Premios Casa 2013

Sorpresas brasileñas

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Brasil casi siempre sorprende en el Premio Casa de las Américas. Ahora, en la versión de 2014, lo hizo aún antes de que el jurado integrado por Eric Nepomuceno, Luiz Bernardo Pericaz y Suely Rolnik emitiera su juicio sobre el envío de obras de no ficción publicadas en ese país durante el bienio anterior. Como se sabe, en la agenda del evento se incluyen las presentaciones de los títulos laureados previamente, y justo  en 2013 ese reconocimiento privilegió dos textos narrativos de la nación sudamericana, uno de ellos Domingo sin Dios, de Luiz Ruffato, seleccionado en la categoría de Literatura Brasileña (ficción), y el otro merecedor del Premio Honorífico José María Arguedas, Leche derramada, de Chico Buarque de Hollanda.

Ambas novelas no solo abren una nueva ventana a la  creación literaria contemporánea brasileña, sino enriquecen una tradición del Premio Casa que tuvo un primer momento en 1964, cuando el certamen se abrió por primera vez a los autores de ese país. En aquella oportunidad, la obra teatral Cuatro cuadras de tierra, de Oduvaldo Viana Filho, triunfó en el género.

Cabe recordar cómo desde su mismo punto de partida, la Casa jerarquizó la difusión en nuestra lengua de los más destacados escritores brasileños. Entre los primeros hitos de su gestión editorial se situó Memorias póstumas de Braz Cubas, narración canónica de Machado de Assís, y en los 60 logró que el libro testimonial La favela, de Carolina María de Jesús, se convirtiera en un suceso literario en la isla. A partir de entonces la Casa nos familiarizó con los nombres de Euclides da Cunha y José Lins do Rego, Joao Guimaraes Rosa y Antonio Callado, Carlos Drummond de Andrade y Vinicius de Moraes, Clarice Lispector y Rubem Fonseca.

El Chico Buarque escritor ya se había asomado a la Casa con su novela Benjamin, publicada por el Fondo Editorial de la institución, de modo que los lectores cubanos duplicaron su admiración por el cantor de “Samba de Orly”, a quien unen vasos comunicantes con la obra musical de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Leche derramada prosigue la senda abierta por narraciones suyas tan intensas como Estorvo (1991) y Budapest (2003), la primera con cierto parentesco con El extranjero, de Camus, y la segunda con una trama más abierta, pero respondiendo también a un código de raigambre existencialista, aunque en ambos casos pueden observarse ciertas zonas de trasvase con las situaciones crudas y angustiosas tan caras a Fonseca.

La novela que nos ocupa se resuelve literariamente en una paradoja: la amplitud del recorrido temporal de la narración y la brevedad de los minutos finales de una vida que se apaga. Un siglo de existencia del protagonista a través de una memoria selectiva, devastada por los recuerdos de lo que fue y terminó siendo. En Brasil, con mucha ironía, suele decirse: padre rico, hijo  noble, nieto pobre. Tal es la saga de Eulalio d’Assumpcao y la decadencia de su familia, en episodios contados en círculos concéntricos mediante una prosa luminosa y a la vez desenfadada. Por mucho, Leche derramada es la mejor novela de Chico.

Con Ruffato nos llega el conocimiento de un peso pesado de la narrativa brasileña de las últimas décadas. Domingos sin Dios, publicada originalmente en 2011, cierra un ciclo de novelas que bajo el título Infierno provisorio, comenzó en 2005 con Mamma, son tanto felice (así, en italiano), y continuó con El mundo enemigo, Vista parcial de la noche y El libro de las imposibilidades.

El escritor refleja los avatares de hombres y mujeres que en los años 50 del pasado siglo emigraron del medio rural al urbano, y sufrieron los traumas de un extrañamiento espacial y su conflictiva adecuación al nuevo medio, signado por su proletarización.

Al valorar el ciclo, la crítica Cecilia Almeida Salles señala: “Como lectores, no podemos dejar de contemplar, con admiración el compromiso estético y ético del escritor al desarrollar este proyecto, que tomó la forma de una denuncia literaria. Durante estos últimos años, fue atraído por el ideal de concretar este retrato del proletariado brasileño, que parecía ser una deuda de la literatura nacional”.

En cuanto a Domingos sin Dios, concluye: “Una cosa es cierta: somos envueltos emocionalmente por esos domingos sin bendición. Son fabulaciones de duros destinos relatados de modo sensible. Así, el vigoroso proyecto de Infierno provisorio se completa. La intensidad de la experiencia generada por su lectura quedará, ciertamente, grabada en nuestra memoria. Ruffato llevará a sus lectores hacia donde su literatura quiera ir”.

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