Selección de poemas

Reina María Rodríguez • La Habana, Cuba

Remordimientos para un cordero blanco

no me puedo librar de ese ojo
que mira desde el cuadro
mis imperfecciones.
toda mi culpa de vivir
y querer
inventándome.
me estoy buscando
y tengo miedo
casi un miedo fanático
de haber sido cómplice
inacabada
porque también sonreí cuando quería matar.
mis mentiras son sueños
agua que no nadé
y este vicio
este vicio de mariposas
un solo día volando sin cesar
luego polvillo oscuro sobre las violetas.

perdóname  ojo de mi cordero adolescente
si en estos años te engañé
y pude ser
diferente.

 

Para cualquier árbol muerto

aquí
antes había un árbol
que quizá dio poca sombra
y alguna vez echó flores moradas
que pisamos sin querer,
antes allí había un árbol
hoy sólo está el tronco
donde me siento a pensar.
el tronco estaba enfermo
y alguien vino y lo cortó.
pero es bueno sentarse en el tronco de un árbol
muerto aún al saber
que no crecerán sus ramas nuevamente
y nunca podremos arrancar
de la tierra
sus raíces.

 

Edgar,  las muchachas y la lluvia

ha vuelto a ser noviembre
y alrededor del ojo profunda otra rayita.
empieza ya el invierno y a veces
no sé dónde guardarme.
tu madre ha sido loca
y de remate amante de cosas imposibles.
no aprendió a cocinar las hormigas
les roban los objetos del cuarto
aún le teme a las tataguas
y al amor.

faltan 20 años o 20 segundos
para que termine el siglo mientras
hacemos amuletos con formas de palomas
que cuelgo en las ventanas contra los bombardeos
20 años o 20 segundos
para que termine este siglo y
sólo te deseo que puedas siempre
admirar las estrellas porque a veces
temo que no podamos contemplar más las estrellas.

tú vivirás en el 2000
y verás árboles cosmódromos mariposas
esa fauna y flora diferente que estamos creando
y vivirás como todos los niños
dentro de un hombre.

pero acuéstate siempre como ahora
entre destornilladores y latas vacías
aunque te asalten las muchachas
y la lluvia.

 

Una silla en lo alto

una mujer se ha sentado en tu silla turca
sin desnudarse
tan sólo allí
cuando sueñas cuando vuelves
de las complicaciones.
una mujer está hecha de esa soledad
que existe entre lo cotidiano y el deseo.
vuela ante el parabrisas
te engaña se detiene
y luego escapa.
para toda mujer hay un trono
en el centro de un hombre
una silla en la conciencia.
yo vivo sobre la nariz entre tus ojos
bajo la frente
sólo tus huesos son cómplices de mi ocio
así los árboles nos traspasan
los colores nos iluminan juntos
y así la muerte nos matará a los dos
boca arriba
entre tus pensamientos
y mi llanto.

edgar las muchachas y la lluvia
ha vuelto a ser noviembre
y alrededor del ojo profunda otra rayita.
empieza ya el invierno y a veces
no sé dónde guardarme.
tu madre ha sido loca
y de remate amante de cosas imposibles.
no aprendió a cocinar las hormigas
les roban los objetos del cuarto
aún le teme a las tataguas
y al amor.

faltan 20 años o 20 segundos
para que termine el siglo mientras
hacemos amuletos con formas de palomas
que cuelgo en las ventanas contra los bombardeos
20 años o 20 segundos
para que termine este siglo y
sólo te deseo que puedas siempre
admirar las estrellas porque a veces
temo que no podamos contemplar más las estrellas.

tú vivirás en el 2000
y verás árboles cosmódromos mariposas
esa fauna y flora diferente que estamos creando
y vivirás como todos los niños
dentro de un hombre.

pero acuéstate siempre como ahora
entre destornilladores y latas vacías
aunque te asalten las muchachas
y la lluvia.

 

Reina María Rodríguez: (La Habana, 1952). Poeta y narradora. Es una de las figuras más importantes de la poesía cubana actual. Licenciada en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de La Habana. Tiene publicados, entre otros poemarios, Cuando una mujer no duerme (Premio Julián del Casal, 1980), Para un cordero blanco (Premio Casa de las Américas, 1984), En la arena de Padua (Premio de la revista Plural, México, 1991 y Premio de la Crítica, 1992), Ellas escriben cartas de amor (Unión, 1999), Violet Island y otros poemas (EE.UU., 2004), Bosque negro (Editorial Extramuros, 2005) y El libro de las clientas (Editorial Letras Cubanas, 2005), así como los libros en prosa Travelling (Editorial Letras Cubanas, 1995) y Te daré de comer como a los pájaros (Editorial Letras Cubanas, 2000 y Premio de la Crítica, 2001). Obtuvo el Premio Italo Calvino 2004 con la novela Tres maneras de tocar un elefante. Entre otros reconocimientos, le fue conferida la Orden de Artes y Letras de Francia, con grado de Caballero, en 1999; la Medalla Alejo Carpentier en 2002, y el Premio Nacional de Literatura en 2013.

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