La enseñanza de la Historia de América Latina en la Universidad de La Habana

Sergio Guerra Vilaboy • La Habana, Cuba

Una de las aportaciones de Manuel Galich a Cuba, cuyo centenario conmemoramos en el 2013, tuvo que ver con la enseñanza y difusión de la verdadera Historia de la América Latina. Desde el establecimiento de su residencia en Cuba en 1962 y hasta su muerte, ocurrida el 30 de agosto de 1984, Galich se desempeñó, junto a sus responsabilidades y funciones en Casa de las Américas, donde desarrolló una brillante labor intelectual, como Profesor Titular de Historia de América en la Universidad de La Habana. Para comprender el significado que tuvo su incorporación al claustro universitario es preciso traer a colación la situación que tenían los estudios de esta disciplina en nuestro país.

Imagen: La Jiribilla

La enseñanza de la Historia de América estuvo ausente en los programas de estudios durante el período colonial, a pesar de que desde 1728 ya existía la Real y Pontificia Universidad de La Habana. Las autoridades españolas no tenían interés en propiciar una disciplina de enorme filo político e inevitable proyección anticolonialista, dado que estaría obligada a desarrollar temas como el de las guerras de independencia.

Ni siquiera la creación de la Facultad de Filosofía y Letras, el 7 de diciembre de 1880, hizo posible la inclusión de esta materia en el curriculum junto a Geografía Histórica, Historia Universal e Historia Crítica de España. Sólo al término de la Guerra de 1895, y en el contexto de la ocupación norteamericana de la Mayor de las Antillas, apareció en 1899 la asignatura Historia de América en el programa de Filosofía y Letras, con el propósito fundamental de inculcar la Historia de los EE.UU. (1)

Para desarrollar la nueva materia universitaria, el Gobierno Interventor norteamericano en Cuba designó, el 28 de diciembre de 1899, al periodista Rafael María Merchán como primer catedrático de Historia de América, al mismo tiempo que disponía que esta materia sustituyera la de Religión en los exámenes de ingreso a la educación superior. (2) Se sabe que Merchán rechazó el nombramiento proveniente de las fuerzas ocupantes extranjeras y se mantuvo fuera del país hasta su fallecimiento en 1905.

En su lugar, le fue otorgada la plaza de Profesor Titular al doctor Evelio Rodríguez Lendían, designado Catedrático de Historia de América por la Orden Militar Número 266 del 30 de junio de 1900. (3) Lendian, quien fue en la práctica el primer docente de esta disciplina en la Universidad de Habana hasta su fallecimiento en 1939, tuvo entre sus auxiliares al puertorriqueño Sergio Cuevas y los cubanos Salvador Salazar, Salvador Massip, Roberto Agramonte y Gustavo Du-Bouchet. (4)

Para sustituir al profesor Rodríguez Ledian fue convocado un concurso de oposición en el que los principales contrincantes fueron Calixto Masó y Herminio Portell Vilá, quien finalmente obtuvo la cátedra por resolución rectoral del 6 de marzo de 1939. (5) Desde entonces, y hasta su ruptura con la Revolución y su salida a EE.UU. (1961) —país al que estaba muy ligado por sus investigaciones y conferencias en universidades norteamericanas, así como por su condición de becario de la Guggenhein Memorial Foundation, entre 1931 y 1935—, Portell Vilá se mantuvo como Profesor Titular de la Cátedra de Historia de América de la Universidad de la Habana.

Bajo su tutela, el programa de la asignatura sufrió reformas y ampliaciones que lo modernizaron e incluyeron nuevos títulos en su bibliografía, muchos de ellos provenientes de la historiografía norteamericana, casi al mismo tiempo que la Historia de América se extendía a algunas otras carreras universitarias y la enseñanza precedente.  Sin embargo, el enfoque liberal positivista, junto a las concepciones entonces en boga —entre ellas la pretensión panamericana de mezclar la historia latinoamericana con la de EE.UU.—, constriñeron el mayor desarrollo de la disciplina, limitada a una narración superficial de los hechos históricos que ponía el acento en acontecimientos de carácter político-militar y pequeñas biografías de destacados patriotas y figuras célebres, considerados factores esenciales en las narraciones. (6)

La llegada de Manuel Galich a la enseñanza superior cubana en 1962, no solo permitió llenar el vacío dejado por el profesor disidente  —H.P. Vilá se prestó desde EE.UU. a los planes más viles contra la Revolución Cubana—, sino también darle un vuelco radical a los objetivos y concepciones con que se impartía la historia continental. La presencia en las aulas universitarias del prestigioso intelectual guatemalteco, en la práctica el tercer catedrático de Historia de América en la Universidad de La Habana, lo convirtió en el fundador de la disciplina tras la Reforma Universitaria y la creación de la Escuela de Historia, impulsada por la Revolución en 1962.

Por primera vez comenzó de manera sistemática a enfocarse la evolución americana —Galich abogó por deslindar claramente la historia de América Latina de la de EE.UU., rompiendo con la vieja tradición que las enlazaba en una sola asignatura— valiéndose del instrumental teórico-metodológico del marxismo y con una proyección revolucionaria, antimperialista y de integración latinoamericana. Un lugar destacado en la Historia de América Latina y el Caribe otorgaba el profesor guatemalteco a las luchas de los sectores sociales oprimidos y, muy en especial, a los pueblos originarios.

La revisión y difusión de la historia latinoamericana no quedó limitada a las aulas universitarias, pues Galich publicó con regularidad artículos y ensayos en la prensa que alcanzaron gran resonancia, como los que regularmente dio a conocer en la revista Bohemia. Lo mismo puede decirse de sus libros, entre ellos entre ellos Guatemala (1968), Mapa hablado de la América Latina en el año del Moncada (1973), El libro precolombino (1974) y Nuestro Primeros Padres (1981), a los cuales imprimió, al igual que la docencia universitaria, de una interpretación científica de profundo sentido latinoamericanista. A su vasta producción intelectual en el campo de la Historia deben agregarse dos libros testimoniales publicados con anterioridad: Del pánico al ataque (Guatemala, 1949) y Por qué lucha Guatemala. Arévalo y Arbenz: dos hombres contra un imperio (Buenos Aires, 1956).

Desde esta perspectiva, también deben mencionarse las compilaciones de documentos sobre Simón Bolívar y Benito Juárez —precedidos de enjundiosos estudios introductorios— y prólogos a varios libros de la Colección Literatura Latinoamericana de Casa de las Américas, entre ellos el Popol Vuh, Anales de los Cakchiqueles e Historia crítica del asesinato del gran Mariscal de Ayacucho. (7) De su última obra, Centroamérica en mi siglo, sólo alcanzó a terminar la primera parte (1900-1930), a la cual subtituló De repúblicas pobres a esquilmadas colonias, y que permanece inédita. También se propuso escribir una historia de América Latina con el título de Crónicas de Nuestra América, de la que al parecer solo nos queda un pequeño fragmento rescatado recientemente por Casa de las Américas. (8)

Mi generación tuvo la suerte de conocer a fines de los Sesenta al doctor Galich, como siempre se le llamaba, en los pasillos y salones de reuniones de la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana, que entonces compartía con la Escuela de Letras y Artes el Edificio Dihigo ubicado en Zapata y G. Entre los estudiantes ya Galich era un mito, no sólo por su destacada participación en la Revolución Guatemalteca, sino también por su impresionante carisma y brillante ejecutoria intelectual. Todavía hoy se mencionan como un referente sus apasionadas lecciones de Historia de América Latina que brindaba en las aulas universitarias.

Las clases de Galich, verdaderas conferencias magistrales sazonadas con su increíble anecdotario, fina ironía y buen humor, eran un derroche de maestría pedagógica marcada por su diáfana proyección latinoamericanista y antimperialista, que fundamentaba en el legado de Simón Bolívar y José Martí, a quienes citaba de memoria en forma profusa. En reconocimiento a la profunda huella que dejó en la formación intelectual de varias promociones de cubanos y sus aportes a la cultura nacional, Fidel Castro en persona lo condecoró con la Orden Félix Varela y la Universidad de La Habana le concedió el título de Profesor Emérito, que Galich agradeció en un sentido discurso que improvisó en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, demostrando por que se le conocía en Guatemala como El Verbo de la Revolución.

De la impronta de Galich, del amor por la patria grande que supo inculcar a varias generaciones de estudiantes y jóvenes profesores universitarios cubanos, así como por su apoyo consecuente a las reivindicaciones de los pueblos originarios de Nuestra América  —decía que él era indígena por osmosis—, salieron sus inolvidables cursos de postgrado sobre Bolívar y el panamericanismo, América indígena, Nacionalismo en América Latina e Historia de Centroamérica. Bajo su influjo surgió en 1974 el Departamento de Historia de América de la Universidad de La Habana, del que fue el alma natural e intelectual hasta su desaparición física.

 

Su brillante ejecutoria intelectual y su magisterio ejemplar, explican que entre los merecidos homenajes y actos de recordación con que los cubanos hemos rendido tributo este año a Manuel Galich, personalidad descollante de la intelectualidad comprometida de Nuestra América y uno de los escritores guatemaltecos más valiosos de las letras latinoamericanas contemporáneas, no ha podido faltar el de sus discípulos. Tampoco el de los nuevos profesores y estudiantes que no lo conocieron físicamente, pero que estudian su obra con admiración y reconocen al fundador de la enseñanza de la Historia de América Latina en Cuba como un verdadero paradigma.

 

       1  Véase José Manuel Pérez Cabrera: Historiografía de Cuba, México, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1962, pp. 321-322.
 2     2  Elías Entralgo: Correrías sobre los elementos históricos de la Segunda Enseñanza en la Cultura Cubana, La Habana, [s.e.], 1941.
        3  Expediente administrativo Número 6001. Archivo de la Secretaria General de la Universidad de La Habana, p. 152.
        4  Véase el expediente citado, pp. 105, 130-179. La llamada Cátedra E comprendía tres cursos: América, Moderna y Contemporánea, aunque esta última se suprimió en 1944.
        5  Al respecto consúltese el Expediente Docente Número 18323 y el Expediente Administrativo Número 7828 en el Archivo de la Secretaria General de la Universidad de La Habana y el texto de Elias Entralgo: Historieta de unas largas oposiciones a Historia, La Habana, Excelsior, [s.f.] .
        6  Véase Herminio Portell Vilá: Informe. Documento del Primer Quinquenio como Profesor Universitario (1939-1944), La Habana, Imprenta Arquimba, 1947.
        7  Cabe también mencionar aquí, entre muchos otros trabajos de su autoría: “Causas internas de una derrota”, revista Tricontinental, La Habana, 1967, número 2 y “Diez años de primavera (1944-1954) en el país de la eterna tiranía (1838-1974)”, revista Tricontinental, La Habana, 1974, número 40.
        8  Manuel Galich: Tierras y aguas del Caribe, La Habana, Casa de las Américas, 2013.

 

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