Las analfabetas, una metáfora de Chile

Maydelis Gómez Samón • La Habana, Cuba

Moisés Sepúlveda lo tenía muy claro: él quería ser director. En la universidad de cine de Valparaíso no fue aceptado en esa especialidad, pero no se dejó amilanar, y se fue Santiago de Chile, donde pudo cumplir su sueño y donde conoció al equipo que filmó con él su primera película: Las analfabetas.

Este joven de 28 años aboga por un cine activista que cambie el mundo. Es por eso que en su largometraje se muestran problemáticas de Chile como el analfabetismo o el desempleo permean la historia.

Hasta cierto punto Las analfabetas es una metáfora de Chile. La protagonista es una mujer que debe empezar a leer sobre su pasado para comenzar a escribir sobre su futuro, y en la medida que no se dé cuenta de eso, jamás va a poder iniciar una etapa nueva. “Ahora en Chile estamos cuestionándonos la constitución de Pinochet, gran parte del país decía que la dictadura se había acabado, pero no es así, aunque no hayan tanques en la calle la constitución que nos rige es la misma que hizo Pinochet, igual que la educación. El sentido común es el mismo que quedó de ese modelo. El slogan del NO decía “la alegría ya viene” y de forma metafórica mi película se pregunta dónde está la alegría. No es un filme activista, pero sí está ese guiño a los problemas contingentes del país”.

Imagen: La Jiribilla

La ignorancia de Ximena, el personaje principal, es un pretexto el espectador reflexione sobre la soledad, la incomunicación, los traumas de la infancia, el amor reprimido, la amistad y para que nos percatemos de cuán presos somos de las clasificaciones y del conocimiento convencional.

Sorprende la pluralidad del título, cuando desde el principio nos percatamos que solo hay una iletrada: Ximena. Sin embargo, Jackeline, la joven profesora que enseña a leer a esta mujer, también es una inculta en otras cuestiones de la vida y ahí empezamos todos a cuestionarnos dónde radica el verdadero analfabetismo del ser humano.

Esta ópera prima está basada en la obra homónima del dramaturgo Pablo Paredes, quien escribió el guión junto a Sepúlveda. Las actrices que intervienen en la cinta son las dos protagonistas de la pieza teatral: Paulina García y Valentina Muhr. Con ellas, explica el novel director, ya tenía el 90 por ciento del filme, “conectaron conmigo cuando vi la obra de teatro pero no fui muy consciente de eso hasta que terminamos la película”.

Es un filme hecho para emocionar y ese es el objetivo de Sepúlveda. “En mi país se ha eludido por mucho tiempo a la emoción. Al cine chileno le falta la línea intermedia de realizadores que conectan con el público y con la crítica. Muchas veces me pregunto para quiénes se hacen películas, y creo que a veces para los otros directores. A Latinoamérica le cuesta mucho conquistar a su propio público. Tenemos una rabia contra la industria norteamericana, pero esa viene y conquista a todos los espectadores y uno se pregunta por qué no pasa lo mismo con nuestras películas. No creo que haya que imitar el modelo norteamericano, pero sí hay que aprender algunas cosas de él, sobre todo la cuestión del trabajo de guiones”, comenta.

Para lograr la emoción en Las analfabetas este joven y todo su equipo tuvieron que trabajar durante dos años. El 80 porciento de la cinta la filmaron en 2011 y después de editar se percató de que era una historia muy acartonado, y poco realista. “La obra de teatro es muy poética, los personajes se ponían a declamar, al principio respeté muchos esos parlamentos, pero me fui dando cuenta en el camino que no funcionaban. Y por eso hay un montón de escenas unitarias, distribuidas a lo largo de la película, que se filmaron un año después y que van a exponer los contrastes de los personajes, sus miserias”, cuenta Moisés Sepúlveda, quien reconoce que eso se debe a la inexperiencia de él y su productor, “para nosotros Las analfabetas equivale a tres doctorados en cine y en filosofía”.

Por eso espera que su próximo filme no demore tanto. Ahora se encuentra trabajando en un proyecto basado en un hecho real, sobre una tienda de ropas que estafó a millones de clientes de las clases bajas chilenas. Está contada desde el punto de vista de una de las autoras del crimen, quien es también una víctima del sistema, que asume que la competencia es el eje catalizador de la vida humana. “En mi país estamos educados para la competencia, y para el incentivo, como dicen los líderes del capitalismo chileno. En la cinta se verá el drama económico, contado con la doble moral. En cierta medida justifico el hecho, porque siento que el sistema se merece esos boicots, para que colapse y la nación entienda que hay cuestiones que no pueden estar lideradas por el mercado”.

Este será un largometraje en el que la actualidad chilena quedará mucho más retratada, aunque ya en Las analfabetas apreciamos ese cine activista por el que aboga Sepúlveda. Para él, “el cine debe cambiar el mundo, aunque sea poco, aunque solo cambie la cabeza de un tipo. Pero dejar las cosas como están creo que es ser un conservador, y yo no quiero eso, quiero ser un progresista”.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato