La petaca

ÉL

...ella tiene que saberlo porque si no, no me hubiera mirado con esos ojos que parece que me estaban leyendo por dentro. Se tocó involuntariamente la falsa cajetilla de cigarros sobre el pecho, los ojos de la mujer siguieron sus manos un instante, o él pensó que había hecho ese gesto, y sintió como si la petaca se inflamara y la piel empezó a arderle y le faltó el aire. Cambió el rumbo de las manos y buscó en el estante de los discos sin dejar de mirarla pero ella se alejaba dándole la espalda. Si no quería el disco para qué me lo pidió, tengo que serenarme, ni ELLA ni nadie puede saber nada. Intentó concentrarse en lo que estaba haciendo una nueva clienta, se acercó, se parecía a Rosita Fornés, todas las mujeres rubias se le parecían a Rosita. La rubia pidió ver un disco de Lucho Gatica, siempre quieren un disco de Lucho Gatica aunque no tengan los ojos negros, es como una fiebre. La muchacha pasaba los dedos sobre la fotografía haciendo más lento el movimiento cuando recorrían la boca del cantante. Si no fuera tan flaca se confundiría con Rosita, y pensar que no podré ver el estreno de La viuda alegre, donde seguro va a estar espléndida, como dijo el periódico, ¿o fue soberbia?, no, espléndida, lo dijo Pinelli en la televisión, Rosita estuvo varias veces en la Tienda pero sólo una vez vino hasta aquí, no me acuerdo qué disco quería, la tuve cerca, pude ver sus labios mientras me hablaba, su pelo, que despedía el calor que siempre había imaginado, el calor y el perfume, un olor que no venía de ninguna de las fragancias que conozco, un aroma entre salvaje y tierno, por lo menos eso se me ocurrió pensar. No recuerda ahora el tono de su voz, pero sabe que no se parecía al de la Rosita que él oía por la televisión o por la radio. Cerró los ojos para recuperar la voz de siempre, la de verdad. Cuando los abrió, Rosita seguía frente a él y se rió en su cara; se sintió ridículo y fingió ordenar algunos discos. Siempre había deseado tenerla cerca y ahora quería que se fuera. Mi problema son las rubias, cuando era niño soñaba con Marilyn Monroe todas las noches, siempre era el mismo sueño, yo llegaba volando a una ciudad y la descubría mirando por los cristales de un edificio alto, Marilyn iba desnuda para el baño, envuelta en una toalla que, a veces, era como un abrigo de plumas y otras, una bata de dormir que usó mi madre y que aún está en la casa y que, cuando la veo y la rozo, me parece que estoy tocando su piel, en el sueño, Marilyn siempre tenía los labios pintados y zapatos de tacones altos, rojos, dicen que los hombres no sueñan en colores pero yo veía aquellos zapatos y eran rojos, muy rojos, lo demás era blanco y negro, o gris, pero la boca y los zapatos eran rojísimos. Cuando se volvía hacia la ventana y lo miraba, él caía al suelo, siempre de espaldas. Era una caída larga, como si se deslizara por un embudo pegajoso

y transparente, sin fin. Mientras iba cayendo ya no veía la ciudad sino un lugar cerca del mar lleno de matas de cocos; unas matas se movían mucho por el viento, como locas, otras no. Al despertar, siempre era el amanecer y durante mucho rato le quedaba un susto en el pecho y un desconsuelo en el estómago que no lo dejaba levantarse de la cama. El mismo vacío que siento ahora, pero falta poco, a las seis sonará el timbre como todos los días y la gente empezará a salir de la Tienda. Él sabe que ELLA sería una de las últimas, como siempre. Si se queda, ése es su problema... Rechazó la idea. Desde el primer momento que Mario Pombo le planteó la “misión”, exigió dos cosas: primero, que pondría la bomba al salir para que explotara de noche, con la Tienda cerrada, y segundo,  que la coordinación de todo estuviera a cargo de los americanos o de gente suya vinculada directamente con ellos. “La bomba —le respondió Mario— me la dieron ellos y tiene el poder de cien cocteles Molotov, lo tuyo es ponerla, no tienes que preocuparte de lo demás”. Él había perdido la confianza en los de aquí, eso no se lo dijo a Pombo, pero eran demasiados fracasos. El cerco se iba cerrando, lo sentía, ya no podía caminar por la calle sin pensar que todos los ojos estaban sobre él. Ayer mismo agredió de palabras a un anciano que lo estaba mirando y después sintió una vergüenza enorme porque el viejo, casi con lágrimas en los ojos, le dijo que se parecía a un hijo que había perdido hacía muchos años, que caminaba igual, que tenía su pelo y hasta el mismo genio que aquel Carlos suyo que seguía buscando aunque supiera que era inútil porque él mismo tuvo que enterrarlo. Ese viejo me echó a perder el día, y también la noche porque no dormí nada, qué cabrona casualidad que el hijoeputa se llamara Carlos, no sé si se me nota la falta de sueño, me he lavado la cara tres veces ya, y el cabrón reloj que no

acaba de dar las seis para que toda esta gente se vaya, ¡coño!, todo el mundo decidió venir hoy al Encanto; tranquilo, compadre, deja los puñeteros discos, la gente se va a dar cuenta, mañana sólo encontrarán cenizas y tú estarás lejos; eso no puede fallar, la condición fue ésa, que me sacaran el mismo día, ellos saben, Pombo sabe que yo no me quedo aquí, a mí no me va a pasar como a Eduardo y Dalmacio, que los fusilaron por comemierdas; por comemierdas no, es que esto es al duro y al que cogen le dan palito; es muy fácil desde afuera o protegido por las embajadas, pero aquí hay que jugársela, coño, y jugársela de a verdad verdad, yo estoy convencido de que ELLA no se tragó que era una cajetilla de Edén, fui un imbécil en sacarla, se parece pero a la legua se ve que esto es una petaca llena de explosivos, ¡cojones con el puñetero reloj que no camina!, y ésa quién es, no creo que a Rosita se le ocurra venir a esta hora, ¿por qué carajo dejaron entrar a esa mujer?, si Rosita está aquí yo no puedo meterle candela a la Tienda; si algo falla, mañana estás preso, hágalo o no lo hagas, se lo viste en los ojos, ELLA todavía no lo ha procesado pero la idea le va a llegar, tiene toda la noche para pensarlo, total, el marido anda comiendo mierda y rompiendo zapatos y el otro hijito está con los rusos; esto es comunismo, a mí no hay quien me joda, por eso quemo la Tienda y me voy, ¡coño, no es Rosita!, esta rubia tiene la nariz muy grande, allá ELLA si se queda, cuando llegue el momento yo hago lo que tengo que hacer, si no hubieran puesto la bombita de mierda ahí afuera, hace unos días, todo sería mejor, el petardito ese lo único que logró fue romper unos cristales ahí, en Galiano, y llamar la atención y hacerme más difícil el trabajo a mí; pero no importa, dale, tú puedes, el carro está afuera esperándote, ellos piensan que ese petardito, como tú dices, fue El Atentado y que nadie se atreverá de nuevo, pero tú estás aquí ahora, con la petaca en el bolsillo, no te la vuelvas a tocar, ¡coño!, ¿o quieres que, al final, se den cuenta?; empieza a cerrar que ya el timbre sonó, ni cuenta te has dado que la gente está saliendo, tranquilízate, no saques más el pañuelo que no estás sudando nada, es sensación lo que tienes, vamos, prepárate, ya sabes dónde tienes que ponerla, recuerda, en medio de la ropa, ya no hay casi nadie, no te apures, ¡cojones!, ponla con cuidado, eso es, ahí, nadie te está mirando, cuando reviente, esto se va a volver una locura pero ya tú estarás lejos, no mires más para los lados, pareces un puñetero semáforo dando señales, vuelve a tu departamento; yo no tengo nada que hacer allí; hazme caso, eso no va a explotar tan rápido, camina suave, como si fueras por el parque; quiero salir ya; espera, tienes tiempo, ahora dale, con calma, salúdalos, diles hasta mañana aunque mañana esto va a ser un infierno y te van a estar buscando hasta debajo de la tierra; ese miliciano me miró, me está siguiendo; nadie te está siguiendo; yo creo que el viejo de mierda lo que hizo fue un teatro, está detrás de mí; detrás de ti no hay ningún viejo, es una vieja, y negra, ése es el carro, dale, móntate, no corras, ¡coño!, y no le hables al chofer, él sabe para dónde te tiene que llevar; ya lo hice, ya está puesta, ahorita está ardiendo, esta vez sí no hay quien lo pare, y ELLA está allá arriba, yo sé que está allá arriba, si no baja se jode, ése es su problema; ése es su problema no, tú también te jodes si ELLA se achicharra porque si te cogen, te fusilan; a mí no me van a coger, yo dejé muy claro que esta misma noche me largaba, mañana me entero por las noticias, que vean que yo, Carlos González Vidal, sí sé hacer las cosas, no como esos comemierdas que se dejaron quitar las armas y después hablaron como cotorras; tú te quieres ir porque sabes que si te cogen no tienen que darte ni una galleta para que desembuches todo; yo no soy pendejo, anda, pásate un día entero con una bomba incendiaria en el pecho, que todo el mundo te esté mirando, que te pidan un cigarro y que tú digas que no tienes y, entonces, te miren al bolsillo de la camisa donde se marca la petaca y tienes que volverte un actor y poner cara de disgusto, de tipo que le jode que le piquen un cigarro, cara de que no te lo doy porque no me da la gana, y después pasarte las horas pensando si ese tipo lo comenta y empiezan a sospechar que aquello no es una cajetilla de Edén y vienen y te registran; eso hubiera sido mejor; ¡qué coño mejor!, qué carajo estoy pensando, yo hice lo que tenía que hacer y si ELLA no sale fue el destino, o lo que sea, este carro no corre, por qué coño está dando vueltas por La Habana; tranquilo, ya lo hiciste, el chofer cumple órdenes, no lo mires, no le hables, él no puede saber quién tú eres porque se queda aquí, en la candela, él no se va; que se joda, yo sí me voy, ése fue el acuerdo y a mí tienen que cumplirme; tranquilo, compadre, te están cumpliendo, la máquina estuvo a la hora y en el lugar que Mario te dijo, aquí tienes la linterna, acuérdate de las señales; sí, ya sé, uno largo, tres cortos y dos largos, lo he estado repitiendo desde que me lo dijeron, pero yo quisiera llegar antes que la luz esa, tengo que revisar las pilas y el bombillo; no te pongas a hacer señales dentro de la máquina, no seas imbécil;¿por dónde se metió este tipo ahora, por qué carajo no vamos directo a Baracoa?, la Tienda debe estar hecha un infierno, ELLA tiene que haber salido, seguro salió.

ELLA

...que no me llamen más, que salgan de la tienda antes de que sea demasiado tarde, yo estoy atrapada, tal vez diez minutos antes hubiera podido forzar la puerta de la escalera pero ya es imposible, ¿quién pudo haber hecho esto?... Por más que ELLA piense no va a saber que fui yo y, si al final lo descubre, ya estaré lejos, sentado en algún bar tomándome una cerveza, admirado por todos ...tiene que ser alguien de aquí, algún empleado, pero ¿quién? ¿Martínez? no, es demasiado pusilánime para hacer esto, lo de él es hablar mierda y tirar pullitas, de ahí no pasa. Intenta alejar los cochecitos que empiezan a deformarse por el fuego que sube cada vez más, quiere empujar un estante pero se da cuenta de que está muy caliente, las paredes se hinchan y parecen que estallarán de un momento a otro.

ELLA salió; procura que así sea porque si no, ya tú sabes lo que te espera; seguro salió, me parece estarla viendo ahora dando órdenes. Tal vez fue uno de los últimos compradores, hoy la Tienda tuvo mucho movimiento, ni que fuera Navidad, alguna pelotica de ping-pong, como las que dejaron en las otras tiendas, el incendio viene de abajo, de eso no hay duda, pero qué importancia tiene eso ahora, el caso es que han quemado la Tienda y yo no tengo salida... El edificio es una trampa, ELLA sabe que es una trampa, no va a ser tan boba de quedarse arriba...debimos ser más cuidadosos, el petardo fue un aviso de que algo grande preparaban, pero ¿quién pudo ser capaz?, esto se está convirtiendo en un horno, estoy empapada en sudor, el uniforme se me pega, no puedo respirar; tranquilízate, Lula, tranquilízate, si te desesperas es peor; ¿ÉL?, ¿sería ÉL?, hoy estaba tan raro, parecía un autómata y sudaba mucho, como si no hubiera aire acondicionado... Debe estar ardiendo; ¿qué te pasa?, ya no puedes arrepentirte, lo hiciste, ¿no?, aguántate ahora, este carro no tiene marcha atrás; siempre me pasa igual, hago las cosas y después quisiera no haberlas hecho; como cuando te masturbas en los baños públicos porque el olor a orine, mezclado con la humedad, te excita; eso es distinto, yo no puedo evitarlo; claro que no puedes evitarlo, si las últimas veces sólo se te paró bien cuando pensaste en ese olor, y después querías matar a la muchacha, como si ella fuera la culpable; sí, pero es distinto, yo hice lo que tenía que hacer, yo sí no estoy ciego, yo sé a donde va esto ...cada vez hay más calor, dentro de poco esto será un infierno, los ojos me lagrimean cada vez más, si pudiera volver al quinto piso, a lo mejor allí todavía no hay tanto humo, pero por dónde, si la escalera está bloqueada; serénate, Lula, serénate, a lo mejor los bomberos están por allá abajo, Ada seguro ya sabe que El Encanto está ardiendo, qué hora será, quedamos en vernos a las once, menos mal que Luisa se llevó la ropa de los círculos, ésa, por lo menos, los cabrones no la pudieron quemar, tiene que ser ÉL, se veía como si no hubiera dormido, la frente le brillaba de sudor como si estuviera enfermo y estaba tan pálido, Isora y Luisa seguro pudieron salir, ¿se habrán dado cuenta de que yo sigo aquí?, el piso está ardiendo, lo siento a través de las botas que me están quemando los pies, falta el oxígeno, dicen que cuando el calor es mucho se quema el oxígeno y hasta el aire se incendia. ¿Qué estará pasando allá afuera?, Ada debe estar ahí, y Ravelo y Robin, yo que le dije a Ada que cuando revisara el quinto piso bajaría a comer algo, Ravelo estará reventado después de los sesenta y dos kilómetros, el fuego está llegando a los estantes, no hay nada que hacer, apenas puedo respirar, yo no sé cómo hay personas que pueden darse candela... ¿Qué hora será?, los ojos me arden mucho, cuando le pedí el disco de Los Cinco Latinos por poco se le cae de las manos, Ada se hará cargo de Robin y de mamá, cuando los estantes se prendan será el fin. ¡Claro!, tiene que ser ÉL, si cuando Pepe le pidió un cigarro le dijo que no tenía y se puso blanco como el papel, tiene que haber sido ÉL, ¿qué hora será?, ya el humo no me deja ver su reloj, nunca le pregunté a Elena por qué, en el momento de la foto, agarró aquel reloj de pared, qué ocurrencia, por eso salí muerta de risa, ÉL no hacía otra cosa que mirar la hora, toda la tarde estuvo pendiente de la hora; ¿cómo no te diste cuenta, Lula?, esperó la hora del cierre para poner el explosivo, qué sed, Dios mío, qué sed, tengo la garganta seca y esta sed es desesperante, ahora quisiera ver el mar, sentarme en el Malecón y dejar que las olas me empapen, cuando los niños eran chiquitos íbamos mucho al Malecón, cómo se divertían detrás de los cangrejitos que corrían por el muro, ¿dónde estará aquella foto?, la noticia de mi muerte le llegará a Erik primero que la carta que le mandé hace unos días, es curioso, todo lo que le digo será pasado cuando él la lea, hasta yo también seré pasado, pero tiene que haber una salida; cálmate, Lula, tú sabes que no; ÉL también sabía que no había salida y estará ahí entre la gente, mirando cómo la Tienda se destruye, sabiendo que yo estoy aquí, quemándome, a lo mejor anda huyendo, pero lo van a descubrir, coño, lo tienen que encontrar... Ahora sí vamos para la costa, siento el aire del mar, ya falta poco y ellos me van a estar esperando, tienen que estar esperándome, en cuanto haga la señal van a venir a recogerme, seguro, a esta hora por aquí no pasa nadie, cuando vea la lancha me tiro al mar, en el agua estoy a salvo, ¿por qué coño paró aquí?, bájate ya, camina hasta la costa, apúrate y no preguntes ...María del Carmen tenía razón, ella nunca lo tragó; cálmate, Lula, cálmate y piensa, que el tiempo se te acaba, en cualquier momento el techo se puede venir abajo y tú misma ya no resistes mucho más, tu cuerpo está tan caliente como las paredes y ya no hay sitio en donde puedas estar, todo arde, Lula, todo arde y no hay nada que hacer, cuando las llamas terminen con las estanterías vendrán por ti, no podrás impedirlo, Lula, a tiempo debiste darte cuenta de que ÉL era el enemigo, ÉL, que trató de restarle importancia a las llamadas anónimas, ÉL, que primero se te rió en la cara cuando hablaste de la biblioteca pero después te dio, solícito, el dinero para la escuela de Mayarí... Yo siempre cumplí contigo, todo lo que me pediste te lo di, que no se te olvide, que no se te olvide, ¿habré hecho bien las señales?, yo no veo ninguna lancha...Estaba claro, Lula, pero en tu vorágine no te diste cuenta de que ÉL sabía que todo era inútil porque ÉL quemaría la Tienda, y a ti con ella, Lula, ahora debe estar riéndose, pensando que tú te achicharraste... No, eso no es así, la Tienda sí tenía que quemarla, pero tú estás ahí porque tú quieres, a mí no me culpes ...riéndose no, lo que debe es estar cagado de miedo, ÉL sabe que si lo agarran nadie lo salva del paredón, y lo van a agarrar... Yo no veo ninguna lancha, ¡me cago en mi madre, estos cabrones no pueden haberme embarcado, yo mato a Mario si no vienen!

 ...Erik, ven, que papá nos va a hacer una foto con Robin, aléjate un poco, Ravelo, para que no salga cortada, no te preocupes, Ada, cuando termine de revisar yo bajo a comer algo, recógeme a las once, ¿dónde están las pilas?, la linterna no enciende... ¿qué carajo le pasa a esta linterna? Yo no veo ninguna lancha, ¡me jodieron, coño!, ¡me jodieron! ...Isora, ¿tú me puedes cambiar las pilas? Corre, María Luisa, llévate la ropa de los niños, que la están esperando, acuérdate que mañana la reunión es a las tres, hasta pronto, Juan, nos vemos en estos días, Ravelo, ponte dos pares de medias para que las botas

El 13 de abril de 1961 fue destruida la mayor tienda del país con el empleo de dos petacas de explosivos incendiarios, introducidas desde Estados Unidos por terroristas de origen cubano al servicio de la CIA.

 

Texto publicado en la antología Cicatrices en la memoria, Editorial Capitán San Luis, 2003.

Waldo Leyva: Remedios, Villa Clara, Cuba, 1943. Poeta, ensayista, narrador y periodista. Ha ejercido la docencia universitaria como profesor de Estética y de Literatura Cubana e Hispanoamericana, y el periodismo como fundador y director de revistas culturales, entre las que pueden señalarse: Del Caribe y Letras Cubanas. Es graduado de actuación y dirección teatral; ha escrito obras dramáticas y fue director-fundador del teatro universitario de la Universidad de Oriente. Entre sus obras se encuentran: De la ciudad y sus héroes (1974), Desde el este de Angola (1976), La distancia y el tiempo (Antología, 2002). Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas y forman parte de diversas antologías de la poesía cubana e hispanoamericana. En el año 2010 recibió el X Premio Casa de América de Poesía Americana.

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