Género y teatro, un asunto del arte

Carlos Satizábal • La Habana, Cuba

Es la tercera vez que participo en un Magdalena sin Fronteras. Hace 20 años asisto a eventos de la Red Magdalena. Su interés por dar voz a las mujeres creadoras tiene un sentido muy profundo porque bien podemos llamar al siglo que estamos viviendo el siglo de las mujeres. Es quizás la época en que con más claridad y firmeza las mujeres se afirman y el patriarcado se tambalea.

Se muestra cada vez más necesario transformar y encontrar una nueva manera de relacionarnos entre los hombres, las mujeres y todas las demás posibles elecciones de género que no sean las impuestas a través de formas de poder, verticalidad, o dominación. Lo más curioso es que ese otro modo de relación existe quizás ya en la manera en que las mujeres hacen que el mundo sobreviva con el cuidado, la solidaridad, el afecto.

Imagen: La Jiribilla

Encuentros como el Madgalena sin Fronteras adquieren importancia porque en el teatro en particular, el patriarcado heredó por muchos años la dirección a los hombres, y las mujeres tenían el papel subalterno o incluso ni siquiera podían participar. Se fijó como un papel subalterno ser actriz o actor, y como elemento superior se reconoció al director y al dramaturgo, que eran mayoritariamente hombres. Esto organizó una estructura también vertical como estructura del poder en el arte escénico. Todo eso ha hecho crisis porque lo que más nos interesa en la creación es preguntarnos acerca de lo que no sabemos, y sobre todo cuestionar aquello que, como la estructura vertical, impide que la creación explore lo desconocido.

Como creador no puedo abandonar mis preguntas como ser humano, ni como político ni como hombre de estos tiempos. Por ello me parece que abordar la creación con perspectiva de género es uno de los asuntos más inquietantes de la época. Debemos preguntarnos no solamente sobre cómo habitamos nuestro tiempo, sino sobre cómo habitamos nuestro cuerpo que es el que habita el tiempo, bajo qué metáforas asumimos que somos hombres, mujeres o dueños de cualquier otra elección de género. Debemos estar conscientes de que la metáfora vigente suele ser la del poder y la del sometimiento, y es esa la que está produciendo desastres en las relaciones humanas, en las relaciones entre los humanos y la naturaleza, entre los humanos y lo sagrado, con la vida y por tanto también con el mundo de lo político. El poder se asienta aún sobre la metáfora de la desigualdad como estrategia de dominación, y no como estrategia de diferencia. Cuestionar las relaciones de género es entonces también un gran asunto del arte.

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