El viejo Santiago en tranvías

Josefina Ortega • La Habana, Cuba

Cuentan que en la mañana del 8 de febrero de 1908 se inauguraba en Santiago de Cuba el servicio del  tranvía eléctrico.

Según afirma Carlos E. Forment Rovira, -un cronista de la época  nacido en la ciudad oriental y de visita allí por esos días-, 14 carros anduvieron en circulación  para la apertura del acontecimiento. Habían sido  fabricados por The J. C. Broll Co., un emporio de la ciudad norteamericana de Philadelphia.

Cada carromato llevaba asientos para 28 pasajeros.

La iniciativa fue aplaudida por toda la ciudadanía que la consideraba una de las más importantes mejoras urbanas del momento y por haber sido emprendida por una compañía con capital cubano en la zona. Dicha empresa se llamó Compañía Eléctrica de Alumbrado y Tracción de Santiago de Cuba y para tales fines se invirtieron millón y medio de pesos destinados tanto a una  instalación productora de luz eléctrica como al  servicio de tranvías.

Imagen: La Jiribilla

Forment Rovira, en sus Crónicas de Santiago de Cuba, rememoraba que a las nueve de la mañana de ese día 8 de febrero, en los talleres de Punta Blanca “…Todo lo que vale y brilla en la ciudad estaba allí, con un grupo selecto de damas”.

Para regocijo de todos los santiagueros y los numerosos invitados, el acto comenzó con las notas del Himno Nacional y la bendición del edificio que servía de sede de la planta eléctrica y de las máquinas generadoras de electricidad, liturgia  llevada a cabo por monseñor Barnada, arzobispo de la ciudad.

El discurso político era pronunciado por el alcalde interino Juan de Dios Bolívar quien, tras la breve alocución, con parsimonia “abrió la llave que conduce el vapor de las calderas a los motores, que comenzaron a funcionar marcando los relojes 500 volts 550 amperes”.

“¡Desde ese momento se extendió el fluido de la civilización por todos los alambres de la ciudad”, exclama Forment Rovira, alborozado.

Varias personalidades hicieron uso de la palabra en tan fausto suceso.

Y para dar comienzo al primer itinerario salía el primer tranvía llevando a los músicos de la Banda Municipal desgranando melodías a lo largo de todo el trayecto.

No dice  Forment Rovira cuáles melodías iba interpretando la  banda ni cuál era el recorrido. Solo apunta que hasta las dos de la tarde no comenzaría  el servicio público, porque durante la mañana varios carros iban transportando directivos, invitados y numerosos periodistas locales y llegados desde La Habana.

Los festejos durarían hasta después de las 11 de la noche en que cerraría el jolgorio una retreta ofrecida por la banda militar del ejército norteamericano y un gran baile en los salones de la Colonia Española.

Siete días después se producía el primer accidente.

Se vieron involucrados el tranvía No. 4,  timoneado por el motorista Francisco Gómez García y un coche tirado por caballos, destinados al servicio de alquiler y propiedad de Ramón Herrera.

El percance ocurrió en la avenida Victoriano Garzón ―entonces conocida como Camino del Caney o Pozo del Rey. La razón era sencilla y hasta lógica: al pasar cerca de un tranvía, que circulaba a los ¿“nueve puntos”? los caballos se espantaron y el  resultado fue una rozadura, más susto que otra cosa, pero que alarmó a los ciudadanos que tuvieron temas para comentar durante varios días.

Imagen: La Jiribilla

Hoy es posible ver aún en varios puntos de la ciudad de Santiago de Cuba las líneas por donde circularon los tranvías, así como el tendido eléctrico que servía para dar energía a los coches motores.

No pocos santiagueros se preguntan si rescatar el sistema de tranvías no sería ideal para resolver el problema de transporte debido a la fuerza de esos equipos a la hora de remontar las frecuentes y muy inclinadas pendientes de aquella urbe oriental.

¡Tal vez algún día…!

 

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