Augusto Blanca y La Fuga de la tarde:

Diálogo musical con Villena

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Tenía solo 14 años cuando descubrió la obra poética de Rubén Martínez Villena. No se propuso buscarla; en cada examen de Matemática nuevos versos iban a su encuentro: solo tenía que voltear la hoja y allí, en la otra cara, aquel extraño profesor de la asignatura les dejaba escrito a los alumnos, junto a los ejercicios, una poesía villeneana. “Capricho en tono menor”, “La pupila insomne”, “El sainete póstumo”… todos los aprendió de memoria y, un día, en un pupitre de la escuela, llegó a musicalizar la primera.

Quizás por el profundo respeto y admiración que profesaba hacia aquellos versos, sintió temor de enfrentar su melodía y no se atrevió a seguir. Muchos años habrían de pasar para que el destacado cantautor Augusto Blanca, fundador de la Nueva Trova y musicalizador de más de 100 creaciones de diversos poetas, reencontrara nuevamente al bardo revolucionario en su fonograma La fuga de la tarde.

Imagen: La Jiribilla

El CD, que consta de 14 poemas musicalizados por Blanca, resultó ganador del Premio Especial en el certamen de creación convocado por los Estudios Ojalá, de Silvio Rodríguez, en el año 2010.

El concurso fue un incentivo para el trovador, a pesar de estar fuera de la edad y no ser dado a participar en certámenes. Sin embargo, la idea de su colega y amigo Silvio, que instaba a musicalizar poemas de Villena, lo entusiasmó desde un inicio.

“El objetivo de enviar mi trabajo no era el de ganar ni mucho menos, —expresa Blanca— yo estaba bien claro de que ese concurso era dirigido más bien a músicos jóvenes, pero fue tal mi alegría de que por fin se hiciera justicia con la poesía de Rubén, que quise sumarme a ese útil anhelo de mi hermano Silvio y de paso saldar una deuda que tenía conmigo mismo de vencer el temor que me daba musicalizar a Rubén.

“Arranqué a trabajar a pesar de los temores de años atrás, porque siempre la obra poética de Villena me iluminó, en particular sus hermosos sonetos, impecables en el lenguaje, cultos y a la vez sencillos, sin caer en banalidades, de una transparencia a veces desgarradora y otras con un lirismo absoluto”.

De los poemas villeneanos recuerda en particular la “Sinfonía urbana: Alegro vespertino”, “que encierra una belleza y maestría sublime por la manera en que retrata las diferentes partes de un día en La Habana de los años 30. Es casi más escrutadora que la de una foto de la época”. También le estremece “Presagio de la burla final”, reflejo del presentimiento que tenía el poeta de su muerte cercana.

El proceso de selección, musicalización y grabación de los versos que integrarían el fonograma se convirtió en una fiesta creativa para Augusto Blanca

“Cuando comencé a musicalizar, ya con la idea de organizar una maqueta para presentarla en Ojalá, me dejé llevar por la poesía misma, una iba trayendo a la otra, hasta que decidí hacer un alto, pues tenía ya alrededor de 24 bocetos. Comencé a escucharlos, les di un orden lógico y finalmente me decidí por 14. Pudiera haber seguido, pues en el tiempo que estuve componiendo entré en una especie de fiebre villeneana que no me dejada dormir. Cuando hacía un alto, acudía al amigo Ernesto Pérez Cheltón, vecino, poeta y conocedor de la vida de Villena, quien me fue ‘adentrando’ en su mundo con sus comentarios y datos de la figura de Rubén.

“Una vez seleccionados los bocetos, inicié la elaboración de su armonía. Aunque todas las canciones fueron compuestas con la guitarra como base, cada poema tuvo un tratamiento diferente a la hora de hacer la maqueta final. Eran 14 formatos diferentes, cada uno con la sonoridad que yo pensaba debía tener. Traté de imaginarme cómo lo hubiese hecho Villena si le hubiera puesto la música, y no fue difícil, ya que los poemas traían su música entre líneas, sugerida misteriosamente por Rubén, señales muy sutiles que me imagino dejó claro el poeta intencionalmente porque fue un amante de la música.

“La maqueta que presenté al concurso tuvo la buena suerte de caer en manos de muchos amigos músicos: Emilio Vega, Dayron Ortega y Pancho Amat. Todos conocen muy bien mi obra porque llevo trabajado con ellos hace algún tiempo. A la hora de orquestar cada tema entendieron perfectamente lo que estaba sugerido en la maqueta y no me puedo quejar del resultado final. Disfruté las sesiones de grabación, fueron para mí clases magistrales, tuve el privilegio de que en el momento de poner las voces definitivas me las dirigiera Ana Lourdes Martínez, ángel del rigor y la afinación.

“El disco pudo tener muchos nombres, cada verso de Rubén es un buen título. Escogimos La Fuga de la tarde, pues creímos que el título en sí es una gran metáfora, es Rubén como un rayo victorioso, rebelde y obstinado, iluminando una alta cornisa de un techo de La Habana”.

Imagen: La Jiribilla

El Premio de Creación de los Estudios Ojalá sorprendió a Augusto, por ello lo califica como un beso que le ha regalado la vida: “Me siento muy  honrado de que este trabajo fuera declarado Premio Especial. El CD La fuga de la tarde ha sido la labor que con más gusto y cariño he acometido en mi vida; y fue tal la suerte, que tuve el honor de que los dibujos del diseño de carátula estuvieran realizados por Fabelo”.

Una pregunta final se impone, tal vez la más difícil de responder: ¿Cómo imagina Augusto Blanca a Rubén Martínez Villena en la Cuba de hoy?

De nuevo recurre al poeta que lleva dentro, y ve al joven revolucionario en cada obra, en cada lucha, en cada espacio artístico que tiene lugar en la Isla:

“Imagino hoy a Rubén caminando por las calles de La Habana y ayudando a Eusebio en su restauración, lo mismo batiendo mezcla de cemento que hablando con los obreros para hacer más productivo el trabajo. Lo imagino discutiendo en la asamblea ‘de que lo primero es el pueblo y que debemos acabar con lo mal hecho’. Lo imagino haciendo su buena poesía para contraponerse a la banalidad y mediocridad; plantando una ceiba, aplaudiendo orgulloso al final de un concierto de piano de su hija Rusela…

“Lo imagino leyendo a Martí en una tabaquería, o sentado en la calle G un viernes por la noche rodeado de jóvenes y discutiendo con ellos de valores humanos, de sexualidad o de política exterior…

“Lo imagino en la escalerilla del avión, dándole la bienvenida al último de nuestros hermanos que ya regresa a su patria… en fin, me imagino a Rubén mirando el sol con los parpados bien abiertos”.

Comentarios

Eso es verdad, así es el Villena, de hoy, por eso desde la Biblioteca que tiene su nombre y con las puertas siempre abiertas a quien quiera conocer, su obra te confirmamos. Ese Villena aquí siempre va a estar.

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