El huevo y la gallina

Dania Ramos Martín • La Habana, Cuba

Argumentos facilistas, universos vacuos, estilo empobrecido y arte para iniciados son algunas de las etiquetas impuestas a la ciencia ficción. La coletilla de “literatura de género”, la sitúa en una posición subalterna entre los miembros de la “alta” cultura, y le da visos de popularidad no muy caros a los ojos de la academia. Impulsada por el florecimiento de la industria audiovisual, la ciencia ficción (CF) ha alcanzado la preferencia del público. Sin embargo, películas y animados no son muchas veces la referencia más beneficiosa.

Ante la simpleza de algunas de estas ofertas artísticas se ha extendido la opinión de que la CF es una literatura centrada en procesos tecnológicos, invasiones de alienígenas, naves extraterrestres, aparatos novedosos, lenguaje desprovisto de estética, y una tendencia a la especulación infértil sobre el futuro y los beneficios o perjuicios de la ciencia.

Un rechazo por saturación de productos repetitivos y carentes de calidad, provenientes del mercado del entretenimiento, le ha negado al público gran parte de una literatura que aborda complejos problemas filosóficos y es de un derroche imaginativo y poético a la altura del arte auténtico.

El panorama se ennegrece cuando se tiene en cuenta que el “universo” literario de los lectores más jóvenes apenas sobrepasa los referentes de Verne, Wells y Asimov, según pudimos comprobar en un sondeo realizado entre el público habanero. La mención de autores y obras cubanas es casi inexistente y las referencias sobre el género señalan tímidamente algunas películas de ciencia ficción, pero sobre todo fantásticas.

Esta ausencia de “nortes”, que orienten a los lectores por un gusto que se atenga a patrones de calidad y variedad, parece tener un vínculo directo con la languidez del sistema editorial cubano, seriamente afectado durante los años de crisis económica. Las publicaciones de la época revolucionaria han seguido un camino discontinuo, con esfuerzos a ratos por divulgar lo mejor de la literatura internacional y del país, pero carente de sistematicidad. Entonces, cómo saber dónde escoger: ¿entre lo malo y lo bueno, o entre lo menos malo?

Para desenredar la madeja, cabría despejar la primera de las incógnitas: ¿es o no la literatura de ciencia ficción un género menor?

Inferior no, diferente

Los géneros son categorías morfológicas, no axiológicas -conviene Rinaldo Acosta, crítico literario. La CF es un tipo de literatura donde el lector busca más bien la realización de ciertas convenciones y fórmulas, antes que la exploración de alternativas novedosas y la experimentación formal. Pero de aquí no se infiere necesariamente que los temas y los acercamientos que propone sean de poca relevancia cultural. Es posible escribir buena literatura, aun sin romper con los moldes de un género.

“Detrás de la concepción de la CF como ‘literatura menor’ se oculta una premisa no expresada: que solo el canon proporciona criterios evaluativos legítimos para abordar la literatura. Yo, en cambio, considero que la CF es, en efecto, diferente, no inferior”.

“En general la ciencia ficción ha sido menospreciada por quienes la catalogan como subliteratura, aduciendo que es un producto de la tecnología”, reflexiona Bruno Henríquez, incansable defensor del género en Cuba.

“La escasa publicación de obras tiene que ver también con una apatía generalizada ante la divulgación científica. Y la cultura solo puede existir de forma integral”, remata.

Rafael Grillo, jefe de redacción de El Caimán Barbudo, no comparte las posiciones exclusivas si de cultura y enriquecimiento personal se trata. “La posmodernidad ha desdibujado las fronteras entre la alta y la baja literatura; los conceptos de literatura de masas, de élite y popular se han disuelto completamente.

“Las opiniones que denigran el género vienen de una visión anquilosada, porque hay obras suficientes en los últimos veinte o treinta años que demuestran una evolución. Muchos de los grandes creadores de hoy escriben libros que incursionan en el campo de la CF y la fantasía”.

Harina de otro costal es lo que, a fin de cuentas, llega a manos de los lectores. No es un género menor, juzga Alberto Garrandés, destacado ensayista cubano. “Siempre pongo el ejemplo de algunos autores ingleses y norteamericanos que hacen de la CF un sistema muy activo de interrogaciones sin dejar de hacer literatura.

“En Cuba hay tan solo algunos atisbos: cuentos, novelas y colecciones de CF que son interesantes. No sé bien el porqué; tal vez tiene que ver con la formación literaria, las lecturas acumuladas o de interacción entre las preguntas de la ciencia y las de la literatura. Creo que la ciencia y la literatura son dos sistemas interrogativos que necesitan articularse bien”.

Con excepción de los clásicos y de buenos autores, que nunca faltan, la calidad literaria ha sido siempre un aspecto realmente anémico en la ciencia ficción y el fantástico, a escala universal, expresa la escritora y periodista Gina Picart en un artículo publicado en La Jiribilla.

La autora comenta que, sin embargo, dentro del mainstream, también existen ejemplos indecorosos. “No hay por qué considerar subcultural a un género en el que han incursionado escritores famosos de todo el mundo”.

Según esta escritora, existe un prejuicio fuerte contra el género, situación que coloca a los autores ante un reto mayor: el de escribir más y mejor.

De patito a cisne

Juan Pablo Noroña me lanza una mirada burlona. No se explica cómo puede pedírsele a la literatura de ciencia ficción la madurez de muchos otros géneros que durante siglos vienen puliéndose.

Este escritor prolífico, aunque muy poco conocido, cree que al género en Cuba le pasa lo que al patito feo: necesita tiempo para ser cisne.

“La CF depende de la aprobación de la gente, del feedback. En el gremio, no tenemos estructuras para darnos prestigio que no sean los premios, pero como la mayoría están financiados por instituciones que defienden el llamado mainstream, la obras literarias de género no son invitadas a la mesa, no son anfitrionas”, comenta.

En medio de este panorama, el estigma de la inexperticia ronda a los nuevos escritores y amenaza con llegar a ser una huella definitiva.

Unas pocas credenciales son el medidor casi absoluto impuesto a creadores noveles que reclaman un espacio para darse a conocer. Incluso, hay quienes piensan que la ciencia ficción cuenta con “escritorcillos” que reclaman un cupo lejano de alcanzar dentro del panorama actual de la literatura cubana.

En Cuba, la CF comenzó a desarrollarse con el triunfo de la Revolución. Luego, en la década de los ochenta, el género experimentó un impulso sin precedentes, aupado por el premio David, de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Una oleada de publicaciones hizo que la ficción científica tuviera visibilidad en el panorama cultural de esa etapa, lo cual no volvió a repetirse. El período especial y las carencias de papel abortaron ambiciosos planes editoriales y numerosas colecciones quedaron truncas. La salida del país de los cultores del género más reconocidos en esa década fue un golpe aún más fuerte que las carencias de peculio: Daína Chaviano, Alberto Serret, Chely Lima y Antonio Orlando Rodríguez nuclearon un movimiento que trascendió el ámbito literario e incursionó en el teatro, la ópera, las artes plásticas y las series televisivas.

“Nunca han faltado escritores de ciencia ficción, pero se perdieron los espacios editoriales y los de concurso. Aunque han surgido muchas revistas interesantes como Disparo en red y Estronia, no existe un grupo generacional con una obra tan importante como la que aquellos autores desplegaron”, dice Gina Picart.

Uno de los factores que más ha afectado a la CF es la pérdida de referentes de una generación a otra, comenta Rafael Grillo. “Luego de la etapa de oro de los sesenta sobrevino un quinquenio azaroso para el arte que discontinuó los esfuerzos desplegados por los pioneros del género. Después, salieron del país las principales figuras de los noventa y palidecieron los sellos editoriales de los ochenta. Cuando se empezó a recuperar la industria editorial, toda la literatura considerada de género se relegó completamente”.

Algunos nombres de la década dorada de la CF en Cuba todavía son habituales en el panorama literario, tal es el caso de F. Mond, Bruno Enríquez, Eduardo del Llano y de los entonces imberbes Yoss (José Miguel Sánchez), Raúl Aguiar y Michel Encinosa.

Mas, luego de la catástrofe editorial que siguió a la crisis del papel en la década del noventa, el género pareció sepultado. Solo en pequeños cenáculos ha sobrevivido una actividad creativa impulsada con el esfuerzo personal de miembros de talleres y organizadores de eventos, pero que requiere de un apoyo institucional necesario para cualquier tipo de creación artística. “Para que un movimiento de ciencia ficción se desarrolle debe estar nucleado, sobre todo en un país como Cuba, donde no hay editoriales comerciales ni un mercado muy grande para las obras, y las posibilidades de organización espontánea son muy limitadas. Hace falta una publicación especializada y un premio como el David, que dio un impulso sin precedentes al género”, dice Rinaldo Acosta.

La buena pipa

Desde hace casi 20 años los autores de la literatura de ciencia ficción realizan intentos para que en la UNEAC sea creada una asociación dentro de la sección de escritores, en la cual queden agrupados los creadores de ese género.

Por el momento no hemos logrado más que mantener el grupo i+Real y algunos eventos teóricos de cierta relevancia. El argumento que utilizan las instituciones involucradas es que el movimiento no es tan visible y que no existe obra suficiente, comenta Bruno Henríquez.

Para los escritores de CF la carencia de títulos en venta es un asunto de falta de interés institucional. “Existen textos que necesitan revisión editorial, pero se precisa de una convocatoria más amplia”, argumenta Anabel Enríquez, premio Calendario 2005.

En tanto, admite José Miguel Sánchez (Yoss) que “los que hacemos CF en Cuba no somos muchos, pero hay suficiente corpus narrativo para publicar el triple”.

Escritores noveles como Elaine Vilar Madruga estiman que la apatía de las editoriales ha provocado una aversión en los autores, que cada vez se acercan menos a estas instituciones.

“Muchas veces extravían los discos con los textos, pierden los ejemplares de las obras a propuesta o los echan a un lado. Así, terminas escribiendo para los ‘socios’ o buscando espacios en Internet. Es como en el cuento de la buena pipa”, dice angustiada.

Para Gina Picart, dentro del mundo editorial de hoy hay algunas personas que sienten respeto por la ciencia ficción e incluso la asumen, “pero de lo que piensen algunos a la política editorial de una institución hay una gran diferencia”.

Sin embargo, considera que el camino al cambio debe venir de manos de los escritores. “Evidentemente, los editores tienen tendencia a darle mucha importancia a la calidad literaria. Se puede escribir un excelente texto de ciencia ficción -en el sentido de que como autor conozcas los códigos del género-, pero no puede olvidarse que el vehículo es el lenguaje. Por lo tanto, un escritor no está exento de observar los códigos de la literatura y su obra requiere la calidad necesaria para ser considerada publicable”.

Alberto Garrandés aboga también por un patrón coherente que defina lo que se publica. “La CF debe hacer y seguir su camino en tanto literatura, y bajo esa condición debería ser tratada. La diferenciación entre los términos ‘escritores’ y ‘escritores de ciencia ficción’ es un esquema básico que entraña un montón de peligros”.

Yolanda Borlado y Néstor Cabrera, especialistas de redacción de la editorial Gente Nueva, comentan que no existe una predisposición ante el género. El concurso al que convocan, La Edad de Oro, tiene un apartado para ciencia ficción y está abierto a la oferta de los escritores. Sin embargo, comenta Néstor, han tenido que vetar muchas.

Los talleres literarios, si bien han carecido de la sistematicidad deseable, han dado oportunidades a los nuevos escritores de ciencia ficción y fantástico para cultivar el oficio de la narrativa y compartir con escritores de experiencia.

También el reconocido escritor Rogelio Riverón, a cargo de la editorial Letras Cubanas, opina que no existe un atrincheramiento ante el género.

“Nosotros publicamos al menos una o dos obras anualmente. Lo que sucede es que hay muy pocos libros a valorar. Excepto Michel Encinosa y Yoss, autores persistentes, no existen prácticamente opciones entre las cuales escoger”.

A juzgar por las estadísticas de los últimos tres años, se observa cierta recuperación editorial, lo cual podría “oxigenar” a los lectores, deshabituados y en ocasiones perdidos de cuanto se hace dentro y fuera de Cuba en la literatura de CF. También escritores ajenos al gremio y editores reconocen un aumento progresivo en la calidad de las creaciones.

 “En la actualidad las obras de algunos autores exhiben una mejor asimilación de la poética y los ‘protocolos genéricos’ en relación con momentos anteriores”, reconoce Rinaldo Acosta.

Rafael Grillo, por su parte, opina que la literatura de CF que se está haciendo hoy está cada vez más cercana a lo que son los estándares del género en el mundo. “Si hay algo que la caracteriza, no solo en cuanto a temas, sino al modo en que se aborda desde el punto de vista formal, es que es un tipo de literatura que no se diferencia de la otra; utiliza las mismas técnicas y recursos que siempre se han empleado”.

Gina Picart, quien en el pasado incursionó en el género, reconoce que hay señales evidentes de recuperación.

“La CF cubana está en un momento, no espléndido pero interesante; si sabe jugar las cartas que tiene en la mano podría volver a una era dorada”.

Para Rogelio Riverón, el número de las publicaciones está a tono con lo que se produce en el país. “Este tipo de literatura no abunda en Cuba, contrario a lo que ocurre en países como Estados Unidos, donde hay asociaciones de escritores y el género tiene una fuerza visible. Por otra parte, no tenemos un escritor dedicado única y exclusivamente a la ficción científica, que publique un libro tras a otro y amenace con ser un best seller, como pudiera ocurrir, por ejemplo, con Leonardo Padura o Daniel Chavarría”.

También Alberto Garrandés mide el pulso a la producción del gremio: “No estoy seguro de que exista fuerza suficiente. Sí podemos hablar de autores aislados, con obras atendibles, como Michel Encinosa y Raúl Flores Iriarte. De momento, me atrevería a proponer tan sólo una cosa: si hay escritores con buenas ideas y buenos recursos, que escriban. Pero primero hay que ser un escritor”.

En tanto, hay muchos interesados en la CF que siguen asistiendo a círculos de aficionados, y excepto algunos nombres reconocidos por premios nacionales, el público desconoce olímpicamente lo que se “cocina” en talleres y eventos del género.

Para Eric Flores, joven escritor, cualquier valoración que pueda hacerse seguirá estando en el campo de la especulación. “La calidad de un libro no la deciden solamente críticos y editores, también el público, y si no sale a luz nunca sabremos con certeza si es una buena obra”.

Texto publicado en la revista Juventud Técnica, 2010

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