Eladio Rivadulla: carteles de cine

Carina Pino Santos • La Habana, Cuba

La cartelística cubana de cine es, sin duda, una de las más buscadas por los coleccionistas de arte y siempre exitosa en la recepción por un amplio público que la aprecia casi con el mismo entusiasmo con el que disfruta del séptimo arte.

La historia de la gráfica toda se halla indisolublemente vinculada al origen del cine mismo, algo que recordamos al evocar aquel cartel de Auzolle, con el que se anunciaba la primera muestra de un filme en el Boulevard des Capucines de París, un día de invierno de 1895.

Recién salido de la imprenta, el libro Eladio Rivadulla: carteles de cine (1943-1963) publicado en la colección Majadahonda por Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau nos llega para convertirse en una bibliografía indispensable, resultado de la autoría de Jorge R. Bermúdez, quien ya ha realizado notables aportes en la investigación sobre la gráfica del país.

Ahora Bermúdez nos entrega con este título una valiosa indagación sobre el quehacer de Rivadulla, personalidad íntegra en su ética artística, que destaca por su compromiso político e incansable bregar en la labor del diseño gráfico en la Isla.

Imagen: La Jiribilla
Portada del libro Eladio Rivadulla: carteles de cine (1943-1963)
 

El autor realiza un exhaustivo análisis de los carteles realizados en la técnica de la serigrafía por Rivadulla durante las dos décadas de sus mayores aportes, es decir, entre 1943-1963. El texto es valorativo-crítico sin dejar de ser didáctico, al exponer los rasgos más sobresalientes en cuanto a lo formal y conceptual de la obra de Rivadulla, de quien se apunta que es “la figura que mejor representó el tránsito del cartel cubano de cine del período republicano al revolucionario”.

El especialista ubica al artista en el contexto de su formación académica en San Alejandro, sin dejar de examinar el marco más amplio e inmanente a los cambios vanguardistas de esos años de la cultura artística. Igualmente, clarifica aspectos esenciales en la formación de Rivadulla, como el hecho de su asistencia a estudios con un profesor de la Bauhaus que, emigrado del fascismo alemán en Europa, impartiera clases en La Habana: “Con Wotzkow se le abrió al estudiante de arte otro universo: el de la gráfica de comunicación” –subraya Bermúdez.

En el acápite El despegue continúa ese exhaustivo viaje por la vida y obra del también pintor y periodista cultural, del que destaca los primeros reconocimientos y los mejores ejemplos de carteles a través de un  análisis estilístico, estructural, tipográfico, y compositivo de las principales obras del artista. Asimismo ese rigor del estudioso cubano se manifiesta en el epígrafe El ascenso que enriquece con fuentes documentales en una etapa  que describe como  “un hacer para un decir que llevaba implícito tanto la versatilidad del creador como la voluntad de cambio”.

Se trata de un esfuerzo realmente considerable de Bermúdez en cuanto al estudio de esta figura, ya que el maestro, fallecido en el 2011, fue un creador muy prolífico, trabajó intensamente la ilustración de libros, revistas, sellos de correo, billetes, catálogos, a la par que su registro temático también fue extenso: cultural, deportivo, político, cinematográfico, publicitario.

Insisto en que uno de los méritos de este texto es contextualizar al diseñador de carteles de cine en etapas definidas de la creación de afiches en la Cuba prerrevolucionaria y luego del triunfo de la Revolución.

De esta fase el autor revela la capacidad de Rivadulla para lidiar con la escasez de los primeros años, al igual que su innovador papel en la ejecución de carteles con los pocos insumos existentes, así en el acápite El legado Bermúdez apunta cómo “…con colores oxidados e inusuales realizó mezclas enrarecidas mediante insólitos solventes…”.

Alquimia peliaguda, mas habitual, que otros diseñadores como Rivadulla se vieron también en la necesidad de reinventar cuando se agotó el papel bond blanco y mermaron las tintas durante aquellos años duros, y que, sin embargo, produjo una experimentación hoy excelsamente valorada por coleccionistas y entendidos.

La segunda parte del libro contiene unos Anexos que incluyen la cronología detallada de la vida y obra del artista, un listado de aquellas distribuidoras de películas para las que Eladio Rivadulla diseñó e imprimió carteles en serigrafía desde 1943 y finalmente las exposiciones personales y una selección de las colectivas en las que participara.

Finalmente tres galerías despliegan 172 carteles a color (cuatricomía) que ejemplifican una cartelística ineludible, que se extiende ante nosotros cual repertorio del diseño sobre aquellos filmes anunciados en los afiches de Rivadulla, reproducciones que nos remiten, de paso, a una documentación visual no solo agradable sino interesante para los lectores.

Autor del primer cartel político de la Revolución cubana que imprimió en serigrafía, de súbito, al enterarse de la entrada invicta de Fidel en La Habana el 1ro de enero de 1959, Rivadulla es recordado con justeza en esta edición del Centro Pablo; donde se rememora con excelencia, gracias a la labor del prestigioso investigador que es Bermúdez, a quien fuera Premio Nacional de Diseño Raúl Martínez (l998) y Premio Nacional de Diseño ONDI (2009).

A Rivadulla lo recordamos, además, por su proverbial cordialidad, su formidable saber en el campo de las artes gráficas e inolvidable elegancia, cualidades que persistirán entre nosotros, no menos que su indiscutible contribución a la historia del diseño gráfico cubano.

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