Tendencias actuales de la ciencia ficción en Cuba

Raúl Aguiar • La Habana, Cuba

El género fantástico en Cuba está pasando por uno de los momentos de mayor diversificación y producción en la Isla, y muchas de las tendencias que se perfilaban desde finales de los 90 se han acrecentado en número de autores y de obras en los últimos años. A vuelo de pájaro, y de una manera un poco superficial, obligado por el límite de la cantidad de cuartillas, se podrían definir algunas de las tendencias fundamentales que se perciben dentro de la Ciencia Ficción cubana.

Agruparía primeramente, los libros y cuentos de autores de los 80, fundadores del mítico taller Oscar Hurtado, y que todavía continúan en activo. Me refiero a Bruno Henríquez, quien en el año 2012 publicó por Gente Nueva una colección de sus cuentos titulada Solo en su mente. También se encuentra Roberto Estrada, con Bosque (Gente Nueva, 2006), La puerta del mar cuántico (Gente Nueva, 2008) y la reedición ampliada de Trenco (Gente Nueva, 2012), así como Eduardo del Llano, quien, desde sus obras de corte humorístico, en ocasiones utiliza elementos del género como en El universo de al lado (Editorial Salto de página, España, 2007)

Otra tendencia que desde los años 90 ha dado que hablar es el subgénero ciberpunk, cuyo iniciador fue Vladimir Hernández Pacín con su libro Nova de cuarzo (Ediciones Extramuros, 1999). A pesar de que Vladimir reside actualmente en España, donde ha publicado gran parte de su obra, recientemente publicó en nuestro país Hipernova (Letras cubanas, 2012), colección de cuentos ciberpunks muy apegado al estilo originario de William Gibson y Bruce Sterling. Esta temática después sería ampliamente desarrollada por Michel Encinosa Fu con sus libros Niños de Neón, Veredas y Dioses de neón, entre otros, donde nos ofrece el universo de Ofidia, una megaurbe y capital del mundo en un futuro cercano, donde los personajes se debaten por la supervivencia en un mundo caracterizado por la desideologización, el uso descontrolado de las tecnologías de punta y la corrupción de todos los valores éticos y culturales.

Dentro de esta misma corriente, hay que destacar también los textos de Erick J. Mota, quien en Algunos recuerdos que valen la pena (Editorial Abril, 2010) anuncia ya en algunos cuentos el universo de su novela Habana underguater (Atom Press, 2010) especie de ucronía ciberpunk donde Mota se agencia de referentes cercanos, como las religiones afrocubanas, para conformar lo que en tono de broma denomina como el ciber-orisha.

Imagen: La Jiribilla

Un caso interesante dentro de esta corriente es el de Leonardo Gala Echemendía, informático de profesión, quien en sus libros Aitana (Gente Nueva, 2010) y Cuentos de Bajavel (Gente Nueva, 2011) se adentra en los conceptos de la Inteligencia Artificial, y de cómo esta, en un futuro cercano, genera conflictos, cuyos desenlaces son catalizados por valores humanos, así como por la voluntad de conservar la propia identidad.

El mayor productor cubano de literatura fantástica, con decenas de premios y libros publicados, tanto en Cuba como en el extranjero es José Miguel Sánchez (Yoss), especie de puente entre los escritores de los 80 y los 90 y quien fue el iniciador, junto a Vladimir Hernández Pacín, de la tendencia ciberpunk dentro de la ciencia ficción cubana. El fuerte de Yoss, es sin embargo, la ciencia ficción biológica y los ecosistemas alienígenas. Con el sobrenombre de “Ciencia ficción verde”, esta es posiblemente la tendencia seguida por la mayor parte de los jóvenes escritores cubanos de ciencia ficción.

Biólogo de profesión, Yoss publicó recientemente dos libros que tienen la exobiología como temática principal de sus argumentos. Me refiero a Condonautas (Casa Editora Abril, 2013). Alrededor de Josué Valdés —personaje principal de esta noveleta— el autor construye todo un universo futurista en el que las preocupaciones de los humanos, y de las demás razas inteligentes de la Galaxia, giran en torno al intercambio y la conquista de nuevos lugares que sirvan de hábitat. Para lograrlo, las diferentes especies deben “Contactar”, función que realizan los condonautas como Josué, y que no es más que llegar a un acuerdo beneficioso para ambas partes y cerrar el trato mediante el acto sexual. 

Super Extra Grande (Gente Nueva, 2013), la otra noveleta exobiológica de Yoss, obtuvo en 2010 el preciado Premio UPC, uno de los más importantes para la Ciencia Ficción en habla hispana. Esta narra las insólitas y a veces hasta algo escatológicas aventuras de Jan Amos Sangan Dongo, el veterinario de los titanes, especializado en animales gigantes. El trasfondo de esta noveleta es típicamente de space-opera: una galaxia donde hay siete razas inteligentes que viven en relaciones más o menos pacíficas. Hay respiradores de metano, reptiles inteligentes, una especie donde sólo las hembras son inteligentes. Y por último los lagotones, la forma de vida más grande de la galaxia, una especie de amebas de decenas de kilómetros de largo y millones de toneladas de peso que se alimentan de los cometas que caen sobre la superficie de su mundo.

En el taller literario Espacio Abierto, dedicado a la literatura fantástica y de Ciencia Ficción, los biólogos hacen la mayoría. Habría que mencionar muchos cuentos de los escritores Carlos Duarte, Dennis Álvarez, Pavel Mustelier o Laura Azor, de profesiones relacionadas con la biología o la bioquímica para poder explicar en parte la asiduidad a estos temas. Sin embargo un gran cultor de la Ciencia Ficción biológica es Gabriel J. Gil, graduado de Física y que recientemente publicó Por casa tengo el espacio (Gente Nueva, 2012), conjunto de cuentos donde se describen historias sobre la expansión de los terrícolas por el cosmos, el cultivo de cabezas de henequén ingrávido, el idioma de los extraterrestres, plantas que se mueven y razonan, reproducción alienígena, todo en un conjunto muy interesante de textos escritos en un lenguaje fresco y cautivante.

Imagen: La Jiribilla

La cuarta tendencia es la denominada como slipstream: cuentos y novelas escritos por autores ajenos al género y a sus técnicas narrativas, que utilizan la ciencia ficción como un recurso más para tejer sus historias, pero sin su rigor científico ni su afán de extrapolación. La mayor parte de las veces son textos periféricos, fragmentarios y subjetivos, experimentales y antidogmáticos, que usan los recursos del género para investigar otros temas y otras experiencias. Ejemplos de esta tendencia serían los libros Los ojos de fuego verde (Editora Abril, 2005) y Carbono 14 (Letras Cubanas, 2013) de Jorge Enrique Lage, La carne luminosa de los gigantes (Editorial Abril, 2007) de Raúl Flores Iriarte y Delicados procesos (Ediciones Extramuros, 2011) de Yonnier Torres, entre otros, aunque este último se acerca más al tipo de Ciencia Ficción tradicional que es “aceptada” por los cultores del fandom.

En mi prólogo a la antología Deuda temporal: escritoras cubanas de ciencia ficción (todavía inédita) ya hablaba acerca del importantísimo aporte que las escritoras fantásticas aportan al género por su acercamiento original a múltiples temas, que pueden ir desde los conflictos humanos más íntimos asociados a la guerra, la emigración o la familia, hasta la ecología o las culturas alienígenas. Dos obras muy interesantes por su estilo y puntos de vista son los libros Nada que declarar (Casa Editora Abril, 2007) de Anabel Enríquez y la noveleta Al límite de los olivos (Editorial Extramuros 2009) de Elaine Vilar Madruga, un universo de corte post-apocalíptico pero donde el lenguaje poético de la autora le brinda un alto nivel escritural. 

Imagen: La Jiribilla

Por último habría que hablar de algunos atisbos de nuevas formas de hacer y temáticas que recién comienzan a tratarse entre los escritores más jóvenes de ciencia ficción.

La ciencia ficción mágica, esa mezcla o confrontación entre magia y tecnología en un texto de ciencia ficción, ya había sido tratada en los 80 por Daína Chaviano en alguno de sus cuentos más célebres. La editorial Gente Nueva acaba de publicar dos libros unidos en uno solo, cada uno escrito a 4 manos por dos escritores del género. Me refiero a Historias del Altipuerto de Carlos C. M. García del Pino y David Alfonso Hermelo, y Guerra de dragones de Eric Flores Taylor y Jesús Minsal Díaz (Editorial Gente Nueva, 2013).

Historias del Altipuerto se ambienta en dos universos paralelos unidos por un agujero de gusano. Uno de los universos tiene un gran desarrollo tecnológico. El otro está basado en la magia y en él viven todo tipo de criaturas fabulosas. Guerra de dragones describe también dos mundos antagónicos: el de los dragones (con pasajes de enseñanza militar que recuerdan Las tropas del espacio de Heinlein) y el de los magos, enfrentados en una guerra despiadada, donde lo ético se subordina al concepto del orgullo y el honor.

Aún inéditos, pero que estoy seguro muy pronto serán publicados por la calidad y las propuestas temáticas de sus obras, se encuentran Yadira Alvarez, Dennis Mourdoch, Yunieski Betancourt, Claudio del Castillo y Alejandro Martin, quienes ya recibieron premios en algunos concursos y han comenzado a publicar sus cuentos en revistas cubanas especializadas en el género como Qubit y Korad. Solo resta esperar. Lo seguro es que estamos en un buen momento para la Ciencia Ficción cubana. Y la cantidad de libros publicados en los últimos años así lo demuestra.

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