Alicia en el “país de los sandinistas”

Sábado, 21 de Diciembre y 2013 (9:19 am)

Agasajada en el mundo entero por el arribo a su noventa y tres cumpleaños este 21 de diciembre venidero,  la principal bailarina de Cuba de todos los tiempos, siempre dispuesta a cooperar con cuanta solicitud artística le formularan, merece un modesto homenaje que contribuya a resaltar sus virtudes, en particular su audacia y valor personal. 

En la Nicaragua de 1979 existían, aun después del reciente triunfo sandinista, focos de somocistas y mercenarios (quienes poco después conformaron la denominada “contra”), los cuales acechaban a médicos y alfabetizadores cubanos que ya ofrecían su internacionalismo en aquellas tierras.

Alicia estuvo allí con el Ballet Nacional de Cuba de gira, a pesar de los innumerables consejos para que pospusiera la gira.  No era la primera vez que obviaba las advertencias sobre lo peligroso de algunas presentaciones suyas. Asimismo hizo antes en el Teatro Metropolitan de  New York, ante la amenaza de una bomba en esa sala, o en Puerto Rico, frente a similar coacción.

Desafiante, apareció en el Aeropuerto Augusto César Sandino de la capital Managua, acompañada de toda su compañía que en aquel entonces también atesoraba a las renombradas “Cuatro Joyas”, Loipa, Mirta, Josefina y Aurora Bosch. Además, para acompañarlas con su piano en la obra “Canción para la Entrañable Flor”, viajó otro consagrado, Jorge Luis Prats.

Se sucedieron vertiginosamente las ovacionadas actuaciones, casi al delirio en Masaya, Chinandega, Granada, Matagalpa y Estelí hasta que tocó turno al Departamento de León, donde nuevamente intentamos persuadirla de no hacer la función que se había planificado llevar a cabo en el teatro local, dado que la contrarrevolución urdía planes para colocar artefactos explosivos.

 Sacó entonces como respuesta una alternativa que nos dejó atónitos, actuar en plena calle, en la avenida principal de la ciudad cabecera. Resultó en vano que las autoridades sandinistas locales le esgrimieran argumentos sobre lo alto de las temperaturas en aquel verano u otros pretextos, allí se desbordó e irradió toda la maestría de su arte y también su entereza y audacia personal.

Con una temperatura de más de 40 grados a la sombra, emprendió un clásico soviético del Ballet Bolshoi “La Avanzada” en el cual culminaba ascendiendo sobre los partenaires, escalando por peldaños humanos hasta colocarse en la cima con una bandera roja y negra del FSLN de Nicaragua que nadie supo nunca de dónde sacó,  en lugar de la roja con la hoz y el martillo de la obra original. Este acto hizo estallar de emoción y reconocimiento al auditorio congregado en número mayor a la capacidad del teatro, al que no se le pudo impedir aproximarse a ella y sus bailarines.

Tanto esfuerzo terminó por desplomarla y a la vista de todos se desmayó, aunque solo brevemente, pues su férrea voluntad se impuso y rápidamente se reincorporó para retornar y agradecer los saludos de la multitud, delirante y frenética con la artista.

 Ya de regreso en Managua para las actuaciones finales, pensamos que todo sería mas pausado, no solo por la situación social más favorable allí imperante, sino también porque presuponíamos que lo extenso y agotador de la gira hubiera dejado ya sus huellas, pues no fue así.

 Los “de pie” en el rústico hotel Las Mercedes frente al Aeropuerto, donde la habíamos hospedado junto con todos los restantes miembros de la amplia delegación artística por razones de mayor seguridad, los ordenaba dar a las siete de la mañana para que todos estuvieran puntuales en los ensayos del teatro Rubén Darío, ubicado en las inmediaciones del lago Managua, único con tiburones de aguas dulces.

 Cuando todos llegaban en los microbuses cerca de las 8:00 a.m. soñolientos y aletargados, Alicia los recibía haciendo ya sus propios ejercicios en las paralelas o contando con sus pasos -ya tenía serias limitaciones en su visión- los espacios que le separaban de sus giros al borde final del tabloncillo del escenario para evitar una caída.

 Una tarde, después de tan agotadora faena, nos sorprendió al pedir que la llevaran al volcán de Momotombo en Masaya, que estaba en perenne ebullición, lo cual le habíamos prometido y no había olvidado. Cuán grande fue nuestra sorpresa cuando, a pesar de su afectada vista, desde el imponente mirador atinó a descubrir los pequeños “chocollos” (cotorritas chiquititas) que increíblemente hacían sus nidos cercanos a la hirviente masa de fuego roja de la lava en las entrañas del volcán. Ahí también se resaltaba su férrea voluntad de imponerse contra los designios de la vida.

 La gira finalizó con una gran gala de lujo a teatro desbordado en el Rubén Darío de la capital, con la presencia del Presidente Comandante Daniel Ortega Saavedra, los restantes Comandantes de la Revolución: Tomás Borge, Jaime Wiloock, Luis Carrión, Carlos Núñez, Bayardo Arce, Víctor Tirado entre otros, representantes del aún diezmado cuerpo diplomático acreditado y un público más conocedor, pero igualmente entusiasta con los reconocidos artistas cubanos.

 Cuando la despedimos al pie del avión, sentí que decíamos adiós a un ser humano incansable, a una artista consagrada, a una mujer valerosa, a una revolucionaria para la que no existen obstáculos.

 

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