Literatura

Nota para un Espejo retrovisor

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

El narrador y periodista mexicano Juan Villoro reúne cuentos y reportajes suyos que abarcan treinta años de trabajo, bajo el sugerente título Espejo retrovisor. Este libro de más de trescientas páginas, recién publicado por el Fondo Editorial Casa de las Américas en su colección La Honda, incluye nueve narraciones y diez crónicas. Suficiente material para darnos a conocer la esplendidez de un autor que siendo raigalmente mexicano, ofrece la posibilidad de adentrarnos en el cosmopolitismo de quien posee no solo vasta cultura, sino una increíble destreza literaria, capaz de lograr el milagro de transportarnos hacia mundos varios, como el título de las memorias de Raúl Roa Kourí. Dividido en dos secciones, “Cuentos” y “Crónicas”, Espejo retrovisor es una panorámica no solo del México contemporáneo que tanto amamos los cubanos, sino de sus raíces culturales y étnicas; del movimiento zapatista (al que Villoro dedica más de un artículo); de artistas y figuras mundialmente famosas, como Andy Warhol (Los quince minutos de Andy Warhol), Mick Jagger (Supongamos que no existen los Rolling Stones), Rushdie (Rushdie en Tequila). Los reportajes dedicados a sus viajes (Estados Unidos, Japón, Chile), más que crónicas trashumantes de un escritor que se desplaza a través de la geografía, resultan verdaderos ejemplos de calidad estética narratológica en cuanto nos permiten disfrutar, sufrir o divertirnos a la par de quien nos cuenta peripecias, tragedias y distanciamientos.

El lenguaje empleado por Villoro destaca por dos aspectos fundamentales: domina el más complejo de los artificios lingüísticos, la naturalidad (empleando palabras del propio autor, dedicadas al subcomandante Marcos), y no es el mismo el de los cuentos que el de las crónicas. Parecería lógico que al tratarse de un solo autor, tanto un género (cuento) como el otro (reportaje periodístico) reflejaran un mismo estilo, una misma forma de emplear las palabras. Sin embargo, no es así. Obviamente, este escritor pone énfasis en separar un espacio del otro, aunque en ambos géneros literarios se destaque su refinada forma de ser culto sin atiborrarnos de conocimientos; de ser nacionalista sin fanatismo, y de hacer eso que en la actualidad se considera obsoleto o en el mejor caso, secundario: contar. Villoro narra todo el tiempo, atrapa al lector y a la lectora con un irreprochable dominio de los principios clásicos de toda narración. Es esta capacidad de agarre con alto vuelo escritural  lo que lo distingue, ya sea en sus cuentos propiamente dichos o en lo que Padura llamó periodismo literario, al prologar un libro del argentino Rodolfo Walsh, también publicado por la Casa de las Américas. Se nota una tendencia a realzar el modo de decir mexicano en las narraciones: pinche putosísima, encimoso, picosísimo, hacerle plática son algunos ejemplos de expresiones muy mexicanas, que contrastan con la universalidad de la lengua castellana, que el autor reserva para sus crónicas.

Es difícil, por otra parte, seleccionar en cuál de estos dos géneros se aprecia mejor la calidad de Villoro. En ambos, encontramos un recurso fascinante, además de los ya citados en cuanto