Artes Plásticas

Culpable del caos, una apuesta por la paz

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Para el joven escultor Jessel Rodríguez Lobaina, el 2014 ha comenzado de manera excelente: entre los meses de febrero y marzo participará en una Feria Internacional de Arte y Diseño a realizarse en París y en el segundo semestre expondrá una muestra personal titulada Culpable del caos en la Sala Transitoria del Memorial José Martí, en la Plaza de la Revolución.

Jessel Rodríguez, quien es graduado de Ingeniería Naval y desde la temprana edad de 16 años trabaja la madera, aseguró en conversación con La Jiribilla que tituló así la muestra porque empleará la bala M-16 —en sus diferentes variantes— como recurso para enviar mensajes de paz: “esta exposición es un canto a la paz y un llamado a la conciencia para evitar las guerras que a nivel planetario se suceden. Vivimos, también, un momento de diálogo y no hay que llegar necesariamente a la fuerza, a la confrontación armada, para alcanzar acuerdos. Creo que estamos en tiempos de negociar porque la humanidad lleva décadas de guerras que no han conducido a nada”.

Imagen: La Jiribilla

Culpable del caos incluirá cinco esculturas, dos instalaciones y cuatro pinturas  porque —aunque no se considera un pintor—, está comenzando a acercarse a esa especialidad: “creo que ese proceso forma parte de la auto exigencia que uno se impone en la medida que madura como artista”. Al mismo tiempo confiesa que siempre lo atrajo el mar y que “por hacer realidad el sueño de sus padres estudió una carrera universitaria”, pero su vocación ha sido el arte.

¿Por qué la madera? 

Cuba posee muchos árboles maderables —el 80 porciento de la madera cubana es preciosa—; es un material que tiene mucha fuerza y es un soporte excelente para materializar lo que busco con mi obra.

¿Trabaja exclusivamente con maderas cubanas? 

Sí, aunque a veces he empleado algunas importadas.

¿Cuál es su preferida?, ¿cuál considera que tiene mayor encanto?

Me gusta el ébano y también el caguairán—al que popularmente se le dice ‘quiebra hacha’— porque es una madera que se presta para lo que quiero lograr con mi obra y, además, posee muchos valores intrínsecos por las hermosas vetas que tiene, a pesar de ser sumamente dura. El caguairán es excelente para realizar piezas duraderas.

Imagen: La Jiribilla

Y el hecho de ser una madera tan dura, ¿no complica el trabajo?

Obvio que sí: acaba con las herramientas, pero el resultado es de alto valor estético.

¿Por qué etapas considera que ha transitado?

En los inicios me incliné por el arte figurativo. El empleo del dibujo es determinante para lograr la tridimensionalidad, pero sinceramente me di cuenta que eso exigía mucho para que la obra quedara perfecta. Esa realidad me motivó a acercarme a otros artistas; trabajé con varios y fui tomando de todos hasta que logré sentirme cómodo abordando temas abstractos. Fui probando hasta encontrar mi propia línea de trabajo, inspirada un tanto en la década de los años cincuenta. El arte concreto y el constructivismo fueron mis pilares y consolidaron mi manera de expresión.

Hace unos meses en la Galería Carmen Montilla, de la Oficina del Historiador, se expuso una muestra personal suya, ¿qué de particular tuvo esa exposición?

Esa muestra parte de una inquietud que sentí hace unos años y que tiene que ver, directamente, con el mar. Como adoro los peces quise hacer un fuerte llamado de atención para que se tome real conciencia de lo que significa verter desechos químicos y otros productos tóxicos al mar. La exposición trató sobre animales que habían mutado genéticamente producto de la absorción de los desechos perjudiciales arrojados al agua.

Recuerdo un caballito de mar o hipocampo muy sugerente… 

Esa pieza, que es sinusoide, la hice con una madera que puede ser doblada y permite ciertos rejuegos de formas. Esa muestra fue inspirada en animales del medio marino, pero a partir de mi mirada, de una visión muy  particular. En esa muestra hubo varias piezas que fueron difíciles de lograr en cuanto al equilibrio debido a los calados que poseían.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué formato prefiere?

He realizado escultura de gran formato y creo que es un reto, aunque en estos momentos me siento más inclinado hacia las dimensiones medianas y pequeñas porque considero que tienen menos limitantes en cuanto al espacio. No obstante, el arte no tiene que ver con las dimensiones sino con los mensajes que se quieren transmitir y la calidad con que se haga.  El gran formato no es sinónimo de mejor; con pequeñas piezas se pueden lograr resultados muy satisfactorios. Conozco la obra de algunos miniaturistas que es excelente.

Hay muchos pintores que con el tiempo devienen escultores, en su caso, parece, que es al revés.

No hay una relación directa entre la escultura que hago y lo que pinto. Cuando uno comienza a sentirse artista es como un redescubrirse constantemente y uno se exige más y más; percibir  esa inquietud es importante porque te esfuerzas para obtener mejores resultados.

Haciendo un apretado recorrido por su quehacer uno percibe que lo último que está produciendo es como algún tipo de ensamblaje a partir de técnica mixta…

En la técnica mixta me he apoyado siempre; uso varios recursos porque considero que para que la obra crezca no puede tener fronteras. Es por eso que fusiono acero inoxidable, mármol y madera. Ando sumergido en el llamado constructivismo. Cuba es un país rico en arquitectura y merece que  nos acerquemos a aspectos que, en la década de los años 50, hicieron que un grupo importante de artistas se inclinara hacia ese movimiento, que también fue conocido como ‘los concretos’. Siento que es una vuelta en la espiral.

Los pintores utilizan los colores para expresarse. Me doy cuenta que en la escultura que realiza se va componiendo a partir de las vetas de la madera ¿es así?

Asumir el constructivismo amerita que se haga desde las maderas cubanas, que son preciosas. Lo que intento hacer es un rejuego de formas con diferentes maderas sin abusar de los recursos; piezas que, aparentemente, son simples tienen una gran complejidad. El término constructivismo aparece por primera vez como algo positivo en el Manifesto realista de 1920 del ruso Gabo Diem. El estudio de esa corriente me ha llevado a asimilarla.

Su obra en general es muy minimalista.

Esa es la intención: no abusar de los recursos porque a veces uno complica una pieza intentando que sea más agradable a la vista y el resultado es todo lo contrario. A mí me ha sucedido: he realizado obras que por recargarlas no he quedado satisfecho; a partir de la  simplicidad se llega más hondo.

La Habana, ¿motivo de inspiración?

Siempre lo ha sido. La Habana es centro y protagonista de muchos sucesos importantes desde el punto de vista sociopolítico y cultural: soy habanero y la ciudad siempre me ha inspirado y ha sido fuente para muchos creadores, no solamente de las artes plásticas sino de otras manifestaciones.

Si tuviera la opción de trabajar con madera de cualquier parte del mundo, ¿cuál elegiría?

El ébano es una madera que se presta mucho para lograr efectos, sobre todo cuando se conjuga con el acero inoxidable, que es un recurso que empleo con frecuencia en mis esculturas: ese diálogo funciona muy bien. 

¿Sueños?

Todos tenemos inquietudes. Persigo una fusión cohesionada de varias corrientes artísticas, y como creador cada día me esfuerzo más. Ese es mi sueño y mi realidad.

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