Diego Peretti:

“Aquí la gente vive el cine con una pasión monumental”

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

No resulta extraño imaginar al actor argentino Diego Peretti en el rol de galeno. Quizás algunos realizadores vean en él a aquel joven graduado de medicina en la especialidad de psiquiatría que abandonó su residencia para dedicarse a la actuación, o aprecien ese aire reflexivo que deja entrever en su plática.

Este médico-actor se encuentra por primera vez en Cuba, participando en la 35 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en la categoría Largos de Ficción, con dos personajes bien ajenos a la medicina: Enzo y Eduardo. El primero pertenece al filme Wakolda, de Lucía Puenzo, y el segundo a La reconstrucción, de Juan Taratuto, realizador con el cual trabajó anteriormente en No sos vos, soy yo (2004) y ¿Quién dice que es fácil? (2006).

Si bien Peretti cuenta con una extensa y fructífera trayectoria en el teatro y la televisión, se confiesa un hombre de cine por la dinámica y el tiempo de este lenguaje audiovisual. No tiene preferencia por ningún tipo de personaje en particular; su gran criterio a la hora de asumir una propuesta es la calidad de la escritura y composición del guión.

Imagen: La Jiribilla

Estos valores resaltan en Wakolda, nominada a la precandidatura al Oscar (2014) como mejor película extranjera y concursante además en los Premios Goya (2014) en la categoría de Mejor película iberoamericana.

Sobre su personaje y la experiencia profesional de ser dirigido por la destacada realizadora Lucía Puenzo, ganadora de los premios Goya y Ariel en 2007 por su filme XXY, comenta Peretti a La Jiribilla:

“Wakolda fue un excelente trabajo que se hizo en la Patagonia, al sur de la Argentina, en Bariloche. Lucía Puenzo es una gran novelista que adaptó esta obra suya del año 2010 y la dirigió.

“Se trata de una película muy fuerte y de gran impacto, porque narra el contraste que se produce a raíz del encuentro de una familia argentina común y corriente con un personaje históricamente nefasto para la humanidad, como fue el médico nazi Joseph Mengele. Esa oposición y el lazo perverso que se va creando a medida que avanza la historia están muy bien relatados y provocan perturbación a quien ve la película, efectos logrados gracias a la magnífica dirección.

“Mi personaje, que es el padre de familia, me resulta muy cercano porque reacciona y actúa como lo haría yo en una situación parecida. No tuve que explorar un imaginario diferente al mío para interpretarlo, de ahí que no me haya resultado difícil”.

En el caso de La reconstrucción, ¿qué caracteriza al personaje de Eduardo?

Esta película también se filmó en el extremo sur de la Argentina, en Ushuaia, la ciudad del fin del mundo. Eduardo experimenta su conflicto en ese ambiente, y es un personaje más extremo, se trata de un hombre huraño, que vive solo, herido emocionalmente luego de la muerte de una persona muy amada por él. Un amigo le solicita que lo reemplace en el trabajo mientras se encuentra realizándose unos estudios del corazón, pero muere y Eduardo debe enfrentar entonces un dilema: hacerse cargo de la devastación de esa familia o volver a su soledad. Decide quedarse y es ahí donde se produce lo que se llama la reconstrucción.

Imagen: La Jiribilla

El cine argentino se ha destacado históricamente dentro de la cinematografía latinoamericana. ¿Cómo valora las realizaciones contemporáneas en su país dentro de un contexto donde el Séptimo Arte del continente se ha ido posicionando a nivel internacional por la calidad de sus proyecciones?

Mientras exista en la Argentina un sistema democrático, políticamente hablando, el cine estará muy presente culturalmente. Cualquier partido político que asuma tiene la responsabilidad de darle al cine importancia porque lo demanda la gente. Entonces, con más o menos compromiso o indiferencia política, el cine ya tiene genéticamente su lugar en Argentina.

Ello no quiere decir que tengamos una industria, eso no lo creo. Todavía se trata de arrestos individuales, pero en la medida en que exista un marco de libertad, aunque sea formal a veces, más comprometido otras, la gente sigue filmando, sigue haciendo.

En mi opinión, al inicio de la democracia se erigió el principio de hacer un cine político y algo didáctico. Luego, el péndulo varió a un cine muy minimalista, muy chiquito, de historias casi documentales. Ahora se está tratando de tomar elementos de los géneros históricos clásicos y, a partir de esa forma narrativa, hacer autóctona una historia y contarla desde nuestro punto de vista. No soy un experto, pero considero que estas son las tres etapas porque las he atravesado y vivido.

Usted ha participado en diversos eventos internacionales del Séptimo Arte, ¿qué apreciaciones tiene del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano?

Hay muchos actores —entre los que a veces me cuento, aunque suelo ver mucho cine todo el tiempo— que van a los festivales para pasear. Pero el festival es un evento que pasa por la acción del sujeto, es decir, se supone que te debe interesar porque sos una persona de cine y venís acá a enterarte de cómo se mueve la cinematografía actual, vas a las conferencias, etc. Y me parece que ese debe ser el objetivo, porque se supone que al festival viene la gente a ver cine, no a pavonearse.

Pero análogamente, lo que más me ha fascinado es que aquí la gente vive el cine con una pasión monumental. Existe mucha avidez en las salas por ver las películas que no es común y eso para nosotros es oro en polvo.

¿En Argentina no sucede lo mismo?

No. En Argentina hay mucho cine, pero las personas no lo sienten con esa pasión tan fuerte como acá, no existe ese nivel tan alto de espectadores que hay en Cuba.

¿Piensa Diego Peretti regresar con nuevas propuestas para próximas ediciones del festival?

En realidad no soy gestor de los proyectos, solo participo, pero si me invitan nuevamente por alguna película que esté seleccionada, claro, cómo no voy a querer venir.

Ahora en marzo filmo un nuevo largometraje con Juan Taratuto, el director de La reconstrucción. Se llama Papeles en el viento y está basada en una novela de Eduardo Sacheri, el mismo que escribió la ganadora del Oscar El secreto de sus ojos. La trama gira alrededor de tres hombres que tratan de reconstruir la vida de un amigo que muere para que la hija de este pueda tener mejores condiciones. Entonces, deciden unirse y abrir un negocio en conjunto para conseguir plata y dársela a la nena. Espero que pueda presentarse aquí y ser apreciada por el público cubano en próximos festivales.

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