Magdalena acorta distancias

Fátima Patterson • La Habana, Cuba

La primera vez que participé en un encuentro de Magdalena sin Fronteras se me aclararon ideas que tenía en el entramado del pensamiento, proyectos que quería hacer y no tenía claros, o sobre los que tenía temores. Fue como romper una barrera.

Imagen: La Jiribilla

Por ello Magdalena sin Fronteras significa para mí el cumplimiento de etapas de trabajo. Cuando llegué en 2014 por segunda vez al encuentro me di cuenta de que había caminado hasta mi propia meta. Solo que no era una meta realmente, y el camino no terminaba, había que seguir, y los propósitos han vuelto a cambiar. Así que el propósito de la creación se convierte también compromiso.

Con más de cuarenta años de trabajo algunas personas piensan en jubilarse, yo sin embargo tengo mucho miedo de que no me alcance el tiempo. Llegar a este Magdalena es importante porque sé entonces que aunque el tiempo es poco, los propósitos están más claros, y es posible seguir.

En la creación teatral el camino para las mujeres es mucho más difícil. Lo transitamos entre las incomprensiones, los prejuicios heredados de siglos, la exclusión, y aunque hayamos tenido conquistas estas no son suficientes. La mirada hacia nuestra creación casi siempre es otra. Muchas veces es una mirada muy complaciente y eso no es justo porque la verdad es que tenemos los lugares que nos hemos ganado con trabajo, y con un pensamiento a veces mucho más agudo que el masculino.

Mi trabajo como directora del Estudio Teatral Macubá también tiene que ver con la capacidad de las mujeres para penetrar en zonas muchas veces olvidadas por la mayoría de las personas. He trabajado muchos temas de exclusión por cuestiones de género, raza, o cualquier otro motivo. Las mujeres jugamos un papel fundamental en la integración que es tan necesaria proponer. No es narcisismo ni vanidad reconocer que somos el centro de los hogares, organizamos hoy la vida en familia. Precisamente por ello estamos en capacidad de asumir labores mucho más complejas. Mi grupo también funciona sobre la base de una familia, de una familia como pequeño estado. Por eso en nuestro trabajo la armonía es tan importante.

Yo diría que Santiago de Cuba se está repensando completamente. También nosotros lo hacemos, porque uno nunca puede señalar a los otros sin señalarse a uno mismo. Será muy sano reunirme ahora con la gente que hace teatro en la provincia, debatir con las mujeres y explicarles los fenómenos que se me han aclarado durante este Magdalena.

Imagen: La Jiribilla

Hacer teatro es un acto de vida, un acto de fe, y sobra quien no esté en capacidad de hacerlo de esa manera. Son momentos difíciles para nuestro país, debemos sacar la hojarasca para que el teatro pueda decir lo que tiene que ser dicho. Debemos buscar más capacidad de encuentro.

Agradecemos mucho espacios como el del Magdalena sin Fronteras. Grupos de provincia como el nuestro, alejados de la capital, trabajan enormemente por el teatro cubano, y este evento hace que se acerquen esas distancias.

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