Inventario de Artista

Gabriela G. Azcuy • La Habana, Cuba
Tengo una vocación de periscopio,
ese es mi contacto con el mundo exterior.
Ernesto Rancaño

Reconocido como un pintor de dibujo exquisito, con una figuración entre lo medieval y surreal bien atrayente para el público macro; ya hace unos años Ernesto Rancaño ha abandonado la complacencia del pincel y ha encontrado en otros dominios artísticos como la fotografía, la escultura o la instalación, soportes ideales para sus nuevas inquietudes semánticas.

Imagen: La Jiribilla
Beso de sentencia, 2011. Arcos de madera y nylon
 

En este sentido, Inventario de artista, se erige como muestra sui generis dentro de la trayectoria expositiva del creador, pues por vez primera se aúnan bajo un criterio de periscopio —como a la usanza de los antiguos gabinetes—, obras de diversas series y tipologías morfológicas. De este modo, piezas pertenecientes a expos como La carta que nunca te escribí son puestas a dialogar con otras pertenecientes a R-existir o a La mitad de mi vida; así como quien compila, en respuesta a una necesidad perenne de atesorar un bien.

Se suceden entonces, cual hibridez perfecta, cajas de luces, objetos escultóricos, fotografías intervenidas, dibujos collages, donde bajo la supuesta diferencia formal se esbozan las líneas temáticas que recurren una y otra vez en la obra de Rancaño. Dualidad de conceptos por oposición o reiteración del objeto; ambigüedad causada por el juego ilusorio con los espejos o la luz; lo minúsculo del ser ante el mundo; la constante autorreferencialidad directa o elíptica; la alusión triste a la soledad desde sus icónicos abrazos; el amor como salvación hacia otro mundo…, entre otras lecturas que siempre suscitan al “Yo” como sujeto esencial de sus discursos.

Imagen: La Jiribilla
Iluminados, 2011. Pala y lámpara fluorescente
 

Podría pensarse que una muestra de este tipo no es la idónea para el nuevo recinto galerístico del Instituto Superior del Ministerio del Interior, quizás porque es un “arte muy contemporáneo” no entendible para el público que allí visita. Pero es precisamente porque es para este público que se presenta una exposición tan heterogénea capaz de educar la apreciación y  sensibilidad artística de quienes serán figuras claves para el desarrollo del país.

Objetos cotidianos intervenidos y convertidos en obras de arte, algunos dudarán: ¿es realmente arte? Para tal respuesta necesitan interpelar a la pieza y sentir lo que de ella desprende, siempre —por supuesto— desde una postura desprejuiciada y abierta a nuevas experiencias. Estos son, quizás, pequeños guiños que ayudarán a leer un Inventario a primera instancia caótico pero que funciona, a todas luces, como libro autobiográfico del autor y su obra.

Imagen: La Jiribilla
La carta que nunca te escribí, 2011. Lápiz
 

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