Entrevista con Eric Nepomuceno

Reencuentro con la Casa del Premio más querido

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Como muchos grandes de las letras, el intelectual brasileño Eric Nepomuceno ha forjado su trayectoria profesional sobre dos pilares: el periodismo y la literatura. Por ello, en más de una ocasión, ha sido jurado del Premio Literario Casa de las Américas en los apartados de ficción y no ficción.

La primera vez, en 1989, el certamen arribaba a su 30 aniversario. Hoy se realiza la edición número 55 y Eric regresa a la que considera su Casa, anhelando volver nuevamente “para los 60 años del Premio”.

El narrador y periodista —traductor además de obras de destacados literatos contemporáneos como Galeano, Cortázar, Benedetti, Gelman, García Márquez, Rulfo y Onetti— dará a conocer, junto a sus colegas Suely Rolnik y Luiz Bernardo Pericás, la mejor obra de no ficción en la categoría de Literatura brasileña: “Uno bromea y se ríe mucho, pero no puede olvidar que ser jurado implica una responsabilidad bastante compleja por la envergadura y el peso del Premio Casa”, apunta el intelectual brasileño.

Su prolífera carrera como reportero, su diversa obra como escritor, sus múltiples vivencias en el continente latinoamericano y su estrecha relación con Casa de las Américas durante décadas, son testimonios de la intensa vida de Nepomuceno, dedicada a escribir lo que vive y lo que ve, lo que queda impregnado en su alma y en su memoria.

¿Cuándo surgieron sus vínculos con Cuba y Casa de las Américas?

Vine aquí por primera vez en julio de 1978, al Festival de la Juventud y los Estudiantes. Conocía a Cuba de lectura, pero nunca había estado y Eduardo Galeano me recomendó de manera muy directa que desde el primer día llamara a Casa de las Américas y hablara con Roberto (Fernández Retamar). Eso hice y al día siguiente vine, conocí a Roberto y a la Casa.

Vivía fuera de Brasil en esa época, y la Casa tuvo un papel muy importante al invitar a los artistas y e intelectuales brasileños, porque era una manera de presionar a la dictadura militar que había en mi país. De la misma manera que muchos —Fernando Morais, Chico Buarque, Antonio Calado— por la parte brasileña hicimos presión para que Brasil y Cuba reanudaran las relaciones, Casa hizo un esfuerzo muy parecido del lado cubano.

Para nosotros la Casa de las Américas —ya en aquellos tiempos y hoy mucho más— es una especie de espacio y punto de encuentro. Muchísimos brasileños conocieron aquí a otros intelectuales de México, Nicaragua, Colombia. Siempre digo en broma que Casa de las Américas no es una institución de investigación y difusión de cultura: es mucho más que eso, es un puerto.

Con Casa tengo una relación de amistad; cuando llego a Cuba siempre vengo. A veces no está Roberto, no está Jorge (Fornet), no importa, yo entro, paseo un poquito y me voy. Aquí conocí a Ambrosio Fornet, a Miguel Barnet, a Abel Prieto, y a muchos jóvenes cubanos que hoy ya no son tan jóvenes.

¿Cómo valora el Premio Casa de las Américas dentro del contexto de certámenes literarios de la región?

Existen muy buenos concursos de novela, cuento, poesía y ensayo, pero este premio es el único que lo tiene todo, es decir, abarca a todos los géneros de una sola vez. No es ni de lejos el premio más importante en cuanto a dinero en efectivo, pero es el más querido por su tradición, por los que ganaron, por los que han sido jurados a lo largo de la historia, y porque es la Casa de las Américas. O sea, se trata de un certamen que tiene importancia por su rigor, por la calidad, pero también por el afecto.

¿Cual es su criterio sobre las obras de literatura brasileña que están concursando en la presente edición del evento?

En esta categoría se alternan los géneros. La vez pasada fui jurado en cuentos y novelas, y en la edición actual valoramos obras de no ficción. Siempre se trata de libros ya publicados, no son inéditos.

Leímos una diversidad de textos: ensayos académicos, reportajes, biografías, etc. Como todo concurso, la calidad es irregular y oscilante. Había tres o cuatro libros muy buenos y uno excepcional desde el punto de vista cualitativo, bastante conocido y galardonado el pasado año en Brasil.

El premio Casa en la categoría de literatura brasileña ha sido otorgado a autores de primera línea en mi país y este año sucede lo mismo; el libro ganador fue el que más nos impresionó desde un inicio.  

Con respecto a su dualidad de periodista y literato: ¿cómo ha logrado conjugar ambas profesiones? ¿En qué medida sus vivencias como reportero han influido en su narrativa?

Fui periodista desde muy joven. Empecé a los 18 años y lo dejé a los 38. El periodismo es una excelente escuela para un escritor si logras salir a tiempo; creo que yo lo logré.

Mis años de periodismo fueron muchos y variados. Empecé como redactor de cultura, luego me hice corresponsal de guerra y estuve en El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Marruecos. Terminé trabajando en un diario alternativo en Brasil. La prensa de mi país es muy conservadora y a cada rato nacen diarios alternativos.

Hoy día ejerzo el periodismo muy eventualmente para Brasil. Viví muchos años en Argentina, México y España. Entonces escribo artículos cada 15 días para La Jornada, de México, y Página 12, de Argentina. Es una manera de estar en contacto con mis amigos mexicanos y argentinos, para que sepan como veo las cosas de mi país. Se trata de un vínculo más afectivo que profesional, aunque yo escriba con la seriedad necesaria.  

En cuanto a la literatura, en la adolescencia escribía poemas pésimos, por suerte nunca publiqué ninguno. Cuando tenía 23 años y ya vivía en Argentina empecé a escribir cuentos. Mi primer libro se publicó en Madrid, no en Brasil; en aquel entonces estaba exiliado. Luego volví a mi país y además de mis libros de cuentos y de no ficción, escribí uno sobre la Nicaragua sandinista, otro acerca de Cuba, un tercero de Hemingway en España…

También realizo muchas traducciones, ya acumulo más de 70. Este trabajo es igualmente una forma de mantener el vínculo con mis amigos y el universo hispánico para llevarlos a Brasil.

Lo que he visto como periodista ha quedado en mi memoria y, por supuesto, tengo cuentos que hoy los leo y me espanto un poco porque encierran mucha violencia. El periodismo otorga una buena práctica de escritura, ya que enseña a ser claro y convincente. En el periodismo, un solo dato de mentira derrumba toda la información; en la literatura, si escribes un solo dato de la verdad, convences al lector de que todo el resto es cierto.

Mencionaba entre sus obras de no ficción el libro Cuba: Anotações sobre uma Revolução. ¿Cómo fue la concepción de este trabajo y qué aspectos aborda del proceso revolucionario?

Escribí el libro a finales de la década del 70. En aquella época Cuba era para Brasil algo muy nebuloso y misterioso. Llegaba al país muchísima información anti-Cuba y alguna muy Pro-Cuba. Yo quise venir y me quedé dos veces viviendo la vida cotidiana de los cubanos. Estaba en un hotel, pero con mucha libertad de movimiento.

Cuando empecé a escribir el libro aquí encontré a Gabriel García Márquez y le conté el objetivo de mi visita a Cuba. Él me dijo: “¿Estás loco?”, y yo le contesté: “Pero, ¿por qué Gabo?”. Entonces él me explicó: “Porque los cubanos son locos e inventan una revolución por semana; cuando termines tu libro ya estará superado”. Es una obra objetiva, pero efectivamente quedó superada. El mismo García Márquez intentó escribir algo sobre Cuba, escribió mucho y después no lo terminó nunca porque no le alcanzaba el tiempo.

El libro mío se publicó en Brasil e Inglaterra, en 1981 y 1982 respectivamente, y se vendió mucho. En 1987 se hizo una nueva edición, lo revisé todo y era prácticamente otro. Había aspectos que se mantenían como la relación con la Iglesia, la santería, pero en el plano económico las cosas no eran iguales. Otra vez le fue bien al libro, se vendió, se agotó y le dije al editor que no lo reimprimiera más porque ya había quedado superado. Hoy día si lo lees te das cuenta de que es un libro de historia.

De acuerdo a su experiencia como reportero dentro del continente, ¿qué criterios tiene acerca del periodismo que se hace hoy en América Latina?

Según el país. Por ejemplo, el periodismo en Brasil es técnicamente muy bueno, todo está muy bien escrito, los diarios bien diagramados, pero es un periodismo sin diversidad; lo que tenemos son muchos ecos de la voz del sistema.

Si lees un diario de Argentina sabes que es de derecha, de izquierda, etc. Hay una diversidad de sonidos. En México también el periodismo es diversificado, en Chile y Uruguay menos. En el caso de Venezuela, que tanto hablan los grandes medios de la censura, yo leo textos en la prensa venezolana de ofensas al gobierno que si la censura existiera tal y como se dice afuera estarían todos decapitados. Pero no, siguen ahí, conozco a varios.

El periodismo cambia mucho y hoy día más por la velocidad de los medios de información y las nuevas tecnologías. Cuando era corresponsal de guerra vi varias veces a un hombre matar a otro. Hoy día la guerra es un video-game: con aviones no tripulados desde Washington a través de una pantalla matas a personas en Irak o Afganistán.

Sigo creyendo que el periodismo es un gran oficio, aunque no lo ejerza más en lo cotidiano. También creo en la diversidad. Prefiero tener cuatro cosas distintas y malas que una sola buena, así no puedo elegir. En Brasil no tenemos eso: se habla mucho de libertad de expresión, pero lo que hay es libertad de empresas; no son medios de comunicación e información, son medios de desinformación e incomunicación. En los diarios brasileños hay un choque entre lo que lees y lo que ves en lo cotidiano, en la calle.

Para finalizar, ¿qué obras publicará próximamente como traductor y escritor?

Estoy realizando una nueva traducción de Rayuela al portugués de Brasil y acabo de terminar un libro sobre memoria, verdad y justicia. Son relatos acerca de cómo Chile, Uruguay y Argentina, al volver a gobiernos civiles, lidian con el pasado de la dictadura. En mi país no ha habido ninguna lección para los que cometieron terrorismo de estado, los que asesinaron, torturaron y violaron. Sin hablar de Brasil digo: Mira lo que han hecho estos países que no hemos hecho nosotros. Ahora, después de esta obra de no ficción, es mi turno de volver a los cuentos.

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