Selección de poesía

Ella pasó cantando

 

En mi cabeza había

blanca nieve de invierno.

De tantas primaveras

mustio estaba el ciruelo.

Ella pasó cantando

bajo el ramaje seco;

en sus ojos ardían

rosas de sol y fuego.

Ella pasó cantando

bajo el ramaje seco;

lo tocó, y en milagro

de iluminados pétalos

brotó la primavera

en el nevado invierno.

 

Canto a mi martillo

 

¿Cuándo te cansarás

de golpear inútilmente

sobre tu duro piano de hierro?

Harto de tu cantar,

un día te arrojaré a la fragua

para hacer un juguete.

Eres fiel a mi vida,

mi hermano y compañero desde niño:

tu golpear fue mi canción de cuna,

contigo, en la esperanza y la fatiga,

he forjado la dura cadena de mis días

con largos eslabones de miseria.

Camarada en heroicas batallas del trabajo

que sobre el yunque dócil golpeando, golpeando,

golpeando,

doblegas el acero con recio canto entre las llamas;

repujas, recalcas, remachas,

forjas la rueda, la palanca, el puñal;

pero, aunque eres útil y fuerte,

un día te arrojaré a la fragua

para hacer un juguete.

Estoy enamorado de ese mágico espejo,

alargado y cortante,

que usan los hombres en la boca de sus fusiles,

y en donde se reflejan los astros , la mañana, el universo,

en bárbaros crepúsculos de sangre.

Y como de niño nunca supe de juegos,

ahora quiero reír, cantar, clamar también

con un grito más hondo y humano,

frente a esos hombres recios que juegan a la muerte:

¡Alto! ¡Alto! ¡Alto!

Y que mi grito quede

clavado en el inmenso corazón de la tierra.

Pero como tú eres dócil y humano,

laborioso y pacífico,

y tu canto de amor y justicia es inútil,

para hacerme ese duro cristal de acero que todo

lo refleja,

un día te arrojaré a la fragua...

¡y te haré bayoneta!

 

Prometeo

 

¡Pesa sobre mi vida, lejana, una tristeza

de no sé cuántos siglos! No sé qué ley atávica,

igual que a Prometeo, vencido me encadena

a un dolor milenario como a la roca trágica.

¿Refleja mi existencia pesares primitivos

que vienen de la oculta raigambre de mi raza?

¿De qué oscuro y remoto pasado que yo ignoro

llega a mi alma esta noche de angustia hereditaria?

¿Algún mi antepasado robóle el fuego al cielo?

¿De dónde mis tristezas e inquietudes amargas?

Pienso que en mí se cumple de un dios fatal castigo,

que aún saciará en mi sangre futura su venganza...

y estoy sobre la vida como el héroe titánico

en la roca, sintiendo deshechas mis entrañas.

Salmo de las pupilas místicas

 

Hoy tengo mis pupilas plenas de cosas bellas;

sólo por mis pupilas hoy he sido en la vida;

he visto sobre el cielo desnudas las estrellas,

y aquí, bajo los cielos, la tierra prometida.

Gracias te sean dadas, Señor, en las alturas,

por haber hoy mis ojos colmado de belleza;

por haberme llenado, Señor, de cosas puras,

embelleciendo mi íntimo paisaje de tristeza.

Por la pureza casta de mis pupilas buenas

-santas eucaristías de ensueño y esperanza porque

les diste hoy místicas alburas nazarenas,

en gracia a tus bondades, Señor, a Ti alabanza.

Sueñan sobre mis ojos cosas crepusculares;

deslumbramientos de oro, de púrpura suntuosa;

ensueños luminosos de mundos estelares,

y una visión más alta, Señor, de cada cosa.

Sonrisas, luz, perfumes y amor; todo he sentido

llegar a mis pupilas en armoniosas ondas;

y en un fluido etéreo mi yo se ha diluido,

y ha sido así partícula de cosas altas y hondas.

Como en Moisés, mis ojos estallan en promesas

de óptimos frutos, ricos en jugo y en dulzura;

y es Canáan, la tierra de amor y de belleza,

que surge ante mis ojos radiantes de ventura.

Pero yo sé que el claro Jordán que a mi alma asombra

no habrá de eternizarse, lustral, en mis pupilas;

pronto el destino oscuro, como un cielo de sombra,

enturbiará las aguas piadosas y tranquilas.

Por la negra amargura que les será el mañana,

Señor, cuando no miren la tierra prometida,

concédeles que puedan en su tristeza humana

el ver interiormente también bella la vida.

Concédeles la blanca visión de estos instantes

ya que en el mundo adversos les son amor y suerte;

por todas las miserias que tanto vieron antes,

y que verán quién sabe, Señor, si hasta la muerte.

¡Porque me diste hoy éxtasis de amor y de esperanza,

en gracia a tus bondades, Señor, a ti alabanza!

 

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