Tramposos uniformados

El Mundo • España

Policías y bomberos fingieron traumas por el 11-S para cobrar

Decenas de policías y bomberos de Nueva York simularon sufrir trastornos mentales relacionados con el 11-S para conseguir indemnizaciones públicas. Son parte de los 106 acusados dentro de un fraude a la Seguridad Social que puede alcanzar los 400 millones de dólares (casi 300 millones de euros), según el fiscal del distrito de Nueva York.

Durante casi tres décadas, un abogado, dos policías jubilados y un consultor prepararon a cientos de personas para que se presentaran a pruebas psicológicas con los síntomas típicos de la depresión.

Siguiendo sus consejos, decenas de policías y bomberos de Nueva York repetían cada año frases idénticas en los exámenes oficiales: "Me paso el día dormitando", "soy incapaz de hacer cualquier tipo de trabajo dentro o fuera de la casa", "me paso la noche despierto", "tengo siempre la televisión encendida para que me haga compañía".

Entre los 80 policías y ocho bomberos acusados este martes, cerca de la mitad utilizaron el 11-S como parte de sus problemas y solían insistir en su miedo a los aviones o a entrar en rascacielos.

La mayoría aseguraba que no tenía ninguna relación con familiares y amigos y que no podía salir de casa. Pero después tenía una vida muy activa con miles de dólares al año de ayudas públicas.

"Di tienes un ataques de pánico"

Según el procesamiento presentado el martes, "uno de los acusados pilotaba un helicóptero, otro jugaba al 'blackjack' en Las Vegas, otro trabajó en un puesto de 'cannoli' del festival San Gennaro en Manhattan, otro conducía una moto de agua y otro enseñaba artes marciales".

Algunos acusados presumían de su estilo de vida en Facebook o en YouTube. El fiscal de Nueva York, Cyrus Vance, mostró las fotos de algunos de los que decían no poder salir de casa por los efectos del 11-S: Glenn Lieberman, un policía jubilado, en su moto acuática y mostrando desafiante dos dedos hacia arriba, o Richard Cosentino, otro policía que decía no poder salir a la calle y que colgó una imagen en Facebook entusiasmado con el pez que había capturado en una de sus salidas en barco.

En conversaciones telefónicas grabadas con autorización judicial, uno de los gestores del timo, Joseph Esposito, policía jubilado, aconsejaba a una aspirante escribir con errores e insistir ante el psicólogo público en que no podía concentrarse.

"Cuando hables con el tipo, no lo mires directamente...Tienes que intentar demostrar que estás deprimida, que no puedes, que no tienes ganas de nada. Y, si puedes, haz como que tienes ataques de pánico", decía Esposito, según la transcripción de la conversación en el auto.

Varios de los receptores de ayudas aseguraban no poder trabajar, pero se habían pasado al sector privado mientras seguían cobrando indemnizaciones públicas por su inestabilidad psicológica.

Los pagos dependían de cada caso, pero de media cada beneficiario se llevaba entre 30.000 y 40.000 dólares al año (entre 22.000 y 29.000 euros).

Algunos de los acusados cobraron casi medio millón de dólares. En total, los acusados recibieron 21,4 millones de dólares (15,7 millones de euros).

El fraude empezó en 1988 y la Fiscalía de Nueva York cree que puede haber hasta un millar de personas implicadas que han conseguido ilegalmente hasta 400 millones de dólares (casi 300 millones de euros) en ayudas.

El fiscal Vance destacó en particular la "explotación" del 11-S y el "cinismo" de los que utilizaban el sufrimiento de otros.

"Han deshonrado a los servicios de emergencias que sirvieron a la ciudad a expensas de su salud y de su seguridad", se quejó.
 

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