César “Pupy” Pedroso

“Este premio hay que respaldarlo haciendo más y mejor música”

Yeneily García García • La Habana, Cuba

Si se dieran reconocimientos al carisma, César “Pupy” Pedroso se los llevaría todos. Cuando La Jiribilla se le acercó para felicitarlo por el recién obtenido Premio Nacional de Música, nos sorprendió la humildad con que nos recibió: sin poses, ni maneras afectadas y sí muy asombrado por ser escogido para recibir el máximo galardón que se le da a los músicos en Cuba.

“Me hizo falta calmarme y hasta una que otra pastilla”, confesó al insistir en que todavía no se lo creía y que a sus casi siete décadas -¿lo dijimos? ¡Perdón!- esta era una de las alegrías más grandes de su vida. 

Y es que al niño que se escondía detrás del piano durante las descargas en la casa paterna, que tenía unos grandes zapatos que llenar y que a veces no estudiaba todo lo que debía, todavía le cuesta creer que ya oficialmente pertenece al grupo selecto de los grandes del pentagrama en la Isla, un país que ha dado no pocas glorias en este ámbito.

Acomodado en la sala de su casa en Cojímar, Pupy nos contó cómo comenzó en la música, primero tocando con compañeros de estudios, luego haciendo suplencias por su padre César “Nené” Pedroso y más tarde como integrante de orquestas de renombre como La Orquesta de Elio Revé, donde conoció a Juan Formell, con quien fundó Los Van Van.

Precisamente a Elio Revé y a Formell, les debe –porque no es de los que olvida agradecer-  mucho del éxito obtenido en su carrera musical.

“Con Juan aprendí muchísimo. Desde cuestiones relacionadas con lo musical hasta con el compañerismo, la forma de relacionarnos, la búsqueda siempre de la unidad entre los músicos. Con Revé también aprendí sobre cómo se expresa el sentimiento en la música. Coincidíamos a la hora de hacer las interpretaciones. Realmente tuve la suerte de haber estado con dos grandes de la música. Es lo mejor que me pudo haber pasado.

“Aunque me costó trabajo asimilar todo ese conocimiento –reconoce-. Por eso me demoré en crear mi propio grupo, a pesar de que Formell siempre decía que si uno de los integrantes de Los Van Van tenía para crear un proyecto en solitario, ese era yo”.

El bailador cubano, fundamentalmente, le debe a su creatividad el disfrute de temas como “Hoy se cumplen seis semanas”, “El buena gente”, “Eso está bueno”, “Temba, tumba, timba” y “El negro está cocinando”, que todavía hacen las delicias de los amantes del género popular porque se mantienen sonando como piezas intemporales.

Considerado entre los mejores compositores de la vertiente bailable, “Pupy” nos explicó que al crear siempre se le ocurre primero la melodía. “Me viene enseguida la idea de lo que quiero hacer, luego trabajo en el texto, con especial atención a los coros. En mis canciones reflejo la cotidianidad, el día a día de los cubanos. Eso es lo que me inspira: la historia común de todos nosotros”.

De su época vanvanera precisa que la mayoría de las canciones y arreglos eran suyos y de Formell, en los que se preocupaban por marcar la diferencia y establecer el sello de cada uno, aunque tratando de mantener la sonoridad de la orquesta por sobre todas las cosas.

Cuando comienza el trabajo con su nueva orquesta  Los que son son, “Pupy” buscó distanciarse un poco de la famosa agrupación cuya estela lo precedía para lograr ser reconocido por su timbre particular. Uno de los caminos que intentó - el tiempo le demostraría lo acertado de su decisión-  fue no regresar a los temas de su autoría que pertenecen al registro antológico del llamado “tren de la música cubana” y concentrarse en nuevas piezas, logrando así éxitos como: “Un loco con una moto” y “No te dejé por mala”, que han escalado hasta lo más alto de las listas de popularidad.

Orgulloso siempre de sus orígenes y de la música hecha en Cuba, advierte que en la Isla hay mucho potencial que no se explota suficiente.

“La música popular bailable necesita -y se le debe- una mayor visibilidad y accesibilidad para todo tipo de público. Los conciertos no pueden quedar sólo para las Casas de la Música, celebraciones importantes y giras nacionales. Hay muchas opciones por explotar e iniciativas que pueden dar frutos realmente positivos, como la recién inaugurada Plaza Mariana Grajales en Santiago de Cuba.

“En La Habana –prosigue- existen muchas instalaciones con poco uso que pudieran ser aprovechadas para dar este tipo de conciertos, a fin de cuentas eso sería trabajar por defender nuestra identidad, porque la música bailable es punto de confluencia del son, la guaracha, el danzón, el changüí y otros que son expresiones del ser cubano”.

Al preguntarle sobre qué pasará ahora con Pupy tras este Premio, modesto y sin reconocer cuánto significa su legado para la historia cultural del país, respondió sencillamente que se mantendrá trabajando para no “quedar mal con todos los que me propusieron y los que votaron por mí”.

Con un nuevo disco listo para salir al mercado y otro en proceso de producción, que incluirá piezas de autores antológicos arregladas por él, el futuro de Los que son son se vislumbra ocupado.

“Lo principal es seguir haciendo, porque este premio nacional hay que respaldarlo haciendo más y mejor música. Ahora la responsabilidad es mayor por el compromiso que supone este reconocimiento y por todos los músicos cubanos que lo ostentan y los que también lo merecen.

“Uno piensa en ellos y se dice: tengo que trabajar más. Todo se lo debo a la música, sin ella no hubiera sido lo que soy hoy”.

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