El relieve fílmico más visible

Joel del Río • La Habana, Cuba

Con algún adelanto a la entrega oficial de premios, requerimos un panorama sobre lo más distinguido, o premiable, en esta edición número 35 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que ha vuelto a ser una fiesta, pasada por agua, cada vez con menos cines, y nada del agradable invierno cubano que le permitía a los espectadores desengavetar bufandas y suéteres.

Como se ha dicho, México y Chile deben acaparar los Corales más relevantes en las competencias de ficción, tanto la principal como la de óperas primas, sin es que algún filme venezolano no les arruina el consenso. Pienso que nuestros jurados seguramente cederán a la tentación de seguir las huellas de Steven Spielberg, presidente del areópago en  Cannes pasado, y le otorgarán a Heli, y a su director Amat Escalante, algunos de los reconocimientos más altos. Y conste que tal declaración del jurado nuestro se desligaría de toda voluntad imitativa respecto a los europeos, porque la decisión se sustenta en un acto de justicia manifiesta en tanto se trata de una película que compone un magistral retrato de la violencia enraizada en el país azteca. Heli es cine del más alto nivel y La Habana deberá reconocerlo, porque tampoco se trata, digo yo, de tratar de ser originales a ultranza.

En segunda instancia, habría que reconocer también, casi por obligación, Club Sandwich, de Fernando Eimbcke, uno de los cineastas profetas en América Latina de una cine observacional, que suele trabajar con actores adolescentes no profesionales (Temporada de patos, Lake Tahoe) y es capaz de convertir cualquier producción “pequeña e íntima” en un soberbio ejercicio de dominio del minimalismo cinematográfico.  Y quedaría por ver, respecto a México, cómo decide el jurado de ópera prima, la comparación entre dos producciones valiosas, pero absolutamente divergentes en cuanto a temática y estilo, como La jaula de oro, de Diego Quemada-Diez y Los insólitos peces gato, de Claudia Sainte-Luce.

Pero en el apartado de óperas primas tal vez el impacto mexicano se atenúe debido a los méritos, también evidentes, de la película retro brasileña Tatuaje (Hilton Lacerda), de la chilena Las analfabetas (Moisés Sepúlveda) y ¿por qué no? de sendas odas a la paternidad como lo son la uruguaya Tanta agua, codirigida por Ana Guevara Pose y Leticia Jorge Romero, y la venezolana Azul y no tan rosa, de Miguel Ferrari.  Cualquiera de estas cinco producciones puede ser considerada entre las mejores de la competencia de debutantes, independientemente de que es casi imposible prever, y mucho menos coincidir, con el ordenamiento de las preferencias del jurado.

Claro que debemos retornar a la competencia principal de largometrajes de ficción, porque en los párrafos anteriores tampoco se mencionan los títulos que pueden acaparar algunos Corales en las especialidades. En ese acápite clasifica Gloria, de Sebastián Lelio, que merecería, por lo menos, el premio a la mejor actriz femenina. Otros renglones, como el guión, la fotografía, la edición, la música, etcétera puede ser que se repartan entre las mexicanas Heli y Club Sandwich, la venezolana Pelo malo y las argentinas Wakolda y La Reconstrucción. Por supuesto que jamás se descartan las sorpresas de última hora, títulos cuyos méritos escaparon a nuestros ojos y que los especialistas encargados de juzgar son capaces de destacar y potenciar.

Si en el primer párrafo hice alusión a que Venezuela es casi seguro que le arruine el liderazgo total en los Corales a mexicanos y chilenos, los más enterados saben me refería a Pelo malo, de Mariana Rondón, una de las más elocuentes historias sobre la imposibilidad de ser uno mismo, y crecer como uno quiera, en países marcados por la homofobia galopante, el machismo violento, el mal gusto de la cultura masiva, y los modos conductuales restrictivos.

En casi todos los festivales que se ha presentado Pelo malo, el público, la prensa y los especialistas se dejan enamorar por esta película al mismo tiempo conmovedora y pavorosa. La Habana no debe marcar la excepción. Quizás la manera salomónica de resolver un reconocimiento digno, tanto para Heli como para Pelo malo, sería conferirle a la primera el Premio Especial del Jurado (en su condición de película arriesgada, difícil, dura) y reservar para la venezolana el Primer Coral. El ordenamiento de segundos y terceros corales se resolvería con los títulos aquí mencionados. Pero este es solo mi criterio. En unas horas conoceremos la opinión de los jurados.

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