra el largo y tortuosos camino de  autobuses escolares que viajan del Norte al país    centroamericano para aliviar el transporte obrero; sin embargo, generan crímenes y violencia al por mayor. Es una apasionante historia, digna de un policial, que se malogra, sin embargo, por la torpeza narrativa, la ausencia de elipsis y las reiteraciones innecesarias, defectos que lastran mucho el género en Latinoamérica, pletórico de apasionantes temas que no llegan a feliz término por esos y otros errores de realización.

El acápite Cinemateca Latinoamericana propone varios documentales sobre sendas figuras del Nuevo cine en la región que por nada del mundo deben perderse quienes siguen la historia, los rumbos, los hitos de aquel: Fernando Birri, el utópico andante , del también argentino Humberto Ríos; A arte do renascimiento, dirigido por Noilton Nunes, en torno a la voluntad de su coterráneo  Silvio Tendler  , gran documentalista que devino tetrapléjico en 2011; el acercamiento en dos partes de nuestro paisano Rigoberto López a su colega haitiano Arnold Antonin , el que emprende otro cubano (Boris Luis González) sobre valores perdidos en el cine y la sociedad según el punto de vista de Enrique Pineda Barnet en El espejo, Carlos Barba dando seguimiento y continuidad a sus estudios fílmicos sobre Humberto Solás o Raydel R. Araoz y Julio Ramos en torno a un documentalista “maldito” (Retornar a la Habana con Guillén Landrián), son algunos de ellos.

La ficción no se queda detrás. Por ejemplo, A sala llena no es un nombre gratuito. En ese capítulo se agrupan filmes espectaculares, de esos que gozan del favor mayoritario, y que también realiza el cine del área. Entre ellos, Tráiganme la cabeza de la mujer metralleta, del chileno Ernesto Díaz Espinoza, un artesano de ese tipo de cine sugerido desde sus rimbombantes títulos; fenme fatal de gatillo tan caliente como preciso, la protagonista es procurada por una banda de mafiosos que usan como cebo un ingenuo DJ.

Desde una perspectiva tarantinesca, el director y guionista intenta, como es habitual en su cine, una parodia del “cine de género”, en la que funciona la dinámica narrativa y más de un recurso dramático (como las valoraciones monetarias de los gánsteres reflejados en pantalla o el naturalismo gore de tantas escenas) pero a la que falta la sutileza, la gracia corrosiva y la rotundez del maestro que plantó, con Pulp Fiction y Reservoir Dogs, entre otras, todo un canon.

Los colores de la diversidad sugieren todo lo relacionado con el otro, sujetos quizá preteridos o mal enfocados hasta ahora y que estos realizadores ayudan a reivindicar.

Digamos, Mujeres…entre el cielo y la tierra (2013), de Ingrid León, es acaso el primer texto fílmico que con enjundia y conocimiento de causa presenta el tema del lesbianismo en Cuba de modo frontal y abierto. 

La joven cineasta, hija de la veterana documentalista Lisette Vila, se acerca en 33 minutos a las peculiaridades de esta identidad erótica al entrevistar a mujeres de distintas extracciones sociales, profesiones y niveles culturales; entre el testimonio personal y las consideraciones generales (también en su connotación “de género”) las abordadas van armando un mapa que apunta a varios factores: discriminación, lesbofobia, violencia (familiar, social…) y mucha frustración, que el arrojo y la voluntad de muchas de ellas han logrado revertir hacia vidas plenas y realizadas.

Entre elocuentes pinturas de artistas que trabajan la temática femenina (Zaida del Río y otros), canciones que fungen como complementarios paratextos, elegidas por la también musicalizadora Lisette Vila (directora general del filme), Mujeres… es no solo un necesario acercamiento a un tema que lo exigía a gritos, sino un documental notablemente resuelto en sus aspectos morfológicos y conceptuales.

Por último, Noticiero ICAIC Latinoamericano se acerca a ese clásico que durante 30 años acompañó las proyecciones en los cines cubanos, fundado y dirigido por Santiago Álvarez.

En varios programas temáticos se reúnen grupos de ediciones digitalizadas que han salvado de la corrupción y el olvido esos materiales invaluables para la historia de la revolución cubana y más allá, los rumbos del Tercer Mundo. 

Así, hallaremos también esos pequeños filmes que, si no clasificaron para la competencia por una razón u otra, detentan valores, en La hora del corto; En sociedad propone miradas a comunidades, intersecciones entre lo privado y lo público, mientras Memoria lanza miradas a los procesos históricos del subcontinente: sus héroes, sus movimientos, sus luchas…

De modo que Latinoamérica en perspectiva es una de las secciones imprescindibles del Festival que a partir de esta 35 edición, esperemos continúe brindando, junto con Otras latitudes (donde se agrupan muestras y panorama internacional), un verdadero mapa del cine en el mundo entero, filmes que no aspiran a coral alguno, pero sí a recibir la visita curiosa del espectador, de aquí y allá, interesado en dialogar con sus propuestas.

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