Luces del Jazz Plaza 2013

Un coloquio trascendente…. pero sin público

José Dos Santos • La Habana, Cuba

He tomado parte de casi todos los Coloquios organizados en ocasión de los últimos nueve Jazz Plaza y puedo afirmar que el realizado en este festival del 2013 ha sido uno de los más trascendentes y poco concurridos de todos. Y esto último, es una pena.

Al esfuerzo de gente muy dedicada como la musicóloga Neris González Bello y del equipo del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC), encabezado por su presidenta, Laura Vilar, se deben ponencias e intervenciones de alta categoría y mucho valor que disfrutamos unas 20 personas, en momentos de máxima audiencia.

Desde la primera, iniciada con demora en espera de más público, que abordó Ser jazzista en Cuba por parte de Liliana González Moreno, la secuencia de valoraciones y análisis meritaba atención por sus enriquecedoras ideas sobre una materia cada vez más y mejor estudiada.

Evaluaciones musicológicas –excelentes para especialistas- como la que realizó el joven pianista y profesor Pedro Sureda, sobre Procesos de síntesis en la interpretación pianística: Rolando Luna y Harold López-Nussa,  y la de la propia González Bello con La creación jazzística contemporánea cubana. Algunas consideraciones merecerían su publicación a mayor escala que la anunciada Memoria de los Coloquios.

Una primera aproximación a un tema virgen para los amantes del género: El jazz en la producción cinematográfica cubana, de Rosa Marquetti, abundante en datos y sorprendentes muestras audiovisuales, dejó a los asistentes con deseos de disfrutar más que lo permitido por el tiempo disponible, muy poco en general, porque el Coloquio se desarrolló en una sola y muy extenuante jornada.

Hubo ponencias híbridas como la de Onis Yissel Ruiz, destinada a Orquestación y creatividad en la música popular cubana: Joaquín Betancourt y la Joven Jazz Band, porque su presentación tuvo como valor agregado la presencia del propio objeto de análisis, en lo que devino un rico intercambio con los asistentes sobre sus conceptos, experiencias y proyectos.

La presentación de libros y discos, en esta ocasión, no siguieron los caminos trillados de exposiciones eruditas, pero frías.

Fue un lujo escuchar a Marta Valdés narrar con una majestuosa naturalidad sus coincidencias y vivencias que le hicieron respaldar como rotundas verdades lo que Leonardo Acosta escribió en su Siglo de Jazz en Cuba.

Asimismo, tuvo excepcional valor escuchar a Ramadés Giro, un erudito de la música cubana, tanto en ese momento como en el panel dedicado a Grandes de la música afrocubana, en el cual narró episodios inéditos de sus relaciones con Mario Bauzá. O al Premio Nacional de Música Bobby Carcassés, quien valoró los aportes de Peruchín y Frank Emilio Flynn a la música cubana en general y en particular al jazz.

Imagen: La Jiribilla

También fue muy estimulante interactuar con el mismísimo hijo de la leyenda llamada Chico O´Farrill, Arturo, cuya presencia justificó el nombre de internacional con el que se identifican estos tradicionales coloquios. Fue contagioso su entusiasmo por el futuro de la unión de toda la música universal, más allá de ser llamada jazz, o clásica o popular. Y con  la juventud, que ya no sólo es promesa sino realidad, en el campo de la creación musical, como el pianista Alejandro Falcón y el violinista William Roblejo; o parte de los jóvenes creadores del libro Jam Session: La nueva Generación, liderados por su compiladora Carmen Souto, respaldada por estudiosos como Pedro Sureda y Reinier Aldazabal.

De la apretada agenda sólo faltó la clase magistral a cargo de Orlando “Maraca” Valle sobre la flauta en el jazz. Pero fuera de programa, en un movimiento pendular entre los precursores y los encargados de sostener el rumbo del futuro del jazz cubano, estuvo el homenaje a un asistente al encuentro: Joaquín Gilberto Valdés Zequeira

Este mulato delgado, quien cumplió hace unos meses 85 años de vida, es de los fundadores poco conocidos de nuestro jazz.

Cuando Chano Pozo contribuía a la creación del cubop, en New York, junto a Dizzy Gillespie, Gilberto fundaba en La Habana los Cuban Pippers, el primer cuarteto armónico vocal de América Latina que hacía jazz.

Su historia, que merece y será contada de forma independiente, incluye a Los Cavalliers y Los Modernistas, en su versión instrumental, antes de 1959, y luego el Cuarteto Habana, un trío con Bebo Valdés y Pepe Chapotín en Suecia, el grupo de Eddy Gaytán, Rítmica 7 y Cuba 95.

Alejado de la creación musical desde que fue nombrado coordinador general de grabaciones de la EGREM, en 1975, y luego ayudara a fundar Cubartista, este espigado baterista volvió a interpretar jazz en 1998 con el Susan Uncle´s Kool Jazz y en el 2000 funda el septeto Jazz Generation (JG), con el que se mantiene activo.

Por todo ello, a este coloquio sus asistentes le debemos una intensa y enriquecedora jornada y, de hecho, al menos yo, siento el compromiso de hacerla conocer a los que no se llegaron al saloncito vedadense del CIDMUC para que busquen las Memorias de este trascendental coloquio.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato