Inaugurada 55 edición del Premio Literario Casa de las Américas

Sin lugar para la desesperanza

Rosana Berjaga • La Habana, Cuba
Martes, 21 de Enero y 2014 (11:28 am)

Corrían los años de dictadura en Brasil la primera vez que Casa de las Américas abrió sus puertas a los hijos de este país. Eran tiempos de terror y censura. Se dice que la dictadura temía incluso de la samba. Porque era la dictadura la que temía, claro.

En América Latina se gestaba el cambio, que ya venía rompiendo como semilla bajo la epidermis; y los dictadores lo sabían, por eso venir a Cuba era un riesgo serio cuando, en 1978, los primeros intelectuales brasileños pusieron sus pies en la mayor de las Antillas. Era un desafío abierto. Un acorralamiento a la dictadura. Un acto de lucha.

Para ese entonces, ya Eric Napomuceno no vivía en el país de la samba. Unos años antes había comenzado su “vuelta al mundo” en busca de historias para diarios y revistas como Página 12, El País, Veja, La Opinión y Crisis, esta última dirigida por Eduardo Galeano.

Dos décadas más tarde y en un contexto completamente diferente, el narrador y periodista brasileño, se encuentra en el lugar de aquellos primeros intelectuales de su país que desafiaron la dictadura para llegar a Cuba. Transfigurado nuevamente en jurado del Premio Literario Casa 2014 en el apartado de Literatura brasileña, Napomuceno volcó en las palabras de inauguración de este certamen su sentimiento hacia la institución cultural y hacia la isla de manera general.

Dice haber perdido la cuenta de las veces que volvió a Cuba luego de su primera visita. “Soy testigo de momentos gratos y de momentos difíciles. En Cuba tuve alegrías esenciales, aquí pasé por preocupaciones de quitarme el sueño. Muchas veces parecían tortuosos los rumbos tomados por este país. Pero la increíble, casi absurda capacidad que tienen los cubanos para sortear escollos y dificultades, termina por imponerse. Siempre”.

Puede que la historia de Cuba sea una utopía, la utopía, pero Napomuceno afirma que no hay un momento a lo largo de estos años en los que haya visto desesperanza en esta tierra; que lo más impresionante de los cubanos es su mirada y que la principal obra de la Revolución es el haber recuperado y devuelto la dignidad humana, sin precedentes aún en el resto de Latinoamérica.

El miembro del jurado del Premio Casa 2014 asegura pertenecer a una generación en que se debatió largamente el modelo cubano. Pasados tantos años de su vínculo con esta Isla, continúa pensando exactamente lo mismo: “se puede, quizá, discutir si Cuba es o no modelo. Pero es absolutamente indiscutible que es un ejemplo. (…) Ejemplo de una trayectoria construida contra viento y marea, desafiando arrogancias indignas, trazando su propio futuro y buscando establecer su propio destino”.

Eric Napomuceno se afirma orgulloso de la alegría de su país, de su cultura diversa y rica. Se dice que Cuba y Brasil tienen corazones parecidos. Tal vez por eso, el autor encuentre en esta Isla su otra patria, incluso con sus utopías y cambios; y continúa pisando la Casa con el mismo desafío de antaño, solo que esta vez, le toca desafiar lo narrado.

 

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