Artes Plásticas

Servando nos regala La fuente de la vida

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Fotos: Julio A. Larramendi
 

La fuente de la vida es el regalo que ha hecho el Museo Biblioteca Servando Cabrera Moreno a la edición 35 del Festival de Cine y constituye un homenaje a los 90 años del transgresor pintor y, también, una manera de reverenciar a Alfredo Guevara, uno de los principales albaceas de la obra de Servando, y su gran amigo.

La muestra incluye una veintena de obras que son, de alguna manera, un recorrido por la producción pictórica de Servando entre los años 1970 a  1981, en los que abordó la temática homoerótica.

Imagen: La Jiribilla
Silencio, 1970
 

La curadora de la muestra, Claudia González, enfatizó que Servando comienza a trabajar el tópico erótico a mitad de los años 60, lo que constituye un hecho inédito en el contexto de la plástica cubana de ese momento y puntualizó que solamente él y a Humberto Peña pueden considerarse los verdaderos pioneros.

“Servando empieza a desarrollar esta temática en los 60, pero quisimos escoger obras del 70 al 81 porque a mediados de los 60 las piezas tienen un corte expresionista y homoerótico. El erotismo es el gran tema, pero el subtema que lo apasionó es el homoerotismo”.

¿Pero en los Sesenta —aunque expresionista— estaba el tema homoerótico?

Eran representaciones sobre lo grotesco-expresivo y no tanto sobre lo lineal o figurativo, aunque en esta exposición pueden verse obras que, realmente, tratan de representar la variedad de estilos y formas que Servando escogió a la hora de representar el tema erótico.

Cuando dice estilos y formas, ¿a qué se refiere?

Tenemos obras que son mucho más figurativas, más lineales en las que se puede apreciar claramente que se trata de un hombre, que se representa de un brazo o una pierna y tenemos otras obras que son mucho más abstractas —si es que se pueden calificar así— porque se funden algunos elementos con otros. Lo que nos llega es un amasijo de cuerpos, de miembros o genitales y no logramos identificar claramente qué es lo que sucede. Condensar 11 años de su creación nos da la idea de la gran diversidad en la obra de Servando, incluso cuando desarrollaba un mismo tema como en este caso, el erotismo.

Imagen: La Jiribilla
Las hojas de otoño caen en la meseta, 1977
 

Las obras que se exhiben están concebidas con una paleta bastante apastelada.

En una entrevista realizada a Servando, él dijo que sus gama preferidas eran los azules, ocres y verdes. Y, ciertamente, en esta exposición en particular, podemos apreciar esta gama algo fría, aunque a veces también observamos cómo coloca un destello de luz a partir del empleo de un color cálido. Hay una obra dentro de esta exposición titulada Muerte y vida que es bastante oscura —casi negra y gris— y, de repente, vemos el falo masculino en color rojo. Es decir, él hacía hincapié en determinados elementos y son los que le interesaba resaltar.

¿Existe alguna obra de tema homoerótico que forme parte del museo y que no se seleccionó para ser expuesta en La fuente de la vida?, ¿hubo alguna que se descartara?

Realmente sí. En nuestra colección tenemos un sinnúmero de obras que pertenecen a esta etapa del erotismo y, efectivamente, tuvimos que descartar varias obras. En primer lugar por un problema de curaduría. Respetando el espacio de la galería —que es muy amplio y luminoso— tuvimos que valorar cuidadosamente la cantidad de piezas obra que queríamos poner. No se trata de atiborrar la galería porque eso implica que el espectador no las iba a poder apreciar en toda su magnitud y, además, hay que dejar un espacio entre pieza y pieza para que “respiren”.

Escogimos 20 óleos y se nos quedaron muchísimos que en lo particular me hubiera encantado haber exhibido, pero quizá, en otra oportunidad podamos mostrar al público otras partes de la creación de Servando.

¿Las obras están en depósito permanente o hacen algún movimiento para mostrarlas?

Con frecuencia organizamos exposiciones temporales dentro del mismo Museo y tratamos de dinamizar nuestra propia colección; sacamos piezas de los almacenes para que el público la pueda ver. Por ejemplo, obras académicas —que es una etapa muy poco conocida— u obras barrocas que, también, son poco exhibidas y las expresionistas, épicas o eróticas.

Una de las características de Servando es que trabajó el formato grande para la época.

Con esta exposición nos sucedió algo sorprendente; cuando decidimos qué obras iban a participar en esta exposición las piezas se veían inmensas, sin embargo al llegar a la galería El reino de este mundo nos dimos cuenta que las tan amplias y el puntal tan alto parecía que se tragaban la obra. Eso sucedió incluso con “Muerte y vida”, que mide 2,50 metros, y se veía pequeña. La curaduría que habíamos planeado con antelación a la hora de ponerla en práctica, tuvimos que someterla a varios cambios. Por otra parte, la iluminación de la galería, que da focalmente sobre la obra, ayuda mucho. Es una exposición no solamente interesante sino muy hermosa.

Imagen: La Jiribilla
Muerte y vida, 1972
 

Como especialista en la obra de Servando ¿cómo evalúa los constantes cambios en cuanto a formato porque él, precisamente, se caracterizó por ese mutar constante en cuanto a las dimensiones?

Servando fue un artista que experimentó con cuanto tuvo a su alcance: exploró prácticamente todas las técnicas —carboncillo, pastel, acuarelas, lápiz, plumilla, óleo y tempera—. Lo mismo sucede con los formatos. Desarrolló una obra con el formato académico, sobre todo los retratos, y los formatos inmensos como esas pinturas murales gigantescas e impresionantes que nos dejó.

“El Moncada” y “La Cordillera” son dos obras que se encuentran en la sede del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, y por lo grande que son, nunca se han podido sacar de allí. Servando las hizo en ese lugar y para ese lugar.  Igual sucede con el mural que nos  dejó en la sede de la embajada de Cuba en Canadá que tiene 24 metros cuadrados —“Habaneras” y “Guajiros”.

Realmente, se movía con mucha facilidad y gran comodidad por disímiles técnicas y formatos. A veces, en esos óleos gigantescos en los que aparecen los torsos acoplados —sobre todo en la temática erótica—, nos parece ver que estos tornos o miembros parecen salirse del mismo formato de la obra. Esta es una de las características propias de la pintura de Servando: la forma en que él consigue expandirse más allá de los formatos en la propia imaginación del espectador. Es un efecto que consigue de una manera muy interesante.

¿Cuál considera que fue o fueron los aportes esenciales que dejó Servando a la plástica cubana?

Servando dejó muchísimos legados. Fue un pionero del tema homoerótico en el arte cubano. Actualmente puede verse muy normal e incluso es tema de un grupo de pintores pero hay que tener en cuenta que Servando lo comenzó a desarrollar en los 60, en una época en que la mayoría de nuestros artistas estaban desarrollando una pintura mucho más revolucionaria, más apegada a hecho social y a la épica que se vivía en aquellos años.

Servando nos legó también ese tipo de representación única que mucho tuvo que ver con el cubismo, pero que la hizo propia y ahí está su pintura épica que fue, realmente, el único que en ese momento desarrolló esos barbudos, esos milicianos, bajando de la sierra. Fueron momentos históricos de nuestro país que él representó y captó con ese ojo tan agudo que tenía y, por supuesto, siempre haciendo lo suyo, pero tomandode Pablo Picasso y de otros artistas. Servando supo llevar la obra a su propio contexto y a su espiritualidad como ser humano y como artista.

Nos legó, igualmente, esas representaciones tan hermosas que son las “Habaneras”. Aunque sean las obras más conocidas y más criticadas porque dicen que es una pintura facilista y comercial, en lo personal, no creo que sea así: esas “Habaneras” con esos largos cuellos que algunos especialistas han calificado de “fálicos”.

Quizás esa fue la forma que  Servando encontró para continuar haciendo la representación erótica disfrazada con el rostro de una mujer. Y sin hablar, de todo cuanto hizo Servando de manera anticipada en nuestro contexto a mediados de la década del 40 cuando se gradúa de la Academia de Artes de San Alejandro con una pintura académica que, rápidamente, se revoluciona  hasta convertirse en abstracta, en barroca, en cubista. Es decir, transitó por todos los estilos y técnicas que tuvo a su alcance.

Si tuviera que definir los grandes temas de Servando ¿Cuáles serían?   

Servando comienza con el academicismo —con el género del retrato—, pero también hace una pintura barroca muy apegada a Amelia Peláez, pero también “mirosiana” porque bebió mucho del quehacer del pintor español Joan Miró, y cubista con Picasso.

Dentro del erotismo desarrolló, como nadie, el subgénero homoerótico… fueron muchas las temáticas y cambiaba constantemente. Nunca estuvo satisfecho con su propio quehacer y de manera continua experimentaba. La multiplicidad de Servando era otra de sus características; por ejemplo, en un mismo año hacía un retrato —que podía ser muy académico— e, inmediatamente, recreaba tornos acoplados. Iba ligando todo, pero por separado y no se puede dejar de decir que en cada una de ellas, se ven huellas de su aprendizaje anterior y de lo que viene después.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato