55 del Premio Casa

Nancy Morejón • Cienfuegos, Cuba

Cincuenta y cinco años han pasado y no nos damos cuenta todavía de la  trascendencia de un Premio cuyas ediciones han sido ininterrumpidas.  Ha sido una proeza, hecha como quien se lanza a la bahía por el simple  placer de refrescarse.  Esa sensación, de alguna manera, está en el  centro de la fundación y la permanencia de este gran certamen continental.

Sus inicios se remontan a los años sesenta y sus primeras convocatorias sólo eran válidas para las obras hispanoamericanas en los géneros más representativos de un cuerpo literario que se había consolidado desde finales del siglo XIX con las figuras tutelares del  nicaragüense Rubén Darío y el cubano José Martí.  Había para entonces,  ¿quién lo duda? una literatura hispanoamericana, una expresión del  arte literario, reverenciada y reconocida entre las dos orillas del  Océano Atlántico. Durante más de dos décadas, el Premio Casa  consagró el talento y los esfuerzos intelectuales de creadores de  innumerables generaciones que acudían a su llamado para fijar lo más trascendente del quehacer contemporáneo entre nosotros.

Tiempo después, el Premio abría sus puertas a otros horizontes continentales como lo fueron la inclusión de las categorías dedicadas a Brasil y a las diversas literaturas del Caribe en inglés, francés y creole.  Los cánones en lengua española recibirían una confrontación de oxígeno así como de reconocimiento a esa diversidad que, para  muchos hoy, es imprescindible a la hora de efectuar cualquier análisis sobre nuestras culturas. Esa presencia de las literaturas antillanas, auspiciada por el Premio, alcanzó una categoría mayor desde el momento en que la Casa procede a fundar el Centro de Estudios del Caribe como un laboratorio especial para la indagación de una región anteriormente excluida de los programas establecidos.

Fue Alejo Carpentier quien, en una conferencia magistral difundida en  directo por la televisión cubana en 1979, armara los fundamentos del Centro y proclamara la pertenencia natural de la cultura cubana a su geografía más cercana con la que había compartido una experiencia histórica común desde y aún antes de 1492.  Al tanto de la diversidad de esas culturas, múltiples y únicas a la vez, el Premio se enriqueció  y entró a formar parte de una de las vanguardias más certeras de la  modernidad anunciada por nuestros creadores desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días.

Es una alegría, un honor, haber asistido a buena parte de las celebraciones por este Premio que arriba a sus primeros 55 años.

 

 

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