Entrevista con Elaine Vilar Madruga:

Antiaxioma de lo real

Elaine Vilar Madruga es de esas jóvenes escritoras cubanas que podríamos definir como transversal. Los tironazos de Calíope y Erato, en apoyo de lo anterior, parecen siempre conducirla al mismo océano: la literatura, pero por distintos afluentes. De ellos nos ocupa por esta vez, la ciencia-ficción, tan real para sí, como la más inobjetable de las realidades corpóreas. De vuelta a la capital tras recibir Del verso y la miel, premio instituido por la Asociación Hermanos Saíz (AHS), en Báguanos, Holguín, accede a amplificarnos su intríngulis, la caja negra donde se procesan los mismos flujos de conciencia que, puestos sobre el papel virgen, se concretan en imágenes presuntamente inversas a lo real y valiosamente literarias. Su alteridad es nuestra, sus conexiones con lo inverosímil son nuestros autos de fe en este mundo sin lógicas.

Imagen: La Jiribilla

¿Por qué la ficción en la realidad de Elaine?

La ciencia-ficción ha sido siempre una parte de la realidad tal y como la entiendo. Alteridad, quizás. O rotulada bajo cualquier otro nombre posible. No podría comprender al mundo sin una mirada que no abarcara lo trascendente, lo otro, lo maravilloso en su concepto más amplio. Tal vez por eso escribo ciencia-ficción y fantasía. He escuchado a algunos creadores que hablan de la escritura como exorcismo, trasgresión, ruptura. Para mí, es mucho más simple: la creación es un acto de despertar la magia que existe en cada cosa. Pienso que todavía escribir puede salvar al hombre de la entropía.

¿Por qué la ciencia-ficción y la fantasía, por encima de cualquier otro género? No creo que sea coincidencia que sean estos los epicentros de toda mi creación. Quizás fue así porque crecí en una familia que me enseñó a ver la realidad como parte de un todo mucho más incognoscible y que, por eso, mantengo ese deseo de explorar lo oculto a través del ejercicio creativo.

Por otro lado, creo también que uno escribe lo que en cierta medida le gustaría leer. Así que lo hago siempre con la esperanza de que exista un desconocido/desconocida como yo que en algún lado del mundo espere por lo que tengo que contarle sobre esos universos que sueño, imagino, comparto.

Por encima de todo, no imagino una vida otra en que no sea una escritora; ni una Elaine escritora que no cree ciencia-ficción y fantasía.

¿Hay alguna relación entre el género que cultivas y la edad del creador? ¿Suscribes que la ficción es más prolífica mientras más joven sea su cultor, bajo el supuesto de que la madurez biológica socava los sueños, la imaginación…?

Honestamente, no creo que escribir literatura fantástica sea un hecho causal provocado por la edad  del creador, como tampoco puedo imaginar –lo comentaba antes- que sea solo una etapa de mi vida como escritora, que deba superar en algún momento si quiero convertirme en una “voz con derecho propio” dentro de las letras cubanas. Sí sé de algunos autores –dentro de ellos, algunos incluso han escrito fantasía en determinado momento- que miran al género desde la altura, como etapa superada y común de una determinada “fase adolescente” del escritor, pero siempre me han parecido opiniones marcadas por cierto sello de oportunismo literario. Yo nací como autora en la ciencia-ficción y no dejaré de escribirla, independientemente de que me interesen otras áreas del acto creador, pero tampoco me preocupa ni me avergüenza que mis contemporáneos o los críticos puedan encasillarme dentro del rótulo de escritora de ciencia-ficción. Porque sí existe la Elaine poeta, narradora realista, de cuentos infantiles y juveniles y hasta la dramaturga pero, siempre primero, la Elaine que escribe ciencia-ficción y fantasía como centro, axis, epicentro, todo.

La relación entre juventud y creación -del género que amo o de cualquier otro- en tanto acto de producción imaginativa, no es necesariamente una constante, sino que varía de acuerdo con el escritor, su capacidad para asumir la madurez como acto de transformación no castradora bajo el criterio de “mayor soy y una literatura más “seria” debo hacer”. Aunque es posible que a muchos les suceda así, o existan otros a los cuales se les acaba esa magia de la cual te hablaba antes y cuyo origen es tan desconocido. Entonces se ven los tristes casos de autores que se despeñan cuesta abajo. Esencialmente, haría falta revisitar la escritura como acto de honestidad del creador con su obra –más allá de la edad, la madurez o cualquier otro criterio: eso ahorraría obras penosas y el sabor metálico de lo socavado que a veces persiste.

¿Qué vínculo existe entre La Khalessi y Elaine? ¿Quién es y por qué La Khalessi?

Comenzó siendo una broma entre los amigos y escritores que frecuentan el taller Espacio Abierto de ciencia-ficción y fantasía. La Khalessi es Daenerys Targaryen, un personaje de la famosísima saga Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin, y que el público cubano conoce mejor por la serie televisiva Juego de tronos. La actriz de la serie y yo, según algunos de mis amigos –otros lo niegan-, compartimos un cierto parecido físico. Aún si no fuera así, una de mis criaturas favoritas de la fantasía es el dragón que, curiosamente, es también el emblema de la Casa Targaryen y, por ende, de La Khalessi. Así que se convirtió en mi seudónimo y mi propio escudo como escritora llevar ese nombre ajeno. Con él, presenté a concurso mi noveleta Salomé y tuve la felicidad infinita de recibir el Premio Calendario 2013 de ciencia-ficción. Es un seudónimo que no utilizo con frecuencia en concursos nacionales, pero que sí ha trascendido entre mis amigos y aquellos que sueñan, como yo, escribir fantasía.

El pasado año obtuviste dos Premios Calendario, uno de ellos en ciencia-ficción, y este después de haberte alzado con similar de literatura infantil, que fuera dado a conocer primero en aquella ceremonia. Tu rostro fue triunfal en ese minuto de anunciación, pero, ¿qué pasaba por dentro de Elaine? ¿Qué emociones quedaban apresadas, sin revelar?

Siempre que recibo un premio siento mucho agradecimiento porque la vida me permite hacer lo que amo y ser reconocida por eso. Aquel día de la premiación del Calendario pensaba sobre todo en mi familia, que me ha sostenido con paciencia y ternura a través de tantos años, incentivándome cuando –en otros concursos- no alcanzaba un premio u obtenía una primera mención (que, tristemente, emociona pero no garantiza la publicación de la obra). Comprendí también que aquellos dos Calendarios iban a significar un giro en mi vida como autora, no radical pero sí nutricio, sobre todo, en cuanto a promoción. Recibí la alegría del premio en ciencia-ficción luego de que esta categoría estuviera cancelada en la convocatoria del concurso por varios años; así que también me correspondió el placer de inaugurar con Salomé el nuevo perfil de la colección. Por encima de todo, estaba muy feliz. No existían muchas otras emociones tras el telón: agradecimiento, alegría y deseos de continuar haciendo más.

¿Qué lecturas y autores –cubanos y extranjeros- influyeron en tu vocación de escribir la ciencia-ficción?

Recuerdo con claridad el día en que decidí escribir este género. Tenía unos doce o trece años y mi mejor amiga había comprado un libro que, según ella, era maravilloso: Sol Negro, de Michel Encinosa Fú. Tanto me gustó que nunca lo devolví –todavía lo conservo entre mis cosas más queridas. Lo leí de un golpe, sin detenerme. Creo que fue un momento de lectura agonizante y posiblemente el más hermoso de mi vida: casi fue epifánico porque entonces decidí que quería escribir ese tipo de literatura y tan bien como ese desconocido (curiosamente, años después, se convertiría en mi amigo y editor). Si tuviera que señalar una influencia vital, iría a esa primera instancia de mi encuentro con Sol Negro y Michel.

Después conocí la obra de Yoss y Daína Chaviano, y ahí acabé enamorándome de la ciencia-ficción perdidamente hasta el día de hoy. Conocí las obras de este género escritas en lengua inglesa y los llamados clásicos mucho después –excluyo a Julio Verne, pues nunca me interesó. Entonces adoré a Úrsula K. Le Guin y sus libros El nombre del mundo es bosque, Los desposeídos, La mano izquierda de la oscuridad; a David Zindell y su Neverness, Orson Scott Card y Maestro cantor; La reina de la nieve de Joan de Vinge, y autores como James Triptee, Hebert y Henlein, Andrea Eschbach, Neal Stephenson, Alfred Bester, George Orwell, Bradbury, el inigualable Tolkien y tantos, tantos otros, que me han demostrado que este género es un acto de escritura de tanto respeto como el realismo, quién sabe si más… Que escribir ciencia-ficción y fantasía iba a ser mi placer, mi zozobra y mi acto vital como creadora.

Curiosamente, mi camino como lectora transcurrió desde lo nacional a lo internacional, y nunca lo percibí como elemento distorsionador ni empobrecedor de mi literatura, sino todo lo contrario. Quizás haya sido así, en gran medida, por la imposibilidad que tiene el público cubano de encontrar buena parte de la mejor literatura de ciencia-ficción y fantasía, más allá de algunos clásicos como Bradbury que aparecen en los estantes de las librerías y algunos pocos otros que a veces lo acompañan. Comencé con lo que tenía a mano –los creadores del patio- y fue una experiencia maravillosa, pues me hablaban desde la cercanía y lo vivencial que compartimos.

Con independencia de esto, creo que el escritor de ciencia-ficción y fantasía no debe solo nutrirse de lo que escriben los de su gremio, sino también abarcar un espectro de lecturas lo más amplio posible, capaz de enriquecer su universo como autor. De ahí que en esa lista de influencias tengo que también señalar a Saramago, García Márquez, Martí, Sartre, Nabokov, Faulkner, Dostoievski, Rimbaud, como los sellos más cercanos que me animaron a escribir y tratar de hacerlo bien.

¿Llegó primero la necesidad de escribir lo que fuera o la sensibilidad por las temáticas ficcionales y entonces después, la posibilidad de expresión a través de la literatura?

La necesidad de escribir fue lo genésico. En otras entrevistas, he comentado que asumí muy en serio mi oficio de escritora desde los siete años. No sé si calificar la literatura como compulsión u obsesión, pues temo se asuma el proceso como patología, y nada más lejano de esa realidad; así que prefiero llamarlo acto vital. Escribo desde niña, así que la creación se me parece mucho a esos procesos naturales que el hombre tiene incorporado como esencia de la vida: respirar o comer.

¿Un mundo sin literatura?: imposible. ¿Mi mundo sin escribir?: imposible también. Los temas y los géneros a cultivar llegaron mucho después, ya con la adolescencia, y se han ido perfilando a lo largo de los años, la madurez y las decisiones profesionales que he tenido que asumir como parte de un –creo- natural proceso de asimilación del oficio.

¿Son tus textos susceptibles de ser llevados a la pantalla? ¿Cómo te ves frente a esa realidad? ¿Como guionista, directora acaso?

 Pienso que toda la literatura –todo acto creativo, en general- es susceptible de ser teatralizado o llevado a la pantalla. En mi actual proceso, es todavía un sueño que en determinado momento me encantaría concretar. Claro que eso atraviesa otras muchas variables que se apartan de la disposición del autor por llevar al cine, la televisión o el animado, su obra: producción, presupuesto, apoyo institucional y, sobre todo, un buen equipo de creadores que se centren en un mismo proyecto con ganas y amor, tan escasos siempre en cuanto a arte se refiere. Al teatro lo veo mucho más cerca, como parte de los estudios que todavía curso en la Universidad de las Artes (ISA). Incluso me he atrevido a dirigir dos lecturas dramatizadas de dos textos míos, pues es una de las pocas vías del dramaturgo joven de ver en escena su obra. Me encantaría asimilar la dirección como parte de mi crecimiento como creadora, fundamentalmente en el teatro y desde la asertividad académica, pues el refrán dicta que “de buenas intenciones está plagado el camino del infierno”: muchas veces, el joven director empírico tiende a destruir la obra que crea. Todo intento es válido, pero no necesariamente feliz, y se necesita volver a incorporar la dirección a los planes de estudios de las carreras artísticas afines. Mucho se ha hablado de eso en el 2do Congreso de la AHS. Me imagino también como guionista, por qué no, aunque comprendo que todo eso me llevará tiempo y esfuerzo que tendré que restarle a mi acto más vital: la escritura.

Ojalá sí, en algún momento, pueda ver mis textos en pantalla, fundamentalmente los fantásticos, pues me interesa el rescate de este género en la producción nacional desde una posición que dignifique, no degrade, a la creación literaria.

¿Un buen libro o una buena película? ¿La realidad de un premio o la ficción de la literatura?

Siempre un buen libro, aunque existen películas –de esas maravillosas- que son capaces de enriquecerte como la mejor literatura.

La realidad de los premios, por más hermosa y gratificante que sea –y lo es, sin dudas, y el que afirme lo contrario se enmascara en la hipocresía-, tiende a no mantenerse como un proceso constante. Puede que un año te sonría y otro no. Vacas gordas/vacas flacas. Y uno, como escritor, tiene que aprender que la balanza sube y baja, y que es imposible luchar contra esa ley de la “física del creador”. Es así, y punto. Así que prefiero agradecer los premios, amarlos, recordarlos y pasar pronto a lo que verdaderamente importa y perdura: escribir.

¿Compartes la tesis de que hay que achacar a la ficción el esfuerzo de explicar los fenómenos paranormales de la vida humana? ¿Qué otra función –a tu entender- tendría entonces?

El que entienda a la ciencia-ficción como literatura de lo paranormal, debería mejor consumir libros de autoayuda o panfletos apocalípticos. El escritor de fantasía no es gurú ni remedo de Nostradamus del siglo XXI. Hablo desde mi experiencia, pero todavía no conozco a un autor de este género que intente explicar lo paranormal desde su literatura o viceversa. ¿Por qué escribimos? ¿Por qué escribo? Porque me gusta hacerlo y porque espero que alguien comparta este acto en algún lugar del mundo que conozco. La literatura debería ser entretenimiento y ayudar –si es que puede y no es esta tarea muy ambiciosa- al crecimiento humano.

El plano esotérico en la actualidad atraviesa una crisis de credibilidad, ¿es translaticio el fenómeno a la literatura de ciencia-ficción?

Como, evidentemente, un fenómeno no se encuentra ligado al otro, la literatura de ciencia-ficción es, en la actualidad, uno de los géneros más leídos. Incluso en Cuba. Los libros fantásticos, literalmente, desaparecen en las Ferias del Libro y de las librerías (al menos, los mejores del género; pero este es un proceso que sucede en toda la literatura, advierto de nuevo). Las editoriales nacionales –una buena parte, no me gusta ser generalizadora- abren sus puertas a los escritores del fantástico, se publican antologías, se crean talleres, se reinstauran categorías en concursos que se creían cerrados… Todo eso atestigua que se ve al género desde una diferente perspectiva que incluye el respeto por la creación en todas sus vertientes, más allá de los conceptos de “literatura marginal”, “escapista” o mainstream. Por supuesto que quedan miradas obsoletas en torno a los que escribimos ciencia-ficción y fantasía, pero siempre es agradable constatar que existen aquellos para quienes la literatura es buena o mala según sus valores escriturales, independientemente del género.

Y la ficción, ¿solo naves espaciales? ¿Dónde están hoy los derroteros del género y cómo disminuir las estereotipadas asociaciones con el cosmos?

Para un lector/autor desconocedores, la ciencia-ficción se reduce a las constreñidas instancias de la nave espacial y el alien. Se prefiere ignorar eso de lo cual te hablaba en la anterior respuesta: la literatura es buena o mala, y el género es solo la catadura por la cual pretenden asirse determinados sectores de la crítica, la creación o el público para ignorar aquello que no comprenden o no les interesa.

Claro que en la ciencia-ficción existe más. Y ese “más” creo que puede resumirse en la sentencia de que es un género que explora las raíces de lo imposible o que existe justo al margen de la posibilidad. Exploración. Intertextualidad. Metatextualidad. Uso de técnicas narrativas. Diseño coherente de personajes. En fin, todo lo que puede existir en la buena literatura de cualquier género aparece también en lo fantástico. Como en todo, habría entonces que saber buscar y decidir qué es lo que se consume o se ofrece al público como muestra de lo valedero o verdaderamente enriquecedor.

En la actualidad, los derroteros del género se han apartado del estereotipo que puede haber primado en determinado momento o en producciones de cuarta categoría demasiado vivenciadas por el espectador/lector. Habría que apartar entonces el velo de ignorancia de algunos que continúan entendiendo a la ciencia-ficción como literatura escapista –en el mejor de los casos- o bazofia literaria; no imponiendo el gusto sino la norma del respeto por la otredad, que tan llevada y traída –olvidada- es. Quizás también incentivar desde una perspectiva institucional el crecimiento y la producción del género no solo en los niños y adolescentes –como bien saben hacerlo en la editorial Gente Nueva, cuna de la especializada colección Ámbar-, sino también en los potenciales lectores adultos. Y tal vez, no temo parecer ambiciosa, incentivar una mayor producción cinematográfica de obras que incluyan lo maravilloso, con una calidad estética que no demerite al género o lo haga risible, como ha sucedido en los últimos años con buena parte de las producciones nacionales que se han atrevido a incursionar en los predios de lo fantástico, con tristes resultados que tienden a deprimir el trabajo digno de tantos.

La vida escritural de Elaine se compone de recurrentes visitaciones a varias de las formas literarias. ¿Qué parte, a la integridad del todo, garantiza la ficción?

Como te decía, es el epicentro. Voy a la poesía, al ensayo, al teatro, a la narrativa realista, pero siempre vuelvo a la ciencia-ficción y a la fantasía: es como retornar a Ítaca después de un viaje maravilloso que me ha alejado de casa. Toda mi creación se nuclea en torno a este género pues es el que me nutre y abre mi espectro como escritora de una forma mucho más inmediata. Como afirmaba, sí, soy poeta, y narradora, y dramaturga, pero siempre seré primero la escritora de ciencia-ficción.

¿Cuál es la estrategia de la escritora para realizar a un público todavía insensible a la ficción? ¿Y para fomentar el número de autores que constituyen el gremio?

Ojalá tuviera una clave infalible para sensibilizar a algunos –público o escritores- que no solo permanecen insensibles ante el género fantástico, sino que lo desconocen y, desde la ignorancia, tienden al rechazo. Existen los talleres literarios especializados que pueden ayudar a que el número de autores del gremio crezca y se perfile el oficio, pero todo esto resulta al menos engorroso si no marcha con un apoyo institucional. De cualquier manera, tengo la certeza de que quienes amamos este género –a largo o corto plazo- terminamos encontrándonos en el camino de la literatura y/o la creación. Sin embargo, creo que el espacio para la realización y el crecimiento del autor tienen que existir, independientemente de un mayor o menor apoyo de las instituciones, en su acto de demiurgia, desde la soledad feliz y enriquecedora de la literatura. Por eso, sigo apostando por la estrategia de escribir, escribir, escribir.

¿Cómo se llama el libro que quisiste escribir, y bien llegó por medio de otro autor o sencillamente no ha llegado a tus días?

Se me ocurren varios títulos de golpe, y ni siquiera he profundizado mucho en la respuesta. Si esto fuera posible, me hubiera encantado escribir la Lolita de Vladimir Nabokov, El señor de los anillos de Tolkien y Cien años de soledad del Gabo. O cualquiera de las obra de teatro de Heiner Müller y Jean Paul Sartre. O toda la poesía de Martí. Pero cuando pienso que, si eso fuera posible, no serían las obras de esos otros que son, en gran medida, mis guías literarios, sino los textos de Elaine, entonces prefiero que continúen existiendo los elfos de Tolkien, la niña terrible de Nabokov, las estirpes condenadas en la tierra para que mi obra – esa sí, la mía verdadera- también pueda cobrar vida.

Los románticos evaden la realidad, los escritores de ciencia ficción simplemente la obvian, la reiventan, ¿con qué fines?

Tal vez los escritores de ciencia-ficción no obviemos la realidad, sino que nos atrevemos a verla con más crudeza y desde el reborde filoso de la inmediatez con la celeridad que otros autores no alcanzan. Reinventamos la realidad. La mostramos en su desnudez escabrosa, esa que los visos poéticos no pueden ocultar. Desmontamos los criterios de civilización y de bien o mal hecho, no desde la catarsis o el exorcismo social, sino con el fin de servir como vía para mundos mejores que el real, más hermosos que aquellos mostrados en nuestra creación. Por la fe en el mejoramiento humano, como diría Martí, pues sin eso –sin el mejoramiento al que puede conducirnos la creación-, ¿qué sería del hombre?

¿Cuál es el misterio de la vida que intenta resolver Elaine con sus libros, verdaderos campos humanos de batallar filosófico?

Es posible que la parte subyacente de mi iceberg literario esté signado por la filosofía y esos misterios de la vida que a todos nos han movido alguna vez en busca de preguntas. Pero no intento develarlos, al menos conscientemente, porque creo que la instancia del desconocimiento es la que obliga al hombre, al creador, a mantenerse en movimiento para restañar la ignorancia con una gota de saber que nunca -¡nunca!- alcanza. Quién sabe si con el conocimiento absoluto se llegue a la inercia y el hombre se encuentre en el camino de la autofagia. Prefiero que mi obra suscite otras preguntas, miles de ellas en un contexto mucho más ambicioso, que permita el nacimiento del ser humano curioso, siempre inconforme, creador.

La ficción más real, ¿cómo la defines? La realidad más ficcionada, ¿de qué depende?

¿Realidad y ficción? Acaso sean la misma cosa, con la única diferencia de que es el hombre quien las hace transitar bajo nombres distintos. Cuando escribo, no hay realidad mejor ni más real que mis ficciones. Y mi vida está marcada –cómo no- por ese otro universo de lo intangible en el cual creo con los ojos del corazón.

¿Qué metas como joven escritora sueles trazarte en la búsqueda de un sitio todavía más singular dentro de las letras cubanas de la ciencia-ficción?

Siempre que escriba desde la honestidad, la buena voluntad y el amor; los sitios y las singularidades dentro de las letras cubanas y de la ciencia-ficción seguirán existiendo para mí. Pienso en la literatura como acto de verdad, de fe y utopía: mi meta es no renunciar nunca a esa esencia, ni ahora que soy una joven escritora de veinticuatro años ni cuando pasen las décadas y llegue quizás la consagración. No renunciar nunca al asombro de la escritura.

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