Cien años de Manuel Galich

Un latinoamericano en su Casa

De muchas maneras se ha recordado este 2013 a Manuel Galich. El guatemalteco, notable por su desempeño político e intelectual en su país, devino también en una figura imprescindible de la Cuba revolucionaria que recibió su contribución, tanto en los espacios y proyectos de la Casa de las Américas como en las aulas de la Universidad de la Habana.

Imagen: La Jiribilla

Maestro de formación, se interesó desde muy joven por la historia. Tempranos fueron también sus vínculos con la política en la que se destacó desde su etapa estudiantil. Sus posiciones en contra de la dictadura de Jorge Ubico Castañeda y su incorporación plena al proceso de la Revolución de 1944 le valieron para desempeñar importantes responsabilidades como parte de los gabinetes de los presidentes Juan José Arévalo, quien lo nombró Ministro de Educación, y Jacobo Árbenz, quien le ofreció, primero, el cargo de Canciller y luego las embajadas de Uruguay y de Argentina, sucesivamente. El golpe de estado de 1954 lo sorprendió en Buenos Aires, iniciándose así un período de exilio que ya nunca terminaría.

A la Casa de las Américas se vinculó en 1961, cuando su pieza El pescado indigesto recibió el premio en la categoría de teatro del entonces denominado Concurso Literario Hispanoamericano. Invitado por Haydée Santamaría, apenas un año después, para integrar el jurado del Premio Casa, se incorporó de lleno a las tareas de la institución, en la que fue primero asesor de la Presidencia y, luego, subdirector, hasta que en 1971 fundó y pasó a dirigir su Departamento de Teatro.

Su conocimiento profundo de la historia y las realidades sociopolíticas del continente le permitieron concebir y apoyar en la Casa de las Américas iniciativas sustentadas en los ideales de integración propugnados por Bolívar y Martí. A su propuesta se debió, por ejemplo, la incorporación de la categoría Literatura Brasileña en las bases del certamen convocado anualmente y con ello su denominación definitiva como Premio Literario Casa de las Américas. Esa misma argumentación, que incorporaba a Brasil y a su cultura, lo impulsó a proponer como primer volumen de la colección Literatura Latinoamericana y Caribeña la novela Memorias póstumas de Blas Cubas (1963), de Joaquim Maria Machado de Assis.

Su aporte fue decisivo en el perfil de esa colección que concibió de conjunto con la cubana Marcia Leiseca, la cubana-dominicana Camila Henríquez Ureña y el uruguayo Ángel Rama. Para nutrirla Galich escribió varios prólogos entre los que se destacan el que presenta los Documentos (1964), de Simón Bolívar, y el que da paso a los textos de su compatriota Luis Cardoza y Aragón recogidos en el volumen Guatemala, las líneas de su mano (1968). Sin embargo, su más notable contribución en este sentido se relaciona con la incorporación a ese canon nuestro de textos fundamentales de la América indígena, entre ellos Anales de los Cakchiqueles (1967), el Popol Vuh (1969), ambos con prólogos de su autoría, y Poesía quechua  (1972), con prólogo de Mario Razzeto.  

Precisamente fue la presencia indígena en nuestro continente una de sus más sostenidas pasiones y a incorporar su legado dedicó dos de sus libros más conocidos, publicados también por el Fondo Editorial de la Casa de las Américas, su selección El libro precolombino (1974) y el monumental Nuestros primeros padres (1979), un enciclopédico esfuerzo de síntesis acerca del devenir y la cultura de los pobladores iniciales del continente, que pudo realizar, según el mismo dijera, gracias a su “doble condición de nativo de uno de los países latinoamericanos con mayor número de nacionalidades indias en su composición demográfica, y de individuo que se ha visto en el caso de vivir en diversos países de la América Latina[1].

En ese volumen Manuel Galich desarrolla avanzadas tesis de impronta descolonizadora e insiste en que el necesario reconocimiento de la autonomía cultural de las minorías indígenas del continente, contrario a lo que se ha pesando desde una visión profundamente racista, ha de contribuir a la consolidación de las naciones; postulado que ratifica su vigencia con la constitución del Estado Plurinacional de Bolivia, al frente del cual se encuentra hoy el líder aymara Evo Morales Ayma.

La revista latinoamericana y caribeña de teatro Conjunto, fue otro de los grandes aportes del guatemalteco a los estudios culturales latinoamericanos. Creada por él en 1964, también en la Casa de las Américas, esta publicación es hoy una de las más antiguas de su perfil en el continente y, sin duda, la de mayor permanencia, lo cual le ha permitido ser una de las principales y más dinámicas fuentes de actualización acerca de los procesos de creación de la escena en nuestros países, así como un espacio permanente para la circulación de textos teatrales inéditos.

No obstante, como dije al principio, la labor de Galich no se restringió únicamente a su trabajo en la Casa de las Américas, pues a sus amplísimas tareas de promoción en la institución cubana sumó una basta producción dramatúrgica integrada por piezas tales como El tren amarillo, Pascual Abah, Míster John Tenor y yo, y otras, especialmente dirigidas a los más jóvenes, entre las que podríamos mencionar: Puedelotodo vencido o el gran Gukup-Cakish, Gulliver Junior y, la más representada entre nosotros, Ropa de teatro.

Relevante también fue, como se sabe, su magisterio en la Facultad de Historia de la Universidad de La Habana, donde realizó una profunda contribución a los estudios sobre nuestra América. De ello dan fe con su testimonio y su obra propia algunos de sus más prominentes discípulos, entre los que se encuentran los historiadores Sergio Guerra Vilaboy, Presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) y Premio Casa 2010, y Alberto Prieto, este último presidente de la Cátedra Manuel Galich con la cual la alta casa de estudios rinde permanente tributo al emérito profesor que supo enamorar a sus discípulos con su oratoria enardecida y militante y con una agudeza inusitada que le permitía prever los rumbos y los virajes de la historia en su devenir y adelantar un futuro que es hoy, ante certidumbre del ALBA y la CELAC, el nuestro. 

Más que jolgorio, el centenario de Manuel Galich ha puesto sobre el tapete aristas menos conocidas de su quehacer y ha obligado a mirar a sus artículos y ensayos, de próxima aparición en un volumen compilado por el investigador Juan Nicolás Padrón. Desde la Casa de las Américas se le rindió homenaje con una redición de Nuestros primeros padres, con la impresión de un texto suyo inédito denominado Tierras y aguas del Caribe y con una exposición con parte de su iconografía. Pero el mejor tributo ha sido quizás el minucioso trabajo de compilación biobibliográfica, realizado por la investigadora Lilliam de la Fuente, quien fuera una de sus discípulas, que nutre el sitio web especial que la institución le ha dedicado. Se listan allí una infinidad de otros textos y varias valoraciones sobre su obra que abren, a cien años de su nacimiento, múltiples perspectivas para un abordaje más integral de su producción intelectual, la cual de seguro no dejará de imantar nuevos proyectos, y no solo en Cuba, sino también en Guatemala donde su espíritu rebelde tiene aún muchas batallas que librar.



[1] Manuel Galich: Nuestros primeros padres, Casa de las Américas, La Habana, 1979, p. 412.

 

Comentarios

Son artículos muy interesantes y necesarios, para que no olvidemos a las grandes eminencias que han aportado al desarrollo literario de Guatemala.

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