Selección de cuento

¡Nosotros solos!

(Sinfonía en acero)

Brillaba el sol y el viento dormía…

La tarde anterior el vagón de reparaciones había llegado para recomponer la vía en dirección a Omaha, y aprovechando que estábamos en tiempo muerto, el capataz pidió permiso para situarlo en el chucho que tenía en La Francia el transbordador de la caña y de esa manera no tener que retroceder hasta Mir, a seis kilómetros del trabajo.

Bien temprano, los guerreros del trabajo, con los picos y las mandarrias al hombro, emprendieron la caminata y poco después se encontraban doblados sobre el fulgor de los raíles colocando polines.

Fue en este momento en que los contemplé por primera vez. Era un enjambre de hombres poderosos. Representación de varios pueblos y un solo vigor. Entre la treintena muchos eran gallegos de ojos azules y pelo rubio; pero había también algunos que revelaban ser levantinos a juzgar por la tiniebla de los ojos y la noche tempestuosa de la cabellera; y mezclado con los má