Cultura Comunitaria

Un espacio para lo artístico

Aline Marie Rodríguez • La Habana, Cuba

Las casas de cultura, en palabras de Anilia Moreno Autié, Presidenta del Consejo Nacional de Casas de Cultura, constituyeron, “desde sus inicios, el espacio que tenían las personas, en cualquier localidad del país, para realizarse desde lo artístico. Propiciaba el acceso a lo mejor del arte y la cultura”. 

El triunfo de enero de 1959 marcó, sin dudas, un punto de inflexión en la historia de la nación cubana. Durante casi cinco siglos la Isla había estado sometida, primero a la metrópoli española y luego a la dominación norteamericana. Comenzaba entonces una Revolución social que abreviaría en semanas y meses los procesos que, en tiempos normales, hubieran tardado años.

El sector cultural no estuvo ajeno a las disímiles transformaciones que ocurrieron. Con la creación de las casas de cultura, el arte y la literatura dejarían de ser una práctica elitista y encontrarían cabida en cada barrio y comunidad de la Isla. A propósito del aniversario 55 del triunfo revolucionario, Anilia Moreno Autié, Presidenta del Consejo Nacional de Casas de Cultura, revisita la historia y propósitos fundacionales de estas instituciones.

¿Cómo enfocó la naciente Revolución Cubana el desarrollo de la cultura a nivel comunitario?

La mayor obra cultural de la Revolución fue la Campaña de Alfabetización. Esta labor continuaría con la creación de un grupo de instituciones emblemáticas, que se mantienen hasta el día de hoy con gran prestigio en el sector artístico e intelectual, como el ICAIC, la Imprenta Nacional y la Casa de las Américas.

Aparejado a ello y relacionado con el trabajo cultural con las grandes masas está la formación de instructores de arte. Luego de la primera graduación, en 1961, su trabajo en los campos y en las montañas fue altamente reconocido. En aquel momento, debido a las condiciones en que se encontraba el país, se trataba de priorizar el acceso de la población a la cultura y, en ese sentido, los instructores llevaban la cultura a los lugares. Años más tarde, cuando se crean las diez instituciones básicas de los territorios, se fundan las casas de cultura.

¿Qué se proponen las casas de cultura?

Desde sus inicios, la casa de cultura se convirtió en el espacio que tenían las personas, en cualquier localidad del país, para realizarse desde lo artístico. Propiciaba el acceso a lo mejor del arte y la cultura. Era el lugar donde una gordita podía bailar y eso, desde el punto de vista de la creación artística, puede ser criticable, pero para la calidad de vida y el enriquecimiento espiritual tiene una connotación que no ha sido lo suficientemente apreciada.

Además, siempre han tenido dentro de sus funciones el trabajo de salvaguarda de las tradiciones. Antes de que la UNESCO acuñara el término de patrimonio inmaterial trabajábamos con lo que denominamos expresiones y manifestaciones de la cultura popular-tradicional. Contamos con más de una veintena de grupos portadores de tradiciones, que mantienen vivas por generaciones prácticas de origen africano, hispano, anglófono y francófono.

¿Cómo valora el papel desempeñado por los instructores de arte durante todos estos años?

La formación de los instructores de arte, al calor de la Batalla de Ideas, permitió contar con ese gran ejército que tenemos hoy en día en el país. Ellos constituyen la fuerza técnica fundamental, porque la institución casa de cultura es de docencia y servicios culturales. Los instructores imparten talleres de creación, de apreciación y, a partir de una programación de actividades, el objetivo es educar el gusto estético de las personas.

En la capital del país es difícil apreciar, en toda su magnitud, la labor de las casas de cultura, pues la competencia es muy fuerte. Aquí están todas las instituciones de creación artística de carácter nacional y las agrupaciones más emblemáticas. Pero, en muchas localidades del país, como Buey Arriba y el Escambray, la vida cultural se mueve alrededor de la casa de cultura. Esa es la razón por la cual estamos constantemente preocupados por mejorar la calificación técnica del personal que allí labora.

¿Cuáles son los retos que enfrenta el trabajo de las casas de cultura en el año que recién comienza?

Son millones y, además, abarcan una gama amplísima. Uno de ellos es lograr reparar las casas de cultura y dotarlas de los recursos necesarios para la labor de los instructores.  

Todavía nos falta trabajar mucho para que el instructor sienta que su mayor obra de creación es formar una unidad artística. Esto no sucedía con los instructores de las primeras graduaciones. Pero, una tendencia actual es que ellos priorizan su participación individual en agrupaciones, antes de su labor de atención a una unidad artística del movimiento de artistas aficionados.

También luchamos porque las casas de cultura se conviertan en instituciones donde realmente se respire cultura. Ello no quiere decir que se parezcan a las instituciones de La Habana, sino que cada una sea reflejo de su localidad.

¿De qué manera pervive la esencia fundacional de las casas de cultura?

Desde su origen hasta la actualidad su idea fundacional se ha ido modificando. Si antes llevaban la cultura a los lugares hace mucho tiempo que se trata de gestionar la cultura que portan esas comunidades.

Contribuir a la vida cultural de las comunidades, con la programación que organizan; enriquecer el espíritu de las personas, con la práctica de una manifestación, y trabajar con los niños, conociendo la importancia de la apreciación del arte y la literatura en las primeras edades, son empeños de nuestras instituciones en todo el país.

El hecho de que persistan en el tiempo, a pesar de las carencias y calamidades, además de que las comunidades la sientan como suya es lo que ha permitido que sobrevivan y que todavía existan lugares donde las personas reclamen que se les cree una casa de cultura.

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