Magdalena sin fronteras IV

Vivir un performance con Jill Greenhalgh

Blanca Felipe Rivero • La Habana, Cuba

Estoy segura que Jill dirá que esta relatoría tiene palabras demasiado complicadas. Repite con insistencia la utilidad y necesidad de la precisión, la búsqueda de lo sencillo para nombrar lo que sucede en nuestro cuerpo y nuestra mente. Me esforzaré por hacerlo.

El proceso

Fuimos reunidas en la Casa de la danza un grupo de mujeres de diferentes agrupaciones como: Teatro de las Olas de Mayabeque, Macubá de Santiago de Cuba, Teatro La Proa de La Habana, Alánimo, Dripy, Guiñol, Mejunje, una estudiante de la Escuela Provincial de Arte y una niña de 14 años de edad estudiante de ballet, todas de Santa Clara, más una actriz del Taller Jaulabierta de Colombia. Juntas: Indira, Odelei, Idania, Aniley, Yamile, Mileidy, Eneida y Diana.

Primera mañana

Jill explica que el proceso que viviremos ya lo ha experimentado cuatro veces, una vez en Gales, dos veces en Brasil y una en Madrid. Se llama Hijas y debemos hacerlo conectadas con alguien muy cercano, hija o madre o las dos, que la estructura básica tiene que ver con fotos, objetos, documentos e incluso conversaciones gravadas o escritas.

Imagen: La Jiribilla

Solicita permiso para dialogar de estas cosas tan íntimas y pide que nos presentemos con la primera reacción hacia la palabra hija, concentrada en un solo vocablo. Así nacieron: amor, entrega, confianza, inspiración, magia, voluntad, fuerza, espiritualidad, comprensión; pero también relaciones de familia, responsabilidades, rebeldías, culpas, protestas, rechazos, obligaciones, adicciones, independencia e incompatibilidad.

Es entonces cuando Jill se nos presenta como fundadora del Magdalena, profesora de la Universidad de Gales. Expone que le interesa el teatro que no es de texto porque prefiere el performance para encontrar formas de escuchar las voces de las mujeres que han estado silentes. Dice: “Mi causa con el Magdalena es ver más y escuchar más de las mujeres”.

Insiste que todo está dentro de nosotros, que haremos algo muy real con la voz de nuestras madres y de nuestras hijas. Es importante la presencia del cuerpo femenino, que las mujeres ocupen el espacio con autoridad, con sus propias historias, que todo está en la memoria, las historias grandes y pequeñas.

Nos propone desarrollar las frases: “la hija que soy” y “la hija que quiero”. Subrayar las palabras esenciales, las que expresen todo el sentir profundo de lo que pensamos. La lectura fue un desgarramiento mientras nos decía con fortaleza que lloramos porque es importante y si no es importante para nosotros no lo será para el espectador. Luego comprendimos que era necesario pasar por estos reconocimientos y despojar de lo inútil lo que contaríamos.

Después nos indicó escoger a alguien, situarnos frente a frente y mirarnos a los ojos por 15 minutos. Nos comenta que es muy raro tener la oportunidad de mirar a alguien durante ese tiempo, que tenemos el derecho de mirar  a las personas y ellas a nosotros. Es algo que normalmente no se hace sin disculparnos y esto es muy importante cuando hacemos teatro. Explica que tenemos el derecho de estar con nuestro público y decir algo que es significativo para nosotros e indica recordar, cuando estemos relajados, sin prejuicios, el control  de la situación.

Al terminar el ejercicio comentamos que se trató de un repaso interno compartido, que nació la belleza, la tranquilidad, el equilibrio, el arrullo, el transitar por emociones que culminaron en un abrazo.

Inmediatamente la maestra propone un nuevo ejercicio. Nos fuimos a un espacio más pequeño e íntimo, se trataba de entrar cada uno por separado, escoger el lugar más cómodo para comunicarnos, decir hola, mi nombre es…, lo más importante para mí es…., dar las gracias y retirarnos.

Se trataba de hablar y compartir, revisar cada detalle, mirar a los ojos de todos y tratar de encontrar lo más importante en ese instante para experimentar la sinceridad en solo once palabras. Teníamos todo el tiempo de decir, de modo que las pausas, respiraciones o cualquier cosa que relacionáramos con el entorno era de nuestra total libertad.

Los ejercicios se suceden y continuamente los detiene porque se olvidó alguna palabra o el orden del decir. Recuerda que las salidas se completan y no se estropean porque destruye lo construido. La regla es estar presente todo el tiempo, la rapidez no conduce a nada. Se trata de relacionar una precisión con una verdad

Después de cada ejercicio individual se habla sobre lo que funciona o no, pero en términos de principios de la escena y no de la opinión, no se personaliza el criterio, se habla desde lo que se supone útil para el ejercicio.

Segunda mañana

Iniciamos comentando sobre un espectáculo visto la noche anterior y nos ejercita sobre la diferencia entre opinión y principio, despojándonos todo el tiempo la palabrería y yendo cada vez más profundo, tratando de despertar en nosotros una observación muy concreta sobre lo que necesitamos saber o comprender.

Debemos escoger una mesa para cada una y sacar los objetos que tengamos, solo tenemos unos manteles rojos para llamar la atención sobre los elementos. Nos detiene y vamos al espacio donde la colega colombiana conduce un calentamiento. Jill nos propone un ejercicio, ella da una palma y nosotros debemos estar atentas para hacerlo al unísono con ella. Lo hace en silencio y conversando, luego dialogamos sobre lo que sucede con nuestro cuerpo y nuestra mente cuando estamos listos. Es el cuerpo pre expresivo, ese que es interesante para el espectador porque está al límite de decir o hacer algo. El cuerpo está en desequilibrio, así recuerda las posiciones del ballet, del No.

Después, nos propone pensar sobre lo que es importante para nuestras hijas o para nosotras sobre ellas, para dialogar con el material que necesitamos para el performance. Qué deseamos preguntar a nuestra madre o hija acerca de nosotras y si es posible se graba o escribe. Yo elaboré una pregunta que luego utilicé tal cual. Pregunté a mi madre y a mi hija: ¿Te gusta como soy?

Regresamos a la mesa y nos propone colocarla en el espacio con dos sillas, una para nosotros y otra para el público. Buscar una forma de colocar el mantel, ser perfeccionistas con el detalle y los objetos que tenemos, explorar diferentes formas de ubicarlos y pensar en los más sugestivos para ser observados e incluso provocar sorpresa. Se trata de armar una instalación. Buscar anécdotas o historias conmovedoras y precisas sin parloteo porque no se trata de una conversación.

Imagen: La Jiribilla

Tercera mañana

Comenzamos con el calentamiento habitual y de inmediato Jill nos propone trabajar las resistencias. Los pies a la distancia de los hombros, con el cuerpo dispuesto a imaginar una cuerda que sale del centro de nuestra cabeza y se pierde en el cielo, individual y única. Debemos oponernos a la gravedad. Detrás están nuestros ancestros y delante nuestro futuro y nosotros buscamos el centro mientras caminamos suavemente. Luego en parejas se camina, mientras otro trata de detenerte por las caderas y después poniendo una mano sobre el pecho. Al soltarnos debemos mantener la marcha sosteniendo las resistencias.

Buscamos una silla y nos indica sentarnos cotidianamente y luego sentarnos suavemente manteniendo lo puntos y comprobar las diferencias. Le sigue buscar una caída cómoda de la silla y repetirla en media hora. Se debe caer casi imperceptiblemente. La experiencia es comentada, dígase conciencia de los músculos, de los movimientos, de la mirada, de la resistencia a la gravedad.

La niña que sabe de ballet tiene la encomienda de hacer una coreografía con una grabación que Jill ha traído de su hija cantando, para integrarse al performance.

Imagen: La Jiribilla

Cuarta mañana

Llegamos directo al material, la mesa, los elementos. Hay que buscar al menos tres o cuatro historias cortas que se relacionen con los objetos para tener reservas, porque se supone que contemos según la persona con quien nos comuniquemos. Nos dice Jill que se trata de una oportunidad, que es algo simple de cierto modo, pero muy poderoso si se hace con intensidad. Experimentar el control del entorno y a su vez el de la historia con un poder individual. Dice que no hay una forma correcta o incorrecta sino una forma profunda de hacerlo.

Comenzamos a contar entre nosotros escogiendo como suponemos ocurra el día del performance, los demás observan y se habla sobre lo que funciona o no y la experiencia del hablante. Cómo comenzar, cómo terminar cuando queramos porque tenemos el control, sostener los puntos de resistencia, no dar la historia toda, dejar algo que desear.

Nos dice Jill: “En el centro de ti hay un sol y cada rayo sale de tus poros, la luz y el poder, tu energía llena la sala, Santa Clara, llena Cuba. Todo esto es muy femenino”. Explica que quiere mostrar historias de mujeres que no se cuentan frecuentemente.

Así nos despedimos el día 12. Nos veríamos dentro de cuatro días, el tiempo en que seguiríamos organizando individualmente el material. Para ese entonces ya teníamos una honda complicidad.

Día del performance

Nos vimos en la mañana en la Galería Provincial en un salón amplio, nos compartimos vestidos de flores, decidimos estar descalzas, con poco maquillaje y el pelo suelto preferiblemente, lo más natural posible. Colocamos las mesas y nos concentramos en los detalles, de cerca, de lejos, de manera individual y colectiva. Armamos nuestra instalación y probamos nuestras historias en soledad, mientras se colgaban sobre cada una de las mesas luces y se probaba la intensidad de la música (la voz de una de las hijas de Jill cantando Ave María de Schubert) mientras nuestra niña bailarina danzaba alrededor de su mamá, una de las performer.

Preámbulo al performance

Llegamos a las seis de la tarde para realizar el performance a las nueve. Nos vestimos y se nos pidió que hiciéramos una lista de las reglas. Les expondré mi lista, que es la de todas porque debíamos incluir lo que no habíamos recordado.

  • Estar en control, tranquila pero alerta.
  • Buscar mi centro en oposiciones.
  • No rendirme a la gravedad.
  • Perfección en la organización de la mesa.
  • Darme el tiempo de decir.
  • Darle tiempo al público para que haga asociaciones.
  • Mirar a los ojos, tener control de la historia.
  • No apresurarme a invitar a la mesa, escoger.
  • No estar necesariamente seria.
  • Tomar el tiempo de seleccionar las palabras y los detalles de la historia.
  • Aprovechar la atmósfera circundante.
  • Silencios necesarios pero no vacíos.
  • Llegar al límite de la emoción y no caer.
  • Entregar mi verdad.

El performance

Llegaron las nueve y ya colocadas en posición fija comienza la entrada del público. Me encontraba en soledad pero conectada a las demás, e incluso en esos momentos recordé a las anteriores mujeres que hicieron el performance en otras latitudes. Estaba junto a mis objetos y recuerdos queridos y dispuesta a compartir algo muy íntimo. Noté respeto. Conté alrededor de diez veces, entrelazando las cuatro historias que tenía organizadas. Cuando Jill tocó mi hombro para terminar, se sentó una mujer del público y aunque le comuniqué que ya había finalizado, me acompañó hasta el final en total silencio. Cuando todos salieron del salón nos abrazamos y yo estaba totalmente tranquila y despejada, sin creer que habían pasado cuarenta y cinco minutos en total control.

Les confieso que una de las seducciones medulares de esos días en contacto con la creadora fue su obsesión por la recepción del trabajo, el punto de vista con que se transitaba hacia la propuesta del “resultado”. Teníamos como guía la búsqueda para ser capaces de comunicar y movilizar a los espectadores hablando con voz propia.

Al día siguiente 

En la intervención de Jill en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) comprendimos aún más lo que habíamos experimentado. Su búsqueda para encontrar nuevas estructuras, para lograr que sus performances se alimenten unos de otros, ya que un tema puede tener hasta diez variantes, su certeza de que no importa la edad  de las mujeres,  y que en su trabajo creativo, el Magdalena y su vida, están interrelacionados; que sus performances ocurren si logra que sus performer confíen.

La entrevista

Para terminar comparto con ustedes una breve entrevista. Ocurrió en el patio de la UNEAC. Ella atenta, con los pies cruzados. Entre bocanadas de humo elabora cada respuesta como acostumbra, en pocas y concentradas palabras. Esa es nuestra Jill.

¿Por qué relacionas tu familia con el proyecto del Magdalena?

Porque son tan importantes para mí que quiero que sean parte de mi trabajo. Quiero viajar con ellas también, pero es muy difícil.

¿Crees que las mujeres de teatro son diferentes?

No, es que tienen la oportunidad de decir, la posibilidad de hablar de cosas medulares en voz alta.

¿Por qué escoges el performance como modalidad teatral?

Porque no me gusta la actuación, el performance es más real.

¿Qué cosa es real?

Las cosas que conocemos.

¿Qué significa para Jill hacer teatro con la perspectiva de la mujer?

Cuando siento que me toca hondo. Cuando se refleja algo que toca mi vida como mujer. No importa de donde sea.

¿Cómo identificas cuando no está esa perspectiva femenina y si la del hombre?

Cuando no veo la anatomía de la mujer en toda su dimensión, ni sus preocupaciones políticas, ni sus prioridades.

¿Crees que las preocupaciones políticas de las mujeres de diferentes países son semejantes?

Sí, son similares pero también muchas veces muy diferentes. Te puedes encontrar con explicaciones que parecen opuestas y en esencia son lo mismo.

¿Cuáles te han tocado?

La violencia y todo lo relativo a la igualdad. Tenemos mucho que hacer.

¿Qué cambiaría Jill?

Quiero que las mujeres dejen de tener miedo. Mi preocupación es que la mujer siga copiando la forma de hacer teatro de los hombres porque son muy dominantes y corremos el peligro de ser anuladas.

Cuando estás en un Magdalena en cualquier lugar del mundo, ¿qué sientes?

Solidaridad. Me siento cómoda, que hablo el mismo lenguaje.

¿De qué te ocupas?

De hablar, compartir mi trabajo, guiar talleres, beber.

¿Qué te atrae más?

El trabajo novedoso que no haya visto antes. Cuando veo autenticidad en el trabajo del teatro desde la mirada de la mujer.

¿Alguna vez te sentiste asustada?

Siempre.

¿Y cómo lo superas?

Estoy obligada a hacerlo y lo hago. Tengo que dejar de ser cómoda.

¿Qué sucede cuando escuchas las voces de otras mujeres que han dejado de estar asustadas?

Me siento inspirada.

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