Un periódico semanal enciclopédico:
La Civilización

Cira Romero • La Habana, Cuba

Tal como hemos titulado este artículo se subtituló esta publicación: “Periódico semanal enciclopédico”.  Estuvo dedicado “a las señoritas y señoras de La Habana. Religión. Historia. Comercio. Industria. Economía. Literatura. Bellas Artes. Biografías. Teatros. Costumbres. Modas. Anuncios; y, en suma, todas las noticias importantes y útiles, todas las lecturas provechosas y amenas”.   El primer número salió el 23 de agosto de 1857. En ninguno de los ejemplares revisados se menciona quién fue el director.

Mantuvo dos secciones fijas: “Revista universal” y “Álbum de las damas”. En esta última aparecían figurines tomados de la prensa extranjera, que se hacían acompañar de artículos a propósito de las modas entonces vigentes en Europa. Uno firmado con las iniciales  Q.M.B. ofrece una sabrosa crónica de la moda parisina de aquel momento:

Acabamos de recibir en nuestra redacción las últimas revistas de modas aparecidas en la capital francesa. Se nota una coincidencia entre todos los diseñadores y modistos: plegar las faldas utilizando telas suaves y colores sobrios y hacerlas acompañar de amplios bloussones que armonizan en cuanto al tejido. Complace ver también cómo comienza a aparecer la moda masculina, relegada hasta ahora de esas páginas, donde la preferencia se ha colocado, hasta ahora, de parte de les dames para su mayor beneficio y holgura. Cuesta creer cómo los hombres han sido olvidados en este menester, pero ¡por fin! se ha logrado su presencia. En los números que tenemos delante de Le chant du Loire, A Paris y La femme moderne no falta ya esa presencia y la ropa que se muestra para el bien llamado sexo fuerte es elegante y funcional, sobre todo la que se dedica al deporte. Cómodos pantalones de amplios pliegues permiten un mejor movimiento al jugador de golf y las boinas que se lucen nos parece que pueden ser asimiladas por nuestros garçones  para prevenirse del sol de esta isla. El bastón con empuñadura de oro imitando la cabeza de un león goza de una belleza singular.

Al  dar noticias del teatro, reflejaron los espectáculos que se ofrecían en el Tacón y recreaban de la siguiente manera cómo asistir al teatro se convertía en todo un acontecimiento social, donde la moda ocupaba un lugar  relevante:

La toilette de teatros es casi la misma que la del Paseo. Así, de la Alameda [de Paula] pasan al palco. Sigue en moda el raso labrado [...] En una de las últimas noches en el Tacón hemos visto a una muy hermosa dama que llamaba la atención de los inteligentes por su graciosa toilette. Vestía un lindísimo túnico de tul blanco sembrado de pequeñas rosas bordadas al pasado. El efecto de este sencillo, pero precioso tul se percibía más en el sombrero, porque parecía que una ligera gasa cubría un sinnúmero de rosas naturales. En ese tul la rosa parece bordada, sino interpuesta. Es una hermosa ilusión. El spenser o corpiño de distinto color del túnico se usa ya poco, porque se ha vulgarizado mucho.

En tanto, la moda teatral masculina se componía de “una semilevita negra con botones de terciopelo, pantalón negro con pliegues y botín a la última moda, corbata de raso y doble alfiler de oro con graciosa cadenita, sombrero negro con cordón y borlas y en la mano derecha una especie de garabato de granadillo a guisa de bastón, que hace furor entre los elegantes de La Habana”. Asimismo reflejaron en sus páginas la gran rivalidad que en esa época ofrecieron, en el plano operático, las sopranos Marietta Gazzaniga y Erminia Frossolini, quienes se disputaron la brillante temporada de 1857 a 1858. Se despertó una verdadera fiebre entre los partidarios de una y otra. La Civilización se hizo eco en sus páginas de las luchas que sobrevinieron a favor y en contra de las cantantes y reflejó el disgusto que se experimentaba al asistir a las representaciones, pues los bastonazos que el público daba, las roturas de lunetas al tirarlas y los gritos, impedían escuchar la obra. Denunció la ocasión en que la orquesta acompañante fue literalmente sepultada por una alfombra de ramos de flores que no llegaron a alcanzar el escenario ocupado por una de las divas.

Entre los colaboradores más asiduos de La Civilización estuvo el poeta y dramaturgo Joaquín Lorenzo Luaces, que aportó notables composiciones como la titulada “La inspiración”, donde deja definida su poética romántica. Leamos este fragmento:

Porque es la poesía cual torrente
de la cima del monte despeñado,
y yo gozo al mirar sobre mi frente
rodar la inspiración noble y valiente
y sentirme por ella arrebatado.

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En todo quiere agitación el alma...
Quiero con nubes renegrido el cielo,
quiero tronchada la robusta palma,
porque es horrible, para mí, la calma
y tempestades que admirar anhelo...

También publicó artículos referidos a las bellas artes y sobre figuras literarias sobresalientes, además de notas bibliográficas. Atendió con esmero la sección dedicada a dar consejos a la mujer, sobre todo en lo referido a la crianza de los hijos, como en el artículo titulado “Las maneras de jugar de nuestros hijos”, cuyo anónimo autor escribió en uno de sus párrafos:

Parece innecesario subrayar la conveniencia de que nuestros hijos e hijas no se mezclen en los juegos. Deberá haber juegos para niños y juegos para niñas y los padres deberán estar siempre atentos para que no exista confusión. Para los primeros habrá pelotas, arcos y flechas, en tanto que las segundas se apañarán con sus muñecas, el bordado y todas otras artes manuales. Sí pueden ambos sexos oír música juntos, siempre que sean sonidos armoniosos y dúctiles para sus mentes siempre risueñas. Cuidar, madrecitas, de que sus hijos se pierdan por las habitaciones del hogar y mucho menos en casas adonde son invitados. Siempre debe haber un ojo avizor sobre ellos.

Una larga composición de Federico Milanés que había sido premiada en 1847 en los Juegos Florales de La Habana, titulada “Sátira contra la manía de publicar tomos de poesías con títulos inadecuados y prólogos altisonantes y laudatorios”, fue retomada en las páginas de esta publicación. Veamos el fragmento final:

Caiga el telón y encubra la osadía
Con que el poeta audaz la pluma moja
Y abulta aún más su tonta apología.
Vanidad que es tan necia me sonroja,
Y me pasa con él cual con Huberto
En tomando cerveza que no es floja.
Mientras beba poquito me divierto
Que da risa mirar que tenga vena
Quien, si no empina, calla como un muerto.
Pero cuando se emboca una docena
De botellas, cayendo contra un quicio,
Entonces, Luisa, lo feroz del vicio
Ya no me excita a risa sino a pena.

La Civilización, no obstante autotitularse como una publicación “enciclopédica” no rebasó lo meramente informativo. Sin embargo, desde otras perspectivas funciona como un referente adecuado para conocer la vida teatral de esos años, así como para medirle el pulso a la educación que, a juicios de los redactores, debían recibir las mujeres y los niños, que para nada se diferencia de los cánones establecidos para la época en relación con ambos: la mujer dedicada al hogar, a la crianza de sus hijos y a atender al esposo, que era el encargado, como se lee en un artículo, “de traer los parabienes a la casa”.  En cuanto a los niños, ya vimos cómo establecían firmes diferencias de sexo que obligaba a la total separación de ellos en juegos y otros entretenimientos, y aún en la escuela, pues debían asistir a colegios diferentes.

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