Nacionalismo y marxismo en Villena

Juana Rosales • La Habana, Cuba

Primeros momentos de la formación ideológica de Rubén Martínez Villena: influencia del nacionalismo liberal reformista

Entre los factores determinantes en la formación inicial del brillante intelectual y luchador revolucionario Rubén Martínez Villena (1899-1934), cuyo 80 aniversario de su muerte estamos conmemorando, hay que destacar el medio familiar de intelectuales en el cual se desarrolla. Natural de Alquízar, pequeño pueblo de agricultores en la provincia de La Habana, Rubén nace en 1899, en un hogar modesto a pesar de sus antepasados de abolengo por parte de su madre, Dolores M. de Villena y Delmonte, mujer culta y delicada. [1] La influencia de un maestro e intelectual nacionalista como su padre, Luciano Rogelio Martínez Echemendía fue muy importante en la formación de Rubén. Hombre de carácter enérgico, trabajador inagotable, Martínez dedicó toda su vida a la enseñanza. [2]

El influjo de una educación donde la cubanía y el rescate de las tradiciones nacionales, se constituyó en certera contra respuesta a la cultura y educación oligárquica y proimperialista oficial, constituyó el punto de partida para un desarrollo revolucionario ascendente que tuvo su primera guía en el pensamiento de José Martí y en la historia patria.

Imagen: La Jiribilla

Como estudiante universitario (1916-1922) comienza a expresar sus desvelos por la situación existente, lo cual expresa en los versos que escribe elogiando las gestas independentistas y los patriotas del mambisado revolucionario. La cosmovisión de Villena en esta etapa inicial es afín al universo de concepciones liberales nacionalistas en que se ha educado: las ideas expuestas acerca de la revolución expresan un pensamiento en evolución que inicialmente privilegia una vía romántica del cambio social, cuyo punto de partida fue la reforma del sistema de gobierno y el antinjerencismo y el antiplattismo. Tales concepciones se expresan en la lucha contra la corrupción administrativa, por la reforma educacional, donde preveía que el principio de la virtud doméstica de los gobernantes sería el determinante para regenerar la patria y la sociedad.

En Villena influye fundamentalmente el movimiento de rechazo a la dominación y a la permanente intervención yanqui, en el que participan de manera activa intelectuales y pensadores políticos procedentes de las filas independentistas, que se vinculan a la vida política en diferentes instituciones, en su mayoría de origen pequeño burgués, imbuidos de ideas liberales de tono positivistas. [3]

Se trata de la corriente de pensamiento más influyente en la evolución de la autoconciencia nacional hacia posiciones cada vez más avanzadas, en el contexto de los ideales nacional liberadores y de emancipación humana, en las dos primeras décadas republicanas, en lo que para algunos autores, concierne a la transformación del antianexionismo en antinjerencismo y antimperialismo. [4] Tal posición se expresa en la denuncia de las transgresiones del derecho internacional, las consecuencias económicas de la intervención y el análisis del fenómeno imperialista desde una óptica socio filosófica, pero en los marcos de la tesis de que sólo la “virtud doméstica” y la evolución de la sociedad cubana podían conducir a la plena independencia, mediante la lucha parlamentaria, sin la “peligrosa” interferencia de acciones populares ni de organizaciones clasistas o etnoculturales que podían acarrear disturbios que sirvieran de pretexto a nuevas intervenciones militares.

Figuras como José A. Ramos, Carlos Loveira, Miguel del Carrión, Manuel Márquez Sterling, Vidal y Morales y Morales y Enrique Collazo, entre otros, denunciaron el creciente resquebrajamiento moral y se pronunciaron por la regeneración patria y la implementación de reformas democrático-burguesas frente al estado de frustración existente tras la imposición de la Enmienda Platt, a lo cual se sumaba la corrupción de los gobiernos republicanos.[5]

Dentro del mismo universo ideológico y político, otros pensadores como Enrique J. Varona (1849-1933) y Manuel Sanguily (1848-1925) junto a figuras como Juan Gualberto Gómez (1854-1933), Salvador Cisneros Betancourt (1828-1914) y Julio César Gandarilla (1888-¿) tenían una posición más precisa y radical, en tanto reconocía con sus diversas gradaciones, la peligrosidad de la penetración económica y la dependencia política de los EE.UU. en los asuntos cubanos.[6]

Otra de las influencias importantes que recibe Villena en los años veinte fue la de los renovadores de los estudios históricos cubanos, tendencia que comienza a nacer entre los historiadores antiplattistas opuestos a la historiografía oficial seguidora de las concepciones anexionistas a que hemos hecho referencia, cuyas figuras más representativas fueron Ramiro Guerra (1880-1970), Fernando Ortiz (1881-1969) y Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964).[7]

La relación que Don Luciano Martínez mantenía con sus colegas del magisterio, contribuyó también a que muy tempranamente le llegara a Villena el influjo de las ideas nacionalistas de aquella primera generación de maestros republicanos que lideraron el Movimiento de Acción Pedagógica [8] (entre los que se destacaban Ramiro Guerra, Arturo Montori y Alfredo Aguayo entre otros y en el que en buena medida participaban Enrique José Varona, Fernando Ortiz, Emilio Roig y el padre de Villena) que surge en el magisterio nacional, que expresa una incipiente conciencia colectiva sobre la necesidad de actuar para cambiar el desastroso estado de cosas que se adueñaba de la educación nacional. Representan en el pensamiento pedagógico cubano, una línea nacionalista, antinjerencista, de búsqueda del progreso nacional por la vía de la Ciencia, y de las Ciencias de la Educación en particular.

En esta etapa de inicio de la formación revolucionaria también desempeñó un papel trascendental la práctica revolucionaria a la que el joven estuvo vinculado muy tempranamente. Rubén opta por una praxis de comprometimiento político y social, lidera a la joven intelectualidad artística y literaria en la acción cívica de la Protesta de los Trece (1923), primera batalla política; en la constitución de la Falange de Acción Cubana (1923), el Grupo Minorista, se sitúa en las posiciones más radicales de los grupos nacionalistas, que optan por la vía insurreccional con el Movimiento de Veteranos y Patriotas (1923), la Federación Anticlerical de Cuba y la incorporación al claustro de profesores de la Universidad Popular José Martí, que lo vincula al movimiento obrero.

La cosmovisión de Villena en esta etapa inicial es afín a las concepciones del nacionalismo reformista liberal en que se ha educado, que le es suficiente para rechazar la situación existente. En consecuencia las ideas expuestas acerca de la revolución expresan un pensamiento en evolución que inicialmente privilegia una vía romántica y reformista del cambio social, cuyo punto de partida fue la reforma del sistema de gobierno que se expresó en la lucha contra la corrupción administrativa, por la reforma educacional, el nacionalismo, antinjerencismo y el antiplattismo, donde preveía que el principio de la virtud doméstica de los gobernantes sería el determinante para regenerar la patria y la sociedad.

Radicalización del pensamiento

Un hito importante en el proceso de radicalización del pensamiento de Villena que transcurre entre 1924 y 1927 fueron los artículos de carácter político y social que escribe a partir de octubre de 1924 para El Heraldo. [9] En estos trabajos se pone de manifiesto la toma de conciencia más cabal y amplia que de los problemas sociales realiza ahora: habla ya de la sociedad dividida en clases antagónicas y destaca la importancia de la unidad del movimiento obrero y de la lucha de clases para el avance del proletariado, cuyas posiciones públicamente asume; distingue las tareas inmediatas y definitivas de la clase obrera que la llevan a regir la sociedad. [10]

En El Heraldo, enfoca la problemática social con una creciente perspectiva marxista. Expresa la impostergable necesidad de la unidad de la clase obrera aludiendo a las ideas plasmadas por Marx en el Manifiesto Comunista. Es evidente que no sólo aparece preocupado por las cuestiones proletarias, sino dedicado al estudio de la teoría marxista, dentro de la cual se va perfilando su pensamiento.

Hay que recordar que después de la derrota del movimiento veteranista y de su regreso a Cuba, Villena va a tener contacto con los líderes obreros de la época y con la clase obrera. La influencia del pensamiento y liderazgo de Julio Antonio Mella en el proceso de aprehensión del marxismo por parte de Rubén va a ser muy significativa. En unión de Mella visita asiduamente la Federación Obrera de La Habana, donde se reunían los líderes de los sindicatos. Conoció entonces a Alfredo López. Mella lo conectó con José Miguel Pérez, Alejandro Barreiro. También se relaciona con José Rego, Ramón Nicolau, entre otros. La integración definitiva de Rubén como profesor de Pedagogía Obrera y Antimperialismo en la Universidad Popular José Martí (UPJM, 1925), la relación directa con la clase obrera y la lectura de folletos y textos marxistas que le proporcionaban; contribuyeron a este acercamiento progresivo hacia el marxismo. La UPJM fue una verdadera escuela en esta etapa de su vida. A través de su participación en esta experiencia pedagógica revolucionaria comenzó a vincularse más fuertemente al proletariado. La relación con el grupo de exilados venezolanos y peruanos (1925), que fundan la revista Venezuela Libre [11], también le sería muy provechosa en ese sentido.

La comprensión del marxismo y el leninismo por Villena estuvo condicionada al limitado y fragmentado conocimiento de las obras de los clásicos que existía en la época. Debido a ello y a las propias condiciones en que el joven desarrolló sus luchas [12], su visión del marxismo está influida en alguna medida por las limitaciones comunes al movimiento comunista internacional de aquellos años. [13] No obstante  hay que decir que en el caso de Rubén como de Mella, la profundización en el conocimiento de la historia influyó en la lucha por asumir el marxismo creadoramente como guía para la comprensión y transformación de la sociedad.        

Villena va también al encuentro de la historia de América Latina y sus grandes próceres. Y lee como la mayoría de los intelectuales de su generación, los textos de los pensadores que en esos momentos marcaban una vanguardia de pensamiento emancipador: José Enrique Rodó, José Vasconcelos y José Ingenieros, a quienes llamará posteriormente maestros de la juventud americana. [14]

La teoría leninista sobre el imperialismo le permite comprender las causas y las esencias más profundas de la penetración de los monopolios extranjeros en Cuba y le reafirma y precisa en las nuevas circunstancias históricas el legado de José Martí. [15] La absorción imperialista de raíz económica, será uno de los aspectos que analizará con mayor penetración, en los trabajos que aparecen en  Venezuela Libre, entre 1925 y 1926, en los que ya podemos encontrar las primeras manifestaciones de una concepción antimperialista bien definida. Su pensamiento ha abandonado aquella concepción reformista inicial centrada en la crítica a la corrupción político-administrativa y muestra una comprensión del fenómeno imperialista y de cómo este incide en los problemas de la república. [16]

En los trabajos publicados en la revista América Libre (sucesora de Venezuela Libre), la prosa de Villena se haría más combativa y profunda y las ideas expuestas darán cuenta de la radicalización de sus concepciones con relación al imperialismo, fenómeno en el que ha ido penetrando hasta llegar a sus esencias más profundas.

En “Cuba, factoría yanqui” [17], —que constituye el primer ensayo de interpretación marxista y leninista de la sociedad cubana, donde realiza un estudio hasta ese momento inédito de la economía cubana—, Villena denuncia el proceso de penetración y absorción política y económica del imperialismo norteamericano en Cuba. La corrupción política y administrativa de los gobiernos de turno, aunque es un elemento que no deja tener en cuenta, pasa ahora a segundo plano en el análisis, en relación con la etapa reformista de su pensamiento abordada anteriormente.

Villena ha revisado sus conceptos políticos y sociales con el propósito concreto de conocer las raíces del presente histórico, como punto de partida para construir el cambio social que Cuba necesitaba. Ello influyó asimismo en una cada vez más profunda interpretación del marxismo.

Desarollo del pensamiento marxista y leninista

Rubén Martínez Villena, junto con Julio Antonio Mella, fueron los marxistas cubanos que más profundizaron en su momento, en el valor del estudio teórico. Tanto para Mella como para Villena no fue suficiente la lectura de los materiales de interpretación marxista que le llegaban por la vía de la Internacional Comunista. Ambos realizaron un notable esfuerzo por conocer a los clásicos en sus propios textos.

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A partir del conocimiento que había adquirido de la obra de los clásicos y de su propia experiencia práctica como líder revolucionario, reconoce la posibilidad de desaciertos teóricos en la obra de Marx, a la vez que subraya el papel de la práctica en la búsqueda de la verdad: “El error fundamental (…) está en que Marx no era infalible. Además, el padre del Socialismo era naturalmente un teórico que se hubiera visto obligado a modificar sus ideas (algunas al menos) al ponerlas en práctica. La teoría no puede ser más que el hilo conductor, por ello se requiere siempre cierta flexibilidad". [18]

Si dudas en el clima de dogmatismo que ya por entonces oscurecía el desarrollo de la teoría revolucionaria, estos criterios de Villena constituían una abierta herejía revolucionaria y son demostrativos de un pensamiento dialéctico y de la necesidad de asumir el marxismo de manera creadora. En este orden tienen un importante significado para comprender las posiciones de Villena con relación a las orientaciones de la Internacional Comunista, como analizaremos en los epígrafes siguientes.

La unidad revolucionaria

Bajo el liderazgo de Villena se va a operar un cambio radical en el movimiento obrero hasta entonces dominado por anarquistas y reformistas: entre 1927 y 1930 va a dedicarse totalmente a la tarea de aglutinar las fuerzas obreras y sindicales por entonces dispersas en el camino de las luchas por las reivindicaciones sociales. Para Rubén no sólo sería importante la lucha por levantar las demandas económicas y políticas más reclamadas por los trabajadores, sino por la elevación de su conciencia antimperialista y de clase. [19]

Un problema del momento fue la toma de partido sobre la propuesta insurreccional de Mella. Es importante significar que en este contexto Villena, actuando ya como máximo inspirador del Partido, acepta el plan de Mella (1928), quien en alianza con las organizaciones revolucionarias que actuaban en Cuba y con algunos sectores del Partido Unión Nacionalista [20],  proyecta la acción armada, haciendo una clara distinción entre el elemento conservador que tenía en sus manos la dirección y el elemento progresista y hasta revolucionario que militaba en las bases, sobre todo, el sector de izquierda juvenil en el seno de aquel partido, incluidos los estudiantes y obreros pues su táctica de frente unido contemplaba a ese agrupamiento.

Culminación de los afanes insurreccionales de Mella fue la fundación de la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC). La concepción de unidad revolucionaria de la ANERC- [21] de frente amplio capaz de aglutinar a todas las fuerzas sociales patrióticas interesadas en la independencia cubana, representaba un nexo de continuidad con el pensamiento martiano.[22]

Según el testimonio de Raúl Roa, aunque a Villena le faltaban los detalles y las precisiones necesarias, aprobó de inmediato el plan insurreccional de Mella, en quien tenía absoluta confianza y con el cual mantenía una sistemática comunicación [23]; no obstante albergar ciertas dudas en cuanto al sujeto multiclasista que dicha insurrección implicaba. [24]

Esta posición de Villena es demostrativa de un pensamiento dialéctico y antidogmático [25], sobre todo si se tiene presente que la concepción de unidad de la ANERC implicaba una refutación explícita a las tesis de clase contra clase emanadas de los documentos del VI Congreso de la Internacional Comunista (IC) de 1928, los cuales planteaban que la burguesía nacional no tenía ya la significación de una fuerza que lucha contra el imperialismo. La concepción vigente de unidad revolucionaria es la del frente único antimperialista por la base que margina todas las corrientes revolucionarias, patrióticas, democráticas antimachadistas de la coparticipación en la jefatura temporal del proceso revolucionario, la cual solo sería concebida bajo la dirección del proletariado y su partido. En este sentido todos los dirigentes comunistas reciben la orientación de “rechazar cualquier coalición del partido comunista con la oposición reformista.” [26]

Después del asesinato de Mella (10 de enero de 1929), Villena considera imposible proseguir los planes de levantamiento armado pues tenía la convicción de que únicamente Mella hubiera sido capaz de encabezar un movimiento de esas características. En el decursar de ese año se pondrían al desnudo las verdaderas intenciones de la dirección de la Unión Nacionalista [27], la cual mostrará para 1930 su real naturaleza con su derivación cada vez más evidente hacia la derecha proimperialista.

La ausencia de Mella y los hechos acaecidos en el panorama político cubano, incidiría de manera sustantiva en la incorporación de la línea política del VI Congreso de la Internacional Comunista (IC) por el partido cubano. En la nueva situación Villena no puede resistir la presión política de la IC, alrededor de la asunción por los Partidos Comunistas de la línea de clase contra clase. [28]

Pero aunque todo lo que se le imputaba a la UN era real, la unidad revolucionaria se vería afectada al no poder el Partido deslindar entre la dirección y los elementos más radicales de las bases nacionalistas que en un momento dado podían sumarse a la lucha, tal y como había hecho antes Julio Antonio Mella. Esta táctica errónea de unidad que solo estimaba la alianza natural con sus propias fuerzas de clase para llevar a vías del éxito la revolución nacional liberadora abriría una brecha entre el Partido y las fuerzas nacionalistas, que dificultaba seriamente las posibilidades de integrar en un mismo cauce a todas las fuerzas antimperialistas, patrióticas, democráticas y antimachadistas en un frente popular.

La concepción de Revolución

Acerca de la problemática central del pensamiento y acción de Rubén: llevar a vías de éxito la Revolución antimperialista y socialista en Cuba, resultan muy significativas las precisiones que Villena hace en 1930 a Sandalio Junco [29] —en dos cartas recientemente publicadas— [30] en las que esclarece su tesis acerca del carácter de la revolución en Cuba, su concepción en torno a los nexos entre la revolución nacional liberadora y la socialista como proceso necesario para alcanzar la plena independencia nacional, insistiendo en la vía posible del tránsito de una a otra en las condiciones objetivas de Cuba y algunos países del continente.

Explica que en el programa del VI Congreso de la Internacional Comunista se planteaban dos “esquemas” para el tránsito de la revolución democrático-burguesa o de liberación nacional a la revolución socialista, en el contexto de los países coloniales y semicoloniales [31]:

  1. Este tránsito es posible como “regla general” solamente a través de una serie de “etapas preparatorias”.
  2. Otra posibilidad es la que se puede dar fuera de la “regla general”, que no existan etapas preparatorias: “(…) cuando no sea necesario todo un período de transformación de la revolución democrático burguesa en revolución Socialista. Es decir, en el caso de que ambas etapas de la Revolución se confundan, se mezclen, se planteen conjuntamente, o simultánea y paralelamente (…)”Villena explica que esto será posible en algunos paísesde un nivel medio de desarrollo del capitalismo”  donde es viable “un tipo de revoluciones proletarias con un gran contingente de objetivos de carácter democrático- burgués”. Argumenta que tal es el caso de Cuba: (…) aunque Cuba es una semi-colonia, porque nada se opone a que haya semi-colonias que sean ‘países de un nivel medio de desarrollo del capitalismo’. De modo que en realidad no he ‘inventado’ nada en mi tesis respecto a Cuba, cuyas conclusiones vienen de acuerdo con el Programa de la Internacional Comunista: lo que he hecho es aplicar este a las peculiares condiciones de Cuba que son ―por otra parte las mismas que de otros países latino-americanos―. Solo que los que hablan del carácter de la revolución en los países coloniales, aplican para todos los casos estrictamente la regla general y creen que fatalmente en todo país colonial o semicolonial es preciso realizar la revolución democrático burguesa y después la revolución proletaria, como una transformación de aquella, gracias a la hegemonía del proletariado (…)”. [32] En una segunda misiva reitera la tesis leninista del tránsito de la revolución democrático burguesa, al que Villena le adiciona el de antimperialista, a la revolución socialista de forma ininterrumpida [33], en la medida en que las fuerzas del proletariado consciente y organizado así lo permitan, precisará lo que diferencia esencialmente ambos procesos. [34]

Las aclaraciones que hace en estas cartas dan cuenta una vez más de un pensamiento firme, pero flexible y antidogmático, en continuidad con la línea de Mella, su mayor preocupación era la aplicación creadora de la teoría marxista y leninista. Opuesto a esquematismos y traslaciones mecanicistas, admite críticamente los lineamientos de la Internacional Comunista y refuta las posiciones que interpretaban dogmáticamente los mismos y que trataban de imponer un solo camino para el tránsito de la revolución nacional liberadora a la socialista.

En este sentido se adelanta a los debates que muy pronto se desatarán en América Latina en torno a la teoría etapista de la revolución, planteando la necesidad de tener en cuenta dialécticamente las especificidades de cada uno de países coloniales y neocoloniales. [35]

Concepción de antiperialismo

Su pensamiento antimperialista se hace patente en la intensa batalla que estableció contra todas aquellas corrientes que consideraba demagógicas e intentaban limitar la lucha popular a un simple cambio de gobierno, dejando intacta la estructura neocolonial. Era necesario impedir que la oposición burguesa a Machado desviase al pueblo de la Revolución: a este imperativo fundamental respondió su artículo “Que significa la transformación del ABC y cuál es el propósito de esta maniobra”, publicado en Mundo Obrero en el número de marzo-abril de 1933 en el cual desarrolla su polémica contra la organización fascistoide ABC, [36] recién convertida en partido político reformista.

Rubén critica a aquellos “teóricos de pacotilla” del ABC cuyas tesis eran expresión de las tendencias proimperialistas. Argumenta que el programa “novedoso” que propone el ABC para resolver la situación nacional y social de Cuba, constituye una falsificación de nuestro desarrollo neocolonial, pues según los abecedarios “La historia de Cuba se pude escribir sin mencionar al imperialismo yanqui”: “(…) Se ha logrado relatar la historia del crimen sin nombrar al asesino”. [37]

Para el joven era imprescindible al estilo leninista el análisis de nuestra historia a partir de las contradicciones con el imperialismo. En este orden de análisis combate con mucha fuerza las ideas capitulacionistas del fatalismo geográfico sostenidas por todos los reformistas dentro del movimiento obrero, y critica la nueva interpretación de la historia de Cuba que realiza el ABC como lacayos académicos de Wall Street.

En uno de sus ensayos políticos más relevantes “Las contradicciones internas del imperialismo yanqui y el alza del movimiento revolucionario” (mayo, 1933), realiza un magistral análisis económico del problema cubano, en el que desempeña un papel determinante la dependencia del imperialismo yanqui y  profundiza en cuestiones que ya venía estudiando desde 1926 (“Un aspecto del problema económico de Cuba” y “Cuba, factoría yanqui”). [38]

Explica que el ascenso revolucionario en Cuba —provocado por la agravación de la contradicción imperialismo-masas populares, ha provocado que Cuba constituya “(…) en el presente el eslabón más débil de la cadena imperialista en el Caribe”. [39]

La problemática de la revolución de 1933

Para entender el aporte revolucionario de Rubén resulta particularmente interesante detenerse en el último año de su existencia —1933—, precisamente este es el período de la vida de esta imprescindible figura, que menos se ha estudiado. Hoy se han dado a conocer documentos que prueban el intenso drama político de quien dentro de las filas del Partido Comunista, defendió un pensamiento propio y se opuso a las incorporaciones miméticas que desafortunadamente orientaba la Internacional Comunista para nuestro país.

Recordemos que en este año, Villena dedica todas sus fuerzas a las labores de dirección, cohesión y movilización del movimiento obrero y revolucionario para derrotar a Machado. Este propósito se logra tras desencadenarse la huelga política que en agosto, derribaría la dictadura. [40] El denominado “error de agosto” [41]  ha sido esgrimido para fundamentar el dogmatismo y el seguidismo acrítico de Villena y el Partido respecto a las orientaciones de la Internacional. Tal apreciación no resiste el juicio de los propios acontecimientos: En los momentos en que ocurre la huelga de agosto de 1933, Rubén y la dirección del Partido, trabajan para ir a un debilitamiento paulatino del régimen.

Villena discrepó de la  formación de “soviet de obreros, campesinos y soldados” [42] como la forma que adoptaría el poder después del triunfo de la primera etapa de la revolución. Argumenta que en un país agrario había que plantearse la revolución agraria y antimperialista que prepara las tareas para la revolución socialista [43]. En nuestro criterio existe una clara continuidad con aquellas ideas que había manifestado Villena acerca de las etapas de la revolución, desde 1930.

En una reunión de la dirección partidista, efectuada al parecer en la segunda quincena del mes de septiembre de 1933, a la que asistieron varios representantes del Buró del Caribe y del Secretariado Sudamericano de la IC, se presentó una resolución acerca de que si el PCC no aceptaba la consigna de los soviets, se le consideraría traidor a la clase obrera y ganado por el oportunismo de la II Internacional. Los representantes de la IC insultaron a Villena llamándole cínico, lo acusaron de mantener una posición reformista y pidieron su expulsión del Partido [44]. En otra de estas reuniones celebradas entre septiembre y octubre, el discurso de Villena fue tildado de oportunista por “dirigir la discusión contra las directivas internacionales” [45]. No obstante la masa mayoritaria fue “convencida de la necesidad de llevar a cabo el proyecto de los soviets” [46].

En medio de un agudo debate entre los compañeros del Partido, Villena cuestionó además la incorrecta propuesta de la IC que orientaba “eludir un enfrentamiento abierto con el imperialismo, si en Cuba ‘cada huelga era un movimiento contra el imperialismo’”. En consonancia con estas ideas propuso no cumplimentar esa directiva de la Internacional, “cuestionándose como podía la Comintern ‘considerar que puede ser establecido un gobierno obrero y campesino que al mismo tiempo oculte la lucha antimperialista’, olvidándose de que Cuba es un país colonial”. Por lo que concluye diciendo que: “Creo que desde Moscú no se puede prever todo esto” [47].

Del estudio de los documentos y su evaluación se hace evidente que si bien desde 1930 la dirección del Partido cubano había aceptado la táctica de clase contra clase orientada por la IC, esta fue objeto de notables objeciones y fuertes debates; y que en ello ocupa un papel central el pensamiento antidogmático de Villena, reiteradamente distante del dirigismo y autoritarismo de la III Internacional.

Los problemas que en su tiempo enfrentó Villena, su ideario revolucionario, la posición ética y actitud optimista ante la labor revolucionaria, continúa ofreciendo un modelo de pensar y actuar frente a los actuales retos de lucha antimperialista y socialista de la nación cubana y su entorno caribeño, latinoamericano y mundial. Su actitud crítica y su valentía dentro y fuera del Partido, su dimensión humana en la vida personal, intelectual y política, nos aportan un arquetipo de hombre, de militante y cuadro revolucionario de imprescindible estudio y emulación por parte de todos y cada uno de nosotros, los cubanos y cubanas de la Revolución y el socialismo en el Siglo XXI.

 

[1] Consúltese para esta etapa inicial de la vida de Villena:
Ana Núñez Machín: Rubén Martínez Villena. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1974.
Raúl Roa: El fuego de la semilla en el surco. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, 1982
[2] Como pedagogo Martínez estuvo al servicio de la Escuela Hoyos y Junco sostenida por la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP), de la cual era secretario. En 1916 fue nombrado director de esta escuela y posteriormente ganó por oposición una Cátedra en la Universidad de la Habana donde fue profesor durante muchos años, de la asignatura Metodología Pedagógica en la Escuela de Educación. Estuvo inserto en los movimientos pedagógicos y culturales de su época, junto a las figuras fundadoras de la pedagogía, la historiografía y la culturología cubanas de principios del Siglo XX.
[3] Olivia Miranda: Tradiciones nacionales revolucionarias, marxismo y leninismo en el pensamiento cubano. Editorial Pueblo y Educación, 2005, pp. 178-190. Consúltese además: Mely del Rosario González Aróstegui: Mely del Rosario González Aróstegui: ¨Antinjerencismo y antimperialismo en los inicios de la República en Cuba¨. Temas. Número extraordinario 22-23, julio-diciembre 2000.
[4] Ibídem.
[5] El antinjerencismo estuvo representado fundamentalmente por intelectuales: ensayistas vinculados a importantes publicaciones de la época como Cuba Contemporánea (1913-1927), entre otras, escritores vinculados de alguna manera a la clase obrera y el movimiento socialista, como José A. Ramos, Carlos Loveira y Miguel del Carrión, y periodistas como Manuel Márquez Sterling. Este último consideraba que lo más importante era crear la conciencia de la ¨virtud doméstica¨ frente a la injerencia yanqui y el plattismo que atentaban contra el nacionalismo y la patria. Entre algunos de los trabajos podemos destacar: Miguel del Carrión: ¨ El desenvolvimiento social de Cuba en los últimos veinte años¨, Cuba Contemporánea, t. XIV, n.3, Julio de 1917, p. 21;  José Antonio Ramos: ¨Sentido económico de la emancipación de al mujer¨. Conferencia en el Club Femenino de Cuba, 5 de diciembre de 1921, Cuba Contemporánea, a. X. t. XXVIII, n. 109, enero de 1922, p.25; José A. Ramos : ¨Seamos cubanos, Cuba Contemporánea , a. V, n. 4, diciembre de 1917, p. 259.José A. Ramos: Manual del perfecto fulanista, Jesús Montero Editor, La Habana, 1916, p. 16; Carlos Loveira: ¨El problema obrero en Cuba¨, Cuba Contemporánea, t. VII, n. 74, febrero de 1919, p. 167;   Las novelas de Loveira, Juan Criollo y Generales y doctores  entre otras nos ofrecen un cuadro de la vida política y social de Cuba en las primeras décadas republicanas; Manuel Márquez Sterling: “A la injerencia extranjera la virtud doméstica” (periódico La Nación, 13 de febrero de 1917), en Doctrina de la República, La Habana, Ediciones de la Dirección de Cultura, 1937, pp. 145-150.
En esta corriente de pensamiento también encontramos a intelectuales vinculados al Movimiento de renovación de los estudios históricos que emergen para rescatar el patriotismo y la heroicidad de nuestros próceres como Vidal y Morales y Morales (1848-1904) y Enrique Collazo (1848-1921). A Vidal y Morales debemos la redacción del primer texto de historia de Cuba que oficialmente se utilizó en la enseñanza primaria de nuestro país: Nociones de historia de Cuba (1901). Concluida la Guerra de Independencia, Collazo se convirtió en el primer historiador cubano que criticó en sus escritos las intenciones de los Estados Unidos hacia Cuba. En 1900 publicó el libro Cuba independiente, al que le siguió Los americanos en Cuba (1905),  Cuba intervenida (1910) y Cuba Heroica (1912) que contribuyó a elevar la conciencia patriótica de los cubanos. Concluida la Guerra de Independencia, Collazo se convirtió en el primer historiador cubano que criticó en sus escritos las intenciones de los Estados Unidos hacia Cuba. Los trabajos de Collazo abren una línea historiográfica patriótica que marca el inicio del movimiento de renovación de los estudios históricos cubanos que fuera continuado por Emilio Roig, Ramiro Guerra y Fernando Ortiz entre otros.
Ellos se enfrentaron a la corriente antinacional pro-imperialista y representada por Francisco Figueras, José Ignacio Rodríguez y Rafael Martínez Ortiz -entre los más representativos- quienes se distinguían por reproducir en buena medida los puntos de vista de la historiografía norteamericana, por sus posiciones anexionistas, reaccionarias, que defendían la penetración imperialista, desestimaban además, la capacidad de los cubanos para poseer gobierno propio, así como subvaloraban determinados hechos de nuestra historia. Consúltese: Carmen Almodóvar: Antología crítica de la historiografía cubana (período neocolonial). Universidad de  La Habana, Facultad de Filosofía e Historia, Ciudad de La Habana, 1985 pp.6-10.
El folleto Cuba libre: anexión o independencia (1898) y  Cuba y su evolución colonial (1907)   de Figueras, un Estudio histórico sobre el origen, desenvolvimiento y manifestaciones prácticas de la idea de la Anexión de la Isla de Cuba a los E. U. de América (1900), de José I. Rodríguez y el libro Cuba: los primeros años de independencia (1911-1921), de  Martínez Ortiz son expresión de esta corriente.  Véase: Francisco Figueras: Cuba y su evolución colonial, Habana, Imprenta Avisador Comercial, 1907; José Ignacio Rodríguez: Estudio histórico sobre el origen, desenvolvimiento y manifestaciones prácticas de la idea de la Anexión de la Isla de Cuba a los E. U. de América, Habana, Imprenta la propaganda literaria, 1900; Rafael Martínez Ortiz: Cuba. Los primeros años de independencia (1911-1921), Habana, 1911.
[6] Estos patriotas se propusieron anteponer a la influencia foránea, el rescate de la historia patria, especialmente de las luchas por la independencia del pueblo cubano. Los votos particulares contra la Enmienda Platt de Juan Gualberto Gómez y Salvador Cisneros Betancourt, la polémica de Sanguily en el senado alrededor del Tratado de Reciprocidad y su denuncia a la venta de tierras a extranjeros, los estudios de Varona sobre el imperialismo, así como la obra de Gandarilla, Contra el yanqui (1913), son manifestaciones concretas de esta línea. Entre muchos importantes trabajos de esta etapa podemos citar de Enrique José Varona publica El imperialismo a la luz de la sociología (1905), Mirando en torno (1910), Por Cuba (1918), De la colonia a la república (1919), entre otros. De Manuel Sanguily se destacan sus discursos, artículos periodísticos, cartas públicas y conferencias: ¨El tratado de reciprocidad¨ (1903),  ¨La anexión de Cuba a los Estados Unidos¨ (1907), ¨En defensa de nuestra soberanía¨ (1907), entre otros. En su artículo ¨La revolución del 95¨ publicado en 1902 expresaba como el proyecto nacional liberador martiano había sido traicionado desde dentro del campo independentista.
En el citado trabajo de Mely del Rosario González Aróstegui: ¨Antinjerencismo y antimperialismo en los inicios de la República en Cuba¨, pp. 13-30, la autora incluye a estas figuras dentro del antimperialismo de corte liberal positivista. Con respecto a la diferenciación entre el antimperialismo de corte liberal y el antimperialismo marxista, nos resulta muy atinada la definición que hace José Carlos Mariátegui en Punto de vista antimperialista, (Tesis enviada a la Conferencia de Partidos Comunistas Latinoamericana celebrada en Buenos Aires, 1929) en la que sintetiza el contenido esencial y los principios del antimperialismo marxista: “Somos antimperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo (…) porque en la lucha contra los imperialismos extranjeros cumplimos nuestros deberes de solidaridad con las masas revolucionarias de Europa”. José C. Mariátegui: Obras Completas, Lima, 1980, t. 13, p.95. Para Mariátegui la etapa antimperialista que precede a la etapa de lucha por el socialismo, está indisolublemente ligada con la batalla de clase, por el socialismo.
Consúltese: Consúltese: Mely del Rosario González Aróstegui: ¨Antinjerencismo y antimperialismo¨, ob. cit., Julio Le Riverend y la historia del pensamiento antimperialista cubano. Introducción y selección, Josefina Suárez Serrano. Editorial de Ciencias Sociales, 2005.
[7] En 1913, Fernando Ortiz publica obras como Entre cubanos. (Contiene 42 artículos publicados entre 1906 y 1911 aproximadamente), Los negros esclavos (1916) obra que lo marca como un renovador de los estudios sobre la Historia de Cuba. En esta obra inicia ¨ (…) el cambio hacia lo estrictamente social; con el abandono paulatino de las concepciones biologizantes, comienza a definirse como promotor y creador de los estudios sociales y culturales, y sin duda lo que va quedando de su positivismo, al decir de Le Riverend, es más una conducta de sabio que una filosofía científica, una actitud humanista. ¨Consúltese: Matos, José Antonio: La historia en Fernando Ortiz. Fundación Fernando Ortiz, 1999, p.35. En 1919 se destaca la publicación de: La crisis política cubana. Sus causas y remedios. (La Habana, Imprenta La Universal, 1919) y en 1924 su conferencia ¨La decadencia cubana¨( La Habana, Imprenta La Universal, 1924)
Ya en 1918 aparecen trabajos como ¨La ocupación de Santo Domingo por los Estados Unidos y el derecho de las pequeñas nacionalidades de América¨ (Anuario de la Sociedad Cubana de Derecho Internacional, La Habana, no. 3, pp87-174) de Emilio Roig. En 1922 publica La Enmienda Platt. Su interpretación primitiva y sus aplicaciones posteriores hasta 1921. (La Habana, Impresora El Siglo XX, 1922). Por su parte Ramiro Guerra publica en 1921, Historia de Cuba ( Imprenta El Siglo XX, Habana) y en 1924, Un cuarto de siglo de evolución cubana (Librería Cervantes, La Habana, 1924) . Recordemos que muchos de aquellos jóvenes que protagonizaron el “despertar de la conciencia nacional” en aquella década veinte mantenían relaciones de trabajo, intercambios, reuniones literarias etc., con aquellas personalidades. Villena fue amigo personal de Roig y Ortiz.
[8] Consúltese: Felipe de J. Pérez Cruz: La alfabetización en Cuba. Lectura histórica para pensar el presente. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001, pp. 37-40 y 265.
[9] El Heraldo fue fundado en octubre de 1923 como un desmembramiento de El Heraldo de Cuba (1913). Según el testimonio que Raúl Roa diera a la profesora e investigadora Josefina Meza, Villena también escribió en una sección obrera del periódico en que no se firmaban los trabajos. Por menos de dos meses será redactor de este diario, debido por supuesto al contenido de sus artículos, el ultimo aparece en noviembre de 1924.
[10] Después de la derrota del movimiento veteranista y de su regreso a Cuba, Villena va a tener contacto con  los líderes obreros de la época y con la clase obrera. En unión de Mella visita asiduamente la Federación Obrera de La Habana, donde se reunían los líderes de los sindicatos. Conoció entonces a Alfredo López. Mella lo conectó con José Miguel Pérez, Alejandro Barreiro. También se relaciona con José Rego, Ramón Nicolau, entre otros.
[11] La Revista Venezuela Libre (1921–1926) fundada por exiliados venezolanos, que luchaban contra la dictadura de Juan Vicente Gómez. En su primera etapa si bien cuenta con la cooperación de los revolucionarios cubanos, era dirigida por los hermanos Gustavo y Eduardo Machado y Salvador de la Plaza, con la ayuda de Francisco Laguado Jaime. En la segunda etapa (a partir de mayo de 1925, se publicaron cinco números) aunque tiene un consejo de dirección, es realmente Villena quien la dirige a partir de 1925. Esta publicación se convirtió, de hecho en el órgano de la recién fundada Liga Antimperialista de Cuba en la cual junto a Mella y Villena participaron miembros del Grupo Minorista y algunos latinoamericanos.
[12] Hay que recordar las condiciones sumamente difíciles en que Villena tuvo que desarrollar la lucha revolucionaria en el contexto de la feroz represión anticomunista, en constante clandestinidad. También incidió en este sentido el que Villena permaneciera fuera de Cuba por más de tres años, precisamente entre abril de 1930 y mayo de 1933, periodo de fuerte movimiento revolucionario en Cuba.
[13] Villena no fue ajeno a las limitaciones comunes al movimiento comunista internacional de aquellos años en que se debatía, junto al presente y futuro de la Revolución, el presente y futuro de la propia teoría revolucionaria. Las principales limitaciones del marxismo de la época fueron:
  • Condiciones de partida de los movimientos comunistas, desde grupos de proletarios socialistas y anarcosindicalistas llegados a América, que vivían en condiciones precarias, con bajos niveles de acceso a la educación y los bienes culturales.
  • Constante asedio y represión por parte de las autoridades, clandestinaje y limitada vida legal, lo que reducía las posibilidades para desarrollar una activa vida interna, incrementar los vectores de superación e intercambio cultural con la sociedad.
  • Débil conocimiento de las obras de los clásicos del marxismo y el leninismo. Tanto de Marx y Engels como de Lenin.
  • Predominio de enfoque europeísta, que desconocía las peculiaridades de América Latina, su relativo desarrollo capitalista, y el hecho de existir en la mayoría de los países una contradicción principal con el imperialismo externo.
  • Absolutización del ángulo socio clasista, desconociendo o asumiendo visiones mecanicistas con otras realidades como el de los negros y la discriminación racial, así como el problema de los pueblos originarios.
  • Abandono a partir de la muerte de Lenin de los métodos colectivos de debate y fertilización de la teoría, lo que produjo un creciente dogmatismo y sectarismo en los partidos, y en consecuencia pugnas, fraccionamiento y divisiones.
  • Mantenimiento de criterios obreristas y de prejuicios hacia los intelectuales.
  • Sujeción de los fines del movimiento comunista a los intereses de la política de la Internacional Comunista
[14] ¨Con motivo de la muerte de José Ingenieros¨. Rubén Martínez Villena. Colección Órbita, Instituto Cubano del Libro. La Habana, dic. de 1972, pp.134-137. Este artículo lo escribe Villena en 1925 a petición de la revista La mujer moderna.
[15] Recordemos que ya se había publicado el genial análisis de Lenin en El Imperialismo, última etapa del capitalismo. En la biografía citada, Ana Núñez reflexiona acerca de la admiración que sintió Villena por la vida y la obra de Lenin, a quien también dedicó algunos versos escritos entre 1930 y 1933. Ana Núñez Machín: Rubén Martínez Villena, ob. cit., pp.86-87.
[16] En este mismo año de 1925 Villena reorganiza junto a Mella la Universidad Popular José Martí y orienta cada vez más sus actividades hacia el movimiento obrero. Participa en la manifestación obrera que encabeza Mella el 1ro de mayo. Pronuncia diferentes conferencias en la Sociedad de Torcedores, los sindicatos y en la Federación Obrera de La Habana. Es asesor legal de sindicatos obreros. Se involucrará cada vez con mayor fuerza con los sindicatos obreros revolucionarios, en los cuales se desempeña como asesor. También trabajó en la Comisión Nacional Codificadora, donde se preparaba el primer Código criminal cubano, concluido en 1926 bajo la dirección de Fernando Ortiz
Paralelamente acerca a Mella a las actividades del minorismo, las cuales Villena no ha abandonado. La presencia de Mella sin dudas contribuyó a radicalizar las iniciales posiciones antiplattistas de algunos integrantes del Grupo Minorista. Participa en la fundación de la Liga Antimperialista.
Cabe resaltar también dentro de la actividad revolucionaria de Villena entonces la vigorosa actitud asumida como abogado defensor y como miembro del comité pro-libertad de Mella, cuya campaña tuvo resonancia internacional. Nos referimos al comité creado a partir de la heroica huelga de hambre que protagonizara Mella en protesta a su injusta encarcelación. La liberación del joven fue una gran victoria de los revolucionarios cubanos de la época. Todas las fuerzas se tensaron para arrancar de la muerte al líder. Este extraordinario movimiento en el que se concentró prácticamente toda la labor de la organización comunista y de sus más cercanos colaboradores, es más significativo aun cuando se conoce que la mayoría de los que trabajaban por la libertad de Mella no compartían el criterio de mantener la huelga de alimentos. Dentro del partido muchos camaradas discrepaban del método huelguístico aplicado y lo consideraban una táctica no proletaria. Además, cuentan que amigos tan cercanos a él como Rubén Martínez Villena le criticaron que expusiera su valiosa vida frente a la tozudez enfermiza de un individuo como Machado. Sin embargo, todos los que dentro del partido votaban por separarlo de la organización al no subordinarse al criterio de la mayoría, a la disciplina partidista -en un gesto que sentó pautas en la tradición revolucionaria cubana-, no escatimaron esfuerzos para salvar al hermano de luchas, aún a riesgos de exponerse a futuras represiones.
Otro hecho importante a destacar en este año es su conocido enfrentamiento con el “asno con garras” como él calificara a Gerardo Machado (1873-1939). Aunque es muy conocida la anécdota sobre el enfrentamiento con Machado, es importante resaltar que la misma refleja la amistad profunda que ya por entonces unía a Mella y a Rubén. La frase asno con garras trascendió y marcó al dictador para siempre.
Consúltese: Juan Marinello: La palabra para alimentar la hoguera. En: Recopilación de textos sobre Juan Marinello. Editorial Casa, 1979.
Consúltese: Alfredo Martín: Mella. Nacimiento de un líder. Ediciones Extramuros, Ciudad de la Habana, 2001, pp. 54-65.
[17] Cuba, factoría yanqui¨ en: Rubén Martínez Villena: Poesía y prosa, ob. cit., pp. 105-164. Según Ana Cairo, este texto fue elaborado en 1926 por un equipo integrado por Jorge Vivó, abogado, y José Antonio Guerra –uno de los hijos de Ramiro Guerra- bajo la dirección de Villena, con la finalidad de que fuera presentado por Julio Antonio Mella en el Congreso Mundial contra el Imperialismo y la Opresión Colonial que se celebraría en Bruselas en febrero de 1927. Aunque no hemos querido dejar de consignar que existe esta opinión, es cierto que dicha investigadora no señala la fuente de tal información y no hemos podido comprobarla. Ana Cairo explica que este texto se conoció muy parcialmente, ya que sólo algunos fragmentos fueron publicados en la revista América Libre, la cual tuvo tiradas muy reducidas y fue clausurada por la policía durante el mencionado “proceso judicial comunista” de mayo-agosto de 1927. Villena escribió además otros dos trabajos para el Congreso: “La verdad del campesino en Cuba” y "Machado, el fascismo tropical”. Consúltese: Álgebra y política y otros textos de Nueva York. Pablo de la Torriente Bráu. Estudio introductorio de Ana Cairo, Centro Cultural Pablo de la Torriente Bráu, La Habana, 2001, p xl.
 Ana Núñez Machín anota que Rubén redacta ¨Cuba, factoría Yanqui¨ y  en unión de Vivó escribe ¨Machado, el fascismo tropical¨ y ¨La verdad del campesino en Cuba¨. Explica que para estos trabajos se incluyó también a José A. Guerra. Consúltese: Ana Núñez Machín: El Rubén que vive aún. SEAP, Ciudad de La Habana, 2005, p. 144.
En las notas al pie que aparecen en ¨Cuba, factoría…, Villena cita el trabajo de Fernando Ortiz: La decadencia cubana. y cita a Trelles, Ramiro Guerra entre otros estudiosos de la sociedad cubana. En estos momentos se realizaban otros estudios económicos como el de Guerra: Azúcar y población en la Antillas (1927). Considero que no es una casualidad historiográfica, el hecho de que coincidan en el interés de pensar la situación económica de Cuba, Villena y Ramiro Guerra. Se trata de la expresión de necesidades desde los proyectos de país que uno y otro protagonizan. Dos años después en 1929, aparecería el libro del norteamericano Leland Hamilton Jenks, Nuestra colonia de Cuba (1929). Estos temas comenzarían a divulgarse y se vieron incluso reflejados en la narrativa: Luis Felipe Rodríguez con sus temas campesinos (La conjura de la ciénaga, 1924;  Marcos Antilla, 1932) y en la poesía con ¨el poema de combate¨, ¨La zafra¨ de Agustín Acosta.
[18] Consúltese: Juana Rosales: ¨Presentación de Notas al margen al libro La dictadura del proletariado según Marx, Engels, Kautsky, Berstein, Lenin, Trotsky, Axelrod y Bauer de N. Tasin¨, en Marx Ahora no. 8, 1999, p. 188-191. En el libro del ruso N. Tasin aparecen estas interesantes notas al margen escritas por Villena a su regreso de la antigua Unión Soviética, mientras se encontraba escondido en la casa de su amigo y hermano de infancia Enrique Serpa (junio de 1933).
[19] Villena tuvo que enfrentar otros problemas internos en el seno del movimiento obrero. Recordemos que en 1927 fue creada la Federación Cubana del Trabajo (FCT) y, en 1931, la Unión Federativa Obrera Nacional (UFON). Ambas organizaciones eran reformistas y practicaban el colaboracionismo de clases, fueron pro-patronales, anticomunistas y pro-yanquis. Sus dirigentes fueron Juan Arévalo, Luis Fabregat y Francisco Doménech, entre otros, muy vinculados a la American Federation of Labor (AFL) de los EE.UU. y, en específico, a la Confederación Obrera Pan Americana (COPA).
[20] En respuesta a las manifestaciones reeleccionistas de Machado, surgió en marzo de 1927, de la rama de los liberales contraria a éste, la asociación Unión Nacionalista (UN), liderada por el coronel del Ejército Libertador, Carlos Mendieta Montefur y por el General Manuel Piedra combatiente destacado en la Guerra del 95 quien había luchado al lado de Antonio Maceo. En julio de ese año esta agrupación se organiza como partido político de la oposición burguesa antimachadista bajo el liderazgo de Mendieta. En el partido Unión Nacionalista participaron figuras como Juan Gualberto Gómez, Cosme de la Torriente, Francisco Peraza entre otros. UN se propuso, y lo consiguió, capitalizar en sus filas a una masa considerable de campesinos, colonos y pequeña y mediana burguesía, víctima de la política económica de Machado. También ganó adeptos entre una parte del proletariado que, por sentir duramente los horrores del régimen, se oponía al continuismo político de Machado.
Ello fue facilitado por el prestigio patriótico de algunos de sus líderes (Cosme de la Torriente, Roberto Méndez Peñate, Juan Gualberto Gómez y el propio Carlos Mendieta), lo cual hacía que una buena parte de los sectores populares confiaran en la posibilidad de un cambio dirigido por ellos. Las circunstancias no tardaron en ofrecer al Partido Comunista la oportunidad de enfrentárseles.
Como explica Angelina Rojas: La dirección del PCC, impedida como estaba para desarrollar una lucha independiente, y sin contacto con la Comintern, se valió de algunos de sus miembros, entre ellos de Jorge A. Vivó Scott y de Leonardo Fernández Sánchez, para que conocieran, desde las filas de los nacionalistas y en contacto con sus dirigentes, los verdaderos fines de la agrupación. También les resultaron útiles los contactos e informaciones de Mella y de otros miembros del Partido en el exterior.
De la existencia de dicha asociación se había dado cuenta a la Comintern en un informe suscrito mecanográficamente por Mella, donde le informaba: Se levanta un movimiento de bastante fuerza denominado "cuarto partido". El líder es Mendieta, un colono. Los Partidos Liberal, Conservador y Popular están desorganizados y sus principales elementos cooperan con el gobierno o se han retirado de los mismos. El "cuarto partido" según los elementos que trata de agrupar, y las primeras declaraciones de sus líderes, parece ser distinto a todos los anteriores. Pero dista desde luego, de ser un partido genuino de obreros y colonos o campesinos pobres. Su primera tarea es luchar contra la reelección del actual presidente, la intelectualidad liberal, colonos, campesinos, etc. Son los que forman la base de la nueva organización en embrión.
El PCC fijó su táctica respecto a la Unión Nacionalista y a la lucha política antimachadista, partiendo de los siguientes postulados: la revolución en Cuba debía pasar por una etapa democrático burguesa; el PCC no estaba en condiciones de desplegar una campaña política propia, y aunque convencido de que la Unión Nacionalista no iría más allá de una oposición burguesa que no comprometería el dominio de EE.UU. sobre el país, estaba ganando adeptos mediante el manejo de la opinión pública.
Ya en octubre de 1927, la dirección del Partido informaba a la IC: ¨El Partido no posee las fuerzas necesarias para una campaña política propia, debido a su juventud e ilegalidad, pero aunque la tuviera, no podría, debido al carácter colonial del país, separar bruscamente su política de los nacionalistas, antes que estos dieran a conocer sus verdaderas intenciones (...) por más débil que sea un movimiento nacionalista en un país colonial o semicolonial y por más fuerte que sea el partido comunista, éste debe apoyar al movimiento nacionalista, motivándolo y trayendo a las luchas de las masas campesinas y pequeño burguesas e ir desenmascarando ante las masas sus errores.¨ El Partido se apoyaba, pues, en una comprensión leninista de su realidad neocolonial, frente a una concepción que la IC quería universalizar sin tomar en consideración particularidades regionales.
El Comité Central, convencido de que los nacionalistas no eran una fuerza revolucionaria activa, el 10 de marzo de 1929, emitió una resolución acerca de sus relaciones con el PUN. En ella se daba cuenta que las investigaciones realizadas por el CC habían arrojado la ausencia de un programa revolucionario, ni siquiera nacionalista, en dicha agrupación; que existía en sus filas y dirigencia una gran división interna y que tampoco poseían un plan concreto para un movimiento armado contra Machado; que de llegar al poder, EE.UU. le impediría la aplicación de reivindicaciones burguesas, si optara por aplicar algunas, pero que, no obstante, aún mantenía cierta influencia en la opinión popular.
Consúltese: Angelina Rojas: Primer Partido Comunista de Cuba. Sus tácticas y estrategias. 1925-1935, tomo I, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005.
En el año 1930 el PC a través de un manifiesto de su Comité Central redactado por Villena, desenmascara las posiciones electoreras y proimperialistas de la dirección de UN. En diciembre de 1931 en un documentado trabajo titulado “Resolución sobre la cuestión cubana” el partido se plantearía utilizar la creciente militancia de la juventud estudiantil nacionalista y conquistarla para el apoyo de las luchas revolucionarias de las masas siempre bajo la dirección del Partido Comunista, ayudando al Ala Izquierda Estudiantil (AIE) a fortalecer su influencia entre estos sectores. (Consúltese: Documento: Resolución sobre la cuestión cubana. Fondo Primer Partido. Archivo del Instituto de Historia, p.2)
Hacia 1933 en ¨Las contradicciones internas del imperialismo yanqui en Cuba y el alza del movimiento revolucionario¨, Villena valora entre los acontecimientos que identifican el alza del movimiento revolucionario al levantamiento armado de la oposición burguesa de agosto de 1931(insurrección burgués latifundista dirigida por Menocal y Mendieta entre otros). El 7 de agosto de 1933 Villena publicaría en la revista El trabajador el artículo “La aventura del artículo de un comunista y sus enseñanzas”, en el cual aunque denunciaba la estrecha relación entre el los cabecillas politiqueros del ABC y la Unión Nacionalista, reconocía el ejemplo del líder de UN, el “viejo mambí” Francisco Peraza que había sabido cumplir con su deber luchando contra Machado hasta morir en aquella insurrección.
[21] El Programa de la ANERC fue publicado en su órgano de prensa Cuba Libre “para los trabajadores”, creado por Mella. La concepción unitaria expresaba la “única  manera de aplicar los principios del partido revolucionario cubano de 1895 a 1928”. De los elementos nacionalistas vendría la solución pasajera; pero la definitiva solo podrá venir de los trabajadores. Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba: Mella. Documentos y artículos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p.415
En los documentos de esta organización Mella expone los objetivos de este movimiento en los que está implícita su concepción en torno a la unidad de los movimientos sociales y los partidos políticos revolucionarios. Su objetivo era la formación de un frente amplio de carácter antimperialista sin negar la existencia organizada -dentro de la ANERC y fuera de ella- de los comunistas. Así resuelve, dentro de la línea leninista, el problema teórico - práctico de los instrumentos para hacer la revolución. Sobre las ideas de Mella en torno a la relación entre movimientos sociales y partidos políticos puede consultarse: Felipe Pérez Cruz: “Julio Antonio Mella y los fundamentos del marxismo en Cuba”. Contracorriente. Enero-febrero-marzo, 1997, pp.50-51 y Miranda, Olivia: “Julio Antonio Mella: los movimientos sociales y la unidad revolucionaria”. Marx Ahora, Nº 16, 2003, p.178.
[22] En trabajos cruciales como el referido ensayo ¿Que es el ARPA? y en su libro inconcluso ¿Hacia dónde va Cuba?- publicado en Cuba Libre... para los trabajadores (no. 1, mayo de 1928) -órgano de prensa de la ANERC-, Mella hace referencias muy significativas con respecto a la línea política del partido de los comunistas cubanos.
En ¿Qué es el ARPA?, Mella explicaba que los comunistas de Cuba, “sin fusionarse con el Partido Nacionalista, guardando la independencia del movimiento proletario, lo apoyarían en una lucha revolucionaria por la emancipación nacional verdadera, si tal lucha se lleva a cabo”.
En "¿Hacia dónde va Cuba?" alerta muy certeramente que de no producirse en Cuba una “revolución democrática, liberal y nacionalista, ya latente en los hechos”, para la cual existían fuerzas y condiciones, solo le quedará un camino, el de ser colonia formal de los Estados Unidos, el de ver destruidos todos los elementos constitutivos de una nacionalidad propia “hasta la época de las revoluciones proletarias en el continente”. (Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución Socialista de Cuba: Julio Antonio Mella. Documentos y artículos..., ob. cit., pp. 379 y 409. Consúltese además: Mella, 100 años. Selección, prefacio y notas Ana Cairo. Editorial Oriente, Editorial La Memoria, Santiago de Cuba, La Habana, 2003, pp.79-80, 161-164, 231-238, 246- 248.)
La descripción de la línea del Partido Comunista (hasta 1930) no es más que la traducción de la concepción de unidad expresada por Mella en los documentos de la ANERC. Mella precisaba que aunque la UN ¨había llegado a tener a todo el pueblo enrolado en sus banderas¨ sus masas tropezaban con la resistencia de la mayoría de su dirección, que aún sostenía la idea de ¨agotar los procedimientos legales y esperar hasta que el gobierno se ¨ponga fuera de la ley¨¨. Precisaba que la verdadera división dentro del movimiento nacionalista está entre los que suponen posible vencer a Machado por medios legales y los que reconocen que la única esperanza es responder a la violencia con la violencia¨. Cuenta en estos últimos el combativo núcleo de estudiantes universitarios y algunos dirigentes de cierta relevancia, con el apoyo del general Peraza.
Prueba de cómo habían sido recepcionadas las tesis de Mella en el PCC fueron las polémicas desarrolladas en la I Conferencia de Partidos Comunistas de América Latina celebrada en Buenos Aires en Junio de 1929 (a cinco meses del asesinato de Mella), donde los comunistas cubanos fueron fuertemente criticados por la IC por mantener la cuestión de la alianza con las fuerzas nacionalistas. Allí el delegado cubano expresó ¨ (…)  ya que anhelamos una orientación, si efectivamente el trabajo que realizamos está dentro de la táctica y programa de la Internacional Comunista. Me refiero a nuestra posible alianza con una fracción de la pequeña burguesía para la lucha contra la dictadura. Vemos que el Partido de la pequeña burguesía, llamado Unión Nacionalista, ha constituido y constituye actualmente, el ala izquierda de la burguesía cubana en la lucha contra Machado.¨
Las tesis elaboradas en esta Conferencia respecto al movimiento revolucionario en América Latina fueron fuertemente debatidas por sus apreciaciones confusas:
  • El papel de la clase obrera en la lucha de liberación de los pueblos es apoyar a las burguesías nacionales quien encabezará la etapa democrática-burguesa. Después la ¨hegemonía pasará de manos de la pequeña burguesía a manos del proletariado y de su partido comunista¨
  • En la etapa imperialista la autodeterminación es económicamente irrealizable.
  • Carácter contrarrevolucionario de las burguesías nacionales.
  • El establecimiento de un gobierno obrero y campesino es la tarea primordial de la lucha del proletariado.
(Consúltese: El movimiento revolucionario latinoamericano. Versiones de la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana. Junio de 1929.Editado por la revista La Correspondencia Sudamericana, La Impresora, Buenos Aires, 1929, pp. 126-127.) y  Correspondencia de Rubén Martínez Villena (mayo 1912- mayo 1933). Selección y notas de Carlos E. Reig Romero, Editorial Unicornio, 2005, p. 53)
[23] Particularmente intensa debió ser la comunicación de Rubén Martínez Villena con Mella. Aunque no se han conservado cartas y otros documentos, son numerosas las evidencias de su constante intercambio. El propio Mella en cartas dirigidas a otros compañeros hace referencia al intercambio epistolar que sostenía con Villena. Sobre este tema recomendamos consultar los testimonios que aporta Ana Núñez Machín en la citada obra: Rubén Martínez Villena, pp. 171-172.
[24] Roa, Raúl: El fuego..., ob. cit., p. 309.
[25] A propósito del pensamiento antidogmático de Villena, resultan ilustrativas las valoraciones de su amigo y cuñado José Z. Tallet, quien en sus “Reminiscencias de Rubén”, manifestaba refiriéndose a una anécdota familiar que evidencia la actitud opuesta al sectarismo aún en cuestiones de la vida cotidiana: “En 1927 me casé con su hermana Judith, y quiero contar un dato, o mejor dicho dos datos que ponen de manifiesto el espíritu amplio y nada sectario de aquel hombre plenamente convencido de su verdad y plenamente entregado a la lucha por ella, pero plenamente humano. Como es natural en una familia burguesa, de algún abolengo y de tradición católica, la boda no sólo se celebró en la iglesia sino hasta con cierto empaque (...) Rubén, el hermano mayor, no tuvo inconveniente en llevar la novia al altar (...) Pero, terminada la ceremonia y vueltos a casa (...) nos abrazó y se marchó a una importante junta sindical. Mas ahí no paró su desasimiento de todo prejuicio: (...) cuando nació nuestro unigénito, a ruegos de su querida hermana no titubeó en complacerla, llevando al chiquillo a la fuente bautismal como padrino. Cosas adjetivas, sin importancia para él, hombre de convicciones profundamente arraigadas, eran estas que los sectarios acéfalos, o los que no tienen confianza en su cascarado credo, se imaginan sustantivas o pretenden que lo son”. Tomado de Rubén Martínez Villena: El párpado abierto. Antología poética. Selección y prólogo de Juan Nicolás Padrón. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1999.
[26] Consúltese: El movimiento obrero internacional. Historia y teoría. Editorial Progreso. Moscú, 1986, tomo V, p. 231. Consúltese además: Instituto de Marxismo-Leninismo anexo al CC del PCUS: La Internacional Comunista, Editorial Progreso, Moscú, s/a, p. 281.
Sobre las relaciones del Partido Comunista con la IC recomendamos el documentado análisis que realiza Angelina Rojas:
¨En realidad, del análisis de los pocos documentos partidistas existentes hasta 1929 se desprende, de una parte, las escasas relaciones de la IC con su sección cubana, y de otra, se puede deducir el inicio, por el Partido, de la adopción de una táctica que, en sentido general, siguió durante casi toda su existencia, a excepción del período 1930-1934. La misma se basaba en que, viéndose imposibilitado por sí mismo de conquistar el poder político, trataría de arrancar conquistas para la clase obrera y el resto de los sectores populares a través de la lucha política, con el apoyo creciente de las masas, aprovechando para ello, inclusive, las brechas que pudiera brindar la oposición burguesa. Ello iría minando al régimen burgués hasta hacer inevitable la revolución social.
Es comprensible que eso fuera así, porque independientemente de los lineamientos de las organizaciones comunistas internacionales, la lucha contra el comunismo fue, en Cuba, objetivo prioritario de los gobernantes estadounidenses, minuciosamente organizado mediante los gobiernos de la Isla, como se sabe, aún antes del surgimiento del comunismo en Cuba. Al propio tiempo, cada intento por conquistar el poder había sido ahogado en sangre, con la impunidad que permitía un sistema legal creado para aniquilarlo.¨
Una situación que afectó mucho las relaciones del PC con la IC fue la existencia de un Partido Comunista de Cuba” apócrifo, que quizás desde 1926 y que todavía en 1929-1930 mantenía relaciones fluidas con la KOMINTERN, la Internacional Sindical Roja, el Secretariado Latinoamericano, el Sudamericano y otros órganos del movimiento comunista mundial. La actividad de este partido causó mucho daño y de hecho obligó al PCC ¨a actuar en solitario durante sus primeros y difíciles años de existencia¨. A finales de 1929 es que el Partido Comunista de Cuba comienza a tener relaciones más coherentes y sistemáticas con la Comintern, las que se ampliarán y consolidarán en los años siguientes.
Sobre la existencia de un partido comunista apócrifo recomendamos consultar: Angelina Rojas: Primer Partido Comunista de Cuba., ob. cit., pp.85-89 y 91-106.
En las postrimerías de 1929 el CC del PCC propuso a la IC sustituir el conducto del Partido Comunista Mexicano por la relación directa.  El Comité Central confió la gestión a Villena, más; al insistir éste en la necesidad de su presencia en Cuba, se designa a Fabio Grobart, quien fue el primer delegado oficial del partico que viajó a la Unión Soviética. Estando en este país, los directivos de la IC, le aconsejaron a Grobart, que, a partir de ese momento, consultaran sus decisiones más relevantes y buscaran asesoría con su homólogo de los Estados Unidos. Consúltese además: Raúl Roa: El fuego…, ob. cit., pp. 350-353 y 375 y Caridad Massón: Rubén: desde el recuerdo y la esperanza. Editorial Unicornio, La Habana, 2006, p. 23-24.
[27] Como explica Lionel Soto, las conversaciones y transacciones entre los personeros de Machado y los líderes de Unión Nacionalista, revelaban la naturaleza componendista y reaccionaria de la dirección nacionalista, capaz de llegar a acuerdos con el dictador, si este prometía las intenciones de turnarlos en el poder en corto plazo. Consúltese: Lionel Soto: La Revolución del 33. La Habana, Editorial Pueblo y Educación. 1985, ob. cit., p.235.
[28] Si bien en 1928 el movimiento nacionalista ofrecía algunas potencialidades para la lucha revolucionaria y el Partido trató de aprovecharlas, independientemente de las apreciaciones de la para ellos lejana Internacional Comunista, ya en 1930, la valoración del Partido con respecto al PUN, refleja la influencia que comienza a tener en el PCC, la táctica de clase contra clase acordada por el VI Congreso de la Comintern, independientemente de lo inadecuado de su análisis para Cuba.
[29] Sandalio Junco, de origen panadero e ideología anarquista en sus primeros tiempos. Encabezó una oposición en las filas del primer Partico Comunista, junto a otros que antepusieron sus desavenencias teóricas o sus ambiciones personales a la tarea de la lucha por la consecución de una verdadera transformación social en Cuba, bajo la dirección del PCC. El 23 de septiembre de 1933, junto a un grupo de desertores y traidores del PCC, como Eusebio Mujal y Marcos García Villareal entre otros, anunciaron la “Declaración de Principios Sobre la Situación Nacional”, de un denominado Partido Bolchevique-leninista, recién creado y de tendencia trotskista. Algunos miembros de este grupo habían desplazado a los dirigentes marxistas y comunistas del Ala Izquierda Estudiantil y de Defensa Obrera Internacional.
Sobre la oposición en el seno del Partido, Consúltese: Angelina Rojas: Primer Partido Comunista de Cuba, ob. cit., pp. 140-150.
[30] Nos referimos a la carta del 11 de noviembre de 1930 publicada en: Correspondencia de Rubén Martínez Villena (mayo 1912- mayo 1933). Selección y notas de Carlos E. Reig Romero,  ob. cit., pp. 75-83 y la del 27 de enero de 1931 publicada en: Rubén Martínez Villena. Ideario político. SEAP, 2003, Compilación e introducción de Olivia Miranda, pp. 488-495.  En estas cartas critica las confusiones de Sandalio Junco, a propósito de los cambios que éste introduce, inconsultamente, en un informe al parecer perdido, que Villena escribiera para ser enviado, a la II Conferencia de Partidos Comunistas de América Latina – celebrada en Moscú en 1930-, en momentos en que los dirigentes comunistas de diferentes países se encontraban en la capital soviética, para participar en una reunión mundial de sus partidos.
[31] Carta del 11 de noviembre de 1930, Correspondencia de Rubén Martínez Villena (mayo 1912- mayo 1933), Selección y notas de Carlos E. Reig Romero, ob. cit., pp. 79.
[32] Ibídem.
[33] Aunque no nos consta que Villena haya conocido esta obra de Lenin, realmente son muy evidentes los puntos de coincidencia con las ideas leninistas expuestas en esta obra. Consúltese: Vladimir I. Lenin: ¨Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática¨, en Obras Escogidas en tres tomos, t. 1, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1960, pp. 526-531.
[34] Villena apunta las diferecias entre ambos procesos:
  • La revolución no se transforma en dictadura del proletariado: la dictadura del proletariado es una fase de la revolución.
  • Una revolución proletaria, aunque se plantee conjuntamente con la revolución democrático-burguesa no puede “transformarse” en revolución socialista; ya lo es desde su comienzo. Y no creer que es posible implantar la dictadura del proletariado en Cuba es lo mismo que creer en la imposibilidad de la revolución proletaria, pues la cuestión fundamental de esta revolución es la dictadura del proletariado. Sin ella solo es posible la revolución democrático-burguesa antimperialista.
  • La dictadura del proletariado no significa desconocer la lucha de las otras capas sociales para torcer o adulterar la revolución. La dictadura del proletariado no es la paz social: es una forma nueva de lucha de clases del proletariado.
  • Desconocer el lugar y el papel del factor subjetivo en los procesos sociales y de una dirección política acertada traería como consecuencia el fracaso de la revolución o quedará solo en revolución democrática, temporalmente.
Segunda carta a Junco del 27 de enero de 1931, Rubén Martínez Villena. Ideario político, ob. cit., pp. 488-495. 
[35] Consúltese: Olivia Miranda: “Rubén Martínez Villena: El tránsito de la revolución nacional liberadora a la socialista”. Ponencia presentada en el Seminario anual del Museo Casa natal de Rubén Martínez Villena, La Habana, 2006.
[36] A finales de agosto o en septiembre de 1931 surge el ABC, organización secreta, de estructura celular y táctica terrorista. Tenía una composición clasista heterogénea, pero estaba integrada en su mayor parte por elementos de la burguesía. 
[37] “Que significa la transformación del ABC y cuál es el propósito de esta maniobra ¨. Rubén Martínez Villena: Poesía y prosa. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1978, tomo I  pp. 225-226. Consúltese además: ¨Abajo la intervención imperialista del sanguinario Welles y las serviles maniobras de sus lacayos nativos¨, publicado en El Trabajador, julio de 1933. Rubén Martínez Villena. Ideario Político, ob. cit., pp.390-401.
[38] “Las contradicciones internas del imperialismo yanqui y el alza del movimiento revolucionario”, Mundo obrero, mayo de 1933. En: Rubén Martínez Villena: Poesía y prosa, ob. cit., p. 231-250.
[39] Ibídem, p. 239.
[40] Sobre la huelga nos interesa destacar la valoración que hace Angelina Rojas: ¨ Mucho se ha especulado con respecto al desarrollo de esa huelga. No pocas veces se responsabilizó a Rubén Martínez Villena con la decisión de ordenar la vuelta al trabajo en momentos en que el avance de la fuerza popular ya era indetenible. Aunque según diversos testimonios fue Villena quien hizo la propuesta que condujo a ese error transitorio, es lamentable que los que echaron sobre él toda la responsabilidad -fundamentalmente Blas Castillo, Maldonado, José Antonio Guerra, Matienzo-, lo hicieran después de haber abandonado las filas del PCC por una razón u otra, sin tomar en cuenta la realidad de los hechos, en tanto partícipes de dicha decisión¨.
¨Sin embargo, se ha carecido de un análisis acerca de la línea del Partido en aquellos momentos, donde, a mi modo de ver, se centra la causa del error, aunque este se manifestara a través de la expresión de uno o varios de sus dirigentes¨
¨Ante todo es preciso puntualizar que, para el Partido, aquella huelga no era la llamada a derribar al régimen, y mucho menos el medio para la revolución. Según afirmaban entonces: ´ la huelga general actual es un paso hacia la revolución pero no la revolución misma´. Para ellos, ´con estas luchas ensayan fuerzas, perfeccionan su organización, desarrollan su conciencia de clase, desenmascaran a sus enemigos, debilitan el dominio de la burguesía y de los latifundistas, ganan aliados entre otras capas de la población y conmueven (remueven) el dominio del imperialismo´. Y a partir de esa concepción aseveraban: ´Esta huelga general actual no es la lucha final por la toma del poder, pero es posible que esa lucha final esté próxima, a Machado y al sistema no se les echa sólo con huelgas, sino con la insurrección armada de las masas¨. (…)
¨ Para la dirección del Partido, la huelga no pasaba de ser un movimiento por demandas económicas con el apoyo de paros de solidaridad de otros sectores, sin que ellos indicaran la existencia de una situación revolucionaria. Por esa razón, entendió que debían continuar laborando por crear las condiciones subjetivas para su realización¨.
¨ Con independencia de la validez de la preparación del factor subjetivo, lo cierto es que la dirección del Partido subestimó las potencialidades políticas del movimiento huelguístico.´
[41] Tenían el criterio  -y en ello coincidían con el Buró del Caribe-, de que era mejor un Machado debilitado por las presiones yanquis para que renunciara al gobierno, y obligado a hacer concesiones frente al amplio movimiento opositor, que el establecimiento de un nuevo gobierno impuesto por una intervención estadounidense. Consideraban que el Partido y la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), carecían de posibilidades para tomar el poder de inmediato, y pensaban que postergando la salida final del dictador, tendrían tiempo para organizarse más, ganar mayor apoyo de masas y  llevar a feliz término la revolución democrática y antimperialista.  Precisamente estos  criterios de mantener a un “Machado debilitado”,  fueron los que pesaron en el error de ordenar la vuelta al trabajo, sin apreciar que dado el grado de agudización de la situación revolucionaria, la huelga devenía en indetenible insurgencia popular. La rectificación de esta orientación frente a la inobjetable realidad de los acontecimientos, demostró la capacidad de reacción de Villena y el Partido.
[42] Consúltese: “Artículo de Bandera Roja sobre los soviets”. Bandera Roja. Órgano central del Partido Comunista de Cuba. Sección de la Internacional Comunista. Año 1. No. 2. PP. 3 – 7. La Habana. Octubre de 1933. Fondo Primer Partido. Instituto de Historia de Cuba.
[43] ¨Apuntes para el Proyecto de Programa del Partido Comunista de Puerto Rico¨. Publicado en Mundo obrero, mayo de 1933, en: Rubén Martínez Villena. Ideario Político, ob. cit., p.367.
[44]  En particular Juan el Calvo. Testimonio inédito de Joaquín Ordoqui, citado por Angelina Rojas, en Angelina Rojas Primer Partido Comunista (...), Ob. Cit. p. 191. Aunque la sanción no fue llevada a la práctica, en un informe del Buró del Caribe dirigido al Secretariado del Caribe y sudamericano, se plantea que “(...) Por la experiencia habida, no tenemos confianza en la sumisión de Villena al CC. Ya nosotros junto con la delegación preparamos el terreno para la exclusión de Villena del BP, lo que  ha sido ya efectuado en la Conferencia Nacional recién efectuada.” Consúltese: B. C. Rodríguez: S. Del C y S. A. “Estimados amigos”, enero de 1934, en Archivo del Instituto de Historia de Cuba CCPCC: ¨Acta de reunión¨, 23 de noviembre de 1933, Ibídem, p. 195-196.
Resulta de todas formas muy significativa que la esquela mortuoria de Rubén Martínez Villena fue publicada en Bandera Roja, en una de sus páginas interiores. Consúltese: Bandera Roja, Órgano Oficial del CC del PCC, La Habana, enero-febrero de 1934, p.4. En El Machete, órgano del Partido Comunista Mexicano, casi dos meses después de la muerte de Villena, es que aparece un pequeño párrafo en la página dos reseñando este hecho luctuoso. Consúltese: El Machete, marzo 8 de 1934, no 286.
[45] Se realizaron dos reuniones-plenos y la Conferencia Nacional del CC del PCC - en septiembre, el 23 de noviembre y otro extraordinario, denominado también como la Ira Conferencia Nacional, entre el 14 y el 17 de diciembre- en las que estuvieron presentes algunos dirigentes de la IC, lamentablemente con seudónimos que hoy desconocemos. Las acusaciones de oportunismo y revisionismo de derecha y de izquierda, así como de anarquistas y anarcosindicalistas  llovieron sobre los procesados. Consúltese: Comunicación sobre Conferencia Nacional del Partido que se celebró para movilizar al Partido a fin de preparar la lucha por la toma del poder y preparar el II Congreso, 14 de diciembre de 1933.Resolución de la Primera Conferencia Nacional, diciembre de 1933, en Archivo del Instituto de Historia de Cuba.
[46] Angelina Rojas: Primer Partido Comunista de Cuba, ob. cit., pp. 191-192. En el mencionado V pleno del partido (finales de agosto) se había planteado la cuestión de la organización de soviets locales, los cuales debían convertirse en centros de poder proletario en las diferentes localidades que a la vez sirvieran de base para la toma del poder central.
Consúltese además: Caridad Massón: Rubén: desde el recuerdo y la esperanza, ob. cit., pp.138-144 y 151-152 y siguientes. Consúltese además: Ana Núñez: El Rubén que vive aún, ob. cit., p. 87
[47] Consúltese: Caridad Massón: Rubén: desde el recuerdo y la esperanza, ob. cit., pp.138-144 y 151-152 y siguientes.

 

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