Bocaccerías, de La Habana y de Sotto

Alejandro Ruiz Chang • La Habana, Cuba

Bocaccerías habaneras, el último filme de Arturo Sotto ya está dando de qué hablar en toda La Habana. Su estreno, como parte del apartado de cintas de ficción del 35 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, significó la vuelta a la gran pantalla del cineasta cubano, luego de seis años sin estrenar una obra. Estas Bocaccerías… son una adaptación muy personal de Sotto, quien también funge como guionista. Además, formaron parte en un inicio de un proyecto, compuesto por varios directores de cine, que estaría basado en tres cuentos de El Decamerón de Giovanni Bocaccio.   

Imagen: La Jiribilla

El director de Amor vertical (1997) ha trascendido para muchos con esta propuesta debido a que incursiona por vez primera en el género comedia con este largometraje de ficción. A propósito de esto, el director comentó: “yo insisto en la palabra divertimento porque cuando empecé a releer El Decamerón, como quien lo lee por primera vez, para encontrar algún cuento que me pareciera interesante trasladarlo a la realidad cubana, me di cuenta que es un libro casi ingenuo para como está el mundo. Cuando lo leemos en la adolescencia parece un libro irreverente, pero hoy día me costaba trabajo encontrar las historias que pudieran tener una traslación. Ahí fue cuando empecé a divertirme con el libro, simplemente hacia pequeñas sinopsis de los sucesos buscando más que nada la semilla que me inspirara para escribir un nuevo cuento”.

A la hora de la puesta en escena el equipo asumió ciertos riesgos de los cuales pudiéramos desprender esta insistencia del director en el divertimento. El primer cuento está hecho con cámara fija, en el segundo la cámara está en mano todo el tiempo y el tercero es completamente con dolly. Como una espada de Damocles pendían estas tres pautas fotográficas, que podían funcionar o revertir completamente el triunfo del filme. Sotto tomó el riesgo y asumió la diversión confiando en su equipo y en su obsesión extrema por el trabajo en el cine.

“La palabra divertimento para mí no pierde trascendencia -agrega Arturo-. Yo trabajo con mucho rigor, soy extremadamente obsesivo con el trabajo y lo sabe todo mi equipo. Entonces, la trascendencia puede estar en la propia obra, en el trazado de los personajes que están ahí. Intentamos acercarnos un poco al retrato de personajes que existen hoy en esta ciudad; y en ese sentido sí aspiraba, no a una trascendencia, nunca aspiro a eso, sino a ser ético, tener una honestidad artística con lo que hago, primero que todo, y luego hacer buen cine que es lo que hace falta”.  

Imagen: La Jiribilla

La película está compuesta por tres relatos que tienen como epicentro el cuarto de un escritor que sufre una crisis creativa y paga por las historias que vienen a contarle, según su calidad. El primer cuento es de la autoría del cineasta, en el segundo alega “haber extraído solamente la semillita de Bocaccio, la historia de un baúl que se lo roban y a partir de ahí creé una historia”. Y el tercero, se presenta como el más cercano al texto original, variando un poco la estructura y algunos personajes.

Razones varias hacen concurrir a los personajes a un mismo lugar, haciendo de la cinta una mezcla de sucesos singulares, repletos de sensualidad, desenfado e irreverencia. Así vemos reunidos a noveles y grandes figuras de la actuación cubana. Se dan los encuentros de Luis Alberto García, Mario Guerra, Omar Franco y Zulema Cruz, junto a los jóvenes Raúl Lora, Yaddier Fernández, Raúl Bravo y Claudia Álvarez, entre otros. El director asegura no hacer distinciones entre ellos pues en el set los trata a todos con el mismo rigor, todos son actores que están frente a la cámara y todos son iguales, sin importar el grado de experiencia de cada uno.

Al respecto afirma que “fue uno de los trabajos más difíciles. Empezamos con el proceso de casting incluso antes de tener el financiamiento para la película. Era muy importante la selección de los actores por los estereotipos ya que esto es una comedia y no había tiempo en pantalla para que los actores pudieran construir un personaje a partir de determinados rasgos psicológicos. Era necesario que el espectador supiera rápido por dónde iría la historia y quién era cada personaje.  

Yo estoy contento con todos los actores. Algunos nunca han hecho cine y otros son personas que no tienen que ver con la actuación, amigos, y yo estoy muy satisfecho con la labor de todos. Es importante decir también que quería refrescar mucho la imagen para que la gente fuera al cine y no tuviera preconcebida ciertas cosas. Los actores son el alma de esta película”.   

Arturo Sotto estuvo acompañado en la dirección de fotografía por Alejandro Pérez, reconocido también por sus experiencias como director. Además forman parte del staff Francisco Álvarez (dirección de producción), Carlos Urdanivia (dirección de arte), Andrés Levin (música), Diego Figueroa (sonido), Vladimir Cuenca (diseño de vestuario) y Alejandro Valera (edición), entre otros.

El tema de definir el género es puntual para el realizador puesto que las películas antes realizadas por él provocan risa, pero no están pensadas como comedias, sino como historias dramáticas o tragicomedias. El elemento trágico en la cinematografía cubana es importante porque mientras más acentuado más comicidad tiene para el público nacional, quizá por aquello, tan llevado y traído, de que nos reímos de nuestros propios problemas.

Algunos críticos han visto en la cinta, debido al propio género y estilo presentes, la presencia de cierta ruptura en la trayectoria del director; él, por su parte, asegura no tener proyectada dicha ruptura. “Nosotros hacemos el cine que podemos hacer, o sea, el cine que encuentre financiamiento para hacerse. Yo llevo más de diez años buscando dinero para una película que no he hecho, tengo otra más en busca de financiamiento, pero salió esta. La visibilidad de nuestra obra está en dependencia del cine que se pueda hacer. Si alguien me ataca de populista, yo no me puedo defender con los guiones que tengo en la gaveta porque no son películas todavía, lo hago con las que tengo realizadas. Tengo muchos proyectos aún por hacer”.

En definitiva, Arturo logró con estas Bocaccerías… muy suyas, lo que quiso. Su comedia hizo y hará reír mucho a los cubanos. Nos veremos dentro de las historias, cada uno a su manera, y más allá de transportarnos a la Edad Media, nos mantendremos en esta realidad, de un modo crítico y directo. Eso sí, el humor está salpicado de una finura que llega a ser mágica, y aunque pareciera que el chiste fácil, tan recurrente en la cinematografía cubana de los últimos tiempos, se apropia de la película, la solidez del guión de Sotto se sobrepondrá a los vicios. Algo a lo que ya nos tiene acostumbrados.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato