Un Martí a tiempo

Marta Rojas • La Habana, Cuba

Ahí pudo estar José Martí, sentado en cualquier silla alrededor de la mesa en la cual sesionó de la II Cumbre de la CELAC en La Habana, durante los días 28 y 29 de enero.

Por la absoluta vigencia de sus ideas, hubiera podido solicitar la palabra sin preocuparse del tiempo transcurrido desde los años de su rebeldía, como si no hubiera pasado más de un siglo en que por primera vez pronunció o escribió muchas de sus reveladoras frases.

Lo que hubiera dicho en este contexto se oyó antes en sus discursos, o se leyó en el periódico Patria, en su ensayo Nuestra América, o en las cartas periodísticas a la Nación de Buenos Aires, al periódico Liberal de México, o simplemente en las que dirigió a sus amigos del continente.

Diría: “¡Porque ya suena el himno; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los  padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran semí, por las naciones románticas del continente y las islas dolorosas del mar, la semilla de la América Nuestra!”.

También hubiera podido reafirmar el Apóstol de la independencia de Cuba −quien sin quitarse el polvo del camino lo primero que hizo a su llegada a Caracas fue rendirle tributo a Simón Bolívar: “No ha mano ligera, sino como con conciencia de siglos, se ha de componer la vida nueva de las Antillas redimidas”. Y seguro de lo que dice nos recuerda, preguntándose: “¿Adónde va la América y quien la junta y guía? Sola y como un solo pueblo, se levanta. Solo pelea. Vencerá sola”.

Asimismo este humanista ejemplar, adelantado a lo que más de un siglo después se discutiría en la Cumbre que prestigia a Cuba, hubiera podido repetir: “El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos (…) Todo lo que divide a los hombres, todo lo que los especifica, aparta o acorrala es un pecado contra la humanidad”.

O nos hubiera alertado, tal y como hizo en Nueva York, en 1889, lo que es esencial para la supervivencia de nuestra región, y medular para mecanismos como el de CELAC (solo incluyendo en su discurso al inmenso Brasil y a las islas del Caribe):

“Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida más claro y minucioso examen que el convite que los Estados Unidos potentes, repleto de productos invendibles y determinados a extender sus dominios en América,  hacen a las naciones americanas de menos poder, ligados por un comercio libre útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse América española y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para América española la hora de declarar su segunda independencia”.

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