Integración, heterónimo de independencia

“Gracias a la CELAC ya nos vamos pareciendo a todo lo que una vez fuimos, a todo lo que quisimos ser pero nos fue arrebatado, nos vamos pareciendo a la Pachamama, a la cintura cósmica del sur, a la reina de las naciones, a la madre de las Repúblicas.”
Hugo Chávez, enero 2013

 

Un mal día les dijeron que sus lenguas, sus danzas rituales y los dioses a los que adoraban no eran lengua, ni danza, ni dios. El hombre del viejo mundo traía el canon verdadero como su más potente arcabuz y en la mirilla la cultura de nuestros pueblos autóctonos, blanco indispensable para sembrar la dominación.

Así, 500 años atrás inició la historia de resistencia en nuestras tierras contra un poder que utilizó la guerra cultural y la división como mecanismo de legitimación de la conquista geográfica, política y económica.

Aniquilados en lo físico y segregados en lo espiritual, tres siglos hubo que esperar para que entre nuestros predecesores madurara una conciencia de rebelión contra quienes escondían, tras el falso acto de “descubrimiento” de nuestras tierras, el crimen de usurpación.

Iniciaban entonces las primeras guerras de independencia y con ellas emergía, en el pensamiento de los estrategas y políticos más avanzados, la certeza de que esta condición solo se alcanzaría si en paralelo se avanzaba hacia una integración regional.

De tal modo, Simón Bolívar creía en que el camino de la unidad era indeclinable, mientras que José Martí lo señalaba como un requerimiento vital: “La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino”, apuntaba el primero; “hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”, advertía el segundo.

Dos centurias después, la historia demostró que la independencia de nuestras naciones quedó a medias, varada allí donde fracasó la integración.

Gobiernos impuestos, mecanismos de dependencia fiscal, aplicación de leyes extraterritoriales, comercio desigual, injerencias políticas, hegemonía pseudocultural, son algunas expresiones del dominio neocolonial al que se han visto sometidos los países latinoamericanos y caribeños, tras alcanzar su condición de repúblicas; sin contar los territorios que aún no han vivido su descolonización.

Es en este escenario donde se consolida la conciencia de que solo con una “gran política” ─como denominara Hugo Chávez a la virtud de “aprender a vivir con nuestras diferencias, aceptarlas y procesarlas, buscando siempre la mejor manera de complementarnos”─, se hace posible alcanzar la verdadera independencia.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños surge entonces como un “sólido espacio” para la concreción de esta gran política, según entreviera el Comandante Hugo Chávez en un mensaje enviado a los jefes de Estado de sus 33 países miembros durante la celebración de la I Cumbre, en enero del 2013, en Santiago de Chile.

Desde entonces hasta hoy, la Comunidad ha vivido dos presidencias pro témpores, la de Chile y la de Cuba, y celebrado tres cumbres, si se cuenta la que en diciembre del 2011 le dio fundación. Sus resultados y desafíos en el camino por materializar lo que durante tantos siglos han anhelado nuestros pueblos, se evidenció en las intervenciones de los mandatarios durante la segunda de estas citas, celebrada entre los días 28 y 29 de enero en La Habana.

Un mecanismo de diálogo, no de burocracia

Un minuto de silencio por el Comandante Hugo Chávez, en representación de todas las voces que lo declaraban el gran ausente de este magno encuentro, abrió la primera sesión de la reunión de mandatarios de los pueblos latinoamericanos y caribeños miembros de la CELAC en la capital cubana.

En su discurso de inauguración el presidente cubano Raúl Castro se refirió a los objetivos perseguidos por la Isla durante su periodo de presidente pro témpore de la CELAC, los cuales estaban en consonancia con el lema de esta cita: la lucha contra la pobreza, el hambre y la desigualdad, y significó la importancia de continuar llegando a consensos a partir de las diferentes posiciones de cada nación, de edificar unidad dentro de la diversidad.

Tras el diálogo en el acostumbrado retiro, y un primer saludo de Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas, el cual catalogó esta Cumbre de histórica, en la tarde del día 28 iniciaron los jefes y jefas de Estado el ciclo de intervenciones públicas, con el reconocimiento de que ya no es posible hablar de una integración latinoamericana y caribeña sin contar con Cuba, como aseguró la presidenta de Brasil, Dilma Rouseff.

“Siempre es importante recordar la urgencia de nuestra integración en un mundo fragmentado. Compartimos una identidad y una trayectoria histórica común. Esta experiencia será determinante para enfrentar desafíos futuros. La integración es un proyecto estratégico, si pensamos que la prosperidad de cada uno puede transformarnos a todos”; fueron algunas de las ideas expresadas por la mandataria.

Seguidamente Portia Simpshon, primera ministra Jamaica, felicitó la presidencia de Cuba en la CELAC, y manifestó su confianza respecto a que desde la Isla se siguiera apoyando el desarrollo de este mecanismo y los intereses de los países caribeños. Calificó a Chávez como un “campeón del ·bienestar de los pobres”, y reconoció la continuidad que en la lucha contra la desigualdad lideraba el presidente Nicolás Maduro. Convocó igualmente a no subestimar el poder y la responsabilidad de la CELAC, en la cual están representadas 6 millones de personas. Finalmente, dedicó unas palabras a Nelson Mandela, líder sudafricano y paradigma de la lucha contra la pobreza.

Tras ella otra mujer, la mandataria de Argentina, Cristina Fernández, resaltó la importancia de una reunión inimaginable hace una década, cuando “empezaban a reunirse tímidamente los países de América del Sur”. Ahora se encontraban en una misma sala “los jefes y jefas de Estado que representan por voluntad popular a todos los pueblos de América Latina y el Caribe”, y no “en cualquier lugar”, sino en La Habana, capital del país líder de las revoluciones socialistas en el continente.

La Kirchner subrayó como el primer desafío de la CELAC el de construir una agenda, alejada de la burocracia, en la que se incluyera el tipo de relación a establecer con el resto de los bloques que se están conformando en el mundo, según lo que nos conviniera más como región. Debemos lograr —enfatizó— que nuestras materias primas tengan valor agregado, porque de lo contrario vamos a estar construyendo una segunda dependencia que no será geográfica pero sí más estructural.

La integración no debe ser un tema de agenda, sino de política de estado, expresó. Solo así lograremos que el hombre sea realmente libre, tal y como defendieron tantos latinoamericanos, entre ellos el Che Guevara, que hoy ya “no es argentino ni cubano, sino un ícono universal”.

Laura Chinchilla, presidenta de Costa Rica, nación que al término de esta Cumbre asumió la presidencia  pro témpore de la CELAC, reconoció la rapidez con que esta se había convertido en un sólido mecanismo de diálogo para lograr consenso dentro de la diversidad, y auguró que su sucesor en la silla presidencial costarricense, quien sería electo el fin de semana posterior a la Cumbre, mantendría el diálogo abierto con los países de América Latina y el Caribe.

Por su parte, la primera ministra de la República de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, comentó su anhelo de que la CELAC pudiera establecer un mecanismo que se erigiera en modelo de la cooperación Sur-Sur.

De otro lado Enrique Peña Nieto, presidente de México, calificó esta como una “convocatoria espléndida y una oportunidad de mayor acercamiento entre quienes somos hermanos latinoamericanos y caribeños.” Mientras, Horacio Cartes, líder de Paraguay, explicó algunas de las políticas sociales que se implementan en su nación, para concluir que los gobernantes deben estar a la altura de sus responsabilidades, y solo así ser lo que los pueblos esperan.

El presidente guatemalteco Otto Pérez Molina fue uno de los tantos que esta reunión homenajeó al “gran líder ausente”, el Comandante Chávez, máximo impulsor de la gestación de la CELAC, y en sus palabras reconoció la inolvidable solidaridad de Cuba con su país.

Expresó que los intensos debates sostenidos en el retiro constituían un ejemplo de cómo la CELAC se había convertido en un verdadero mecanismo de diálogo en la región, caracterizado por llegar a consensos si bien siempre las partes no estaban de acuerdo en todos los puntos.

Pérez Molina dedicó gran parte de su intervención a condenar la lucha contra el tráfico ilícito de las drogas, y defendió la necesidad de un enfoque más integral en el combate a este flagelo. Asimismo, hizo constar su más absoluto rechazo al bloqueo económico de EE.UU. contra la Isla, y la voluntad de su país de continuar avanzado en la integración con las naciones de la región.

En representación de Haití, el presidente Michel Martelly reconoció que la CELAC “ha demostrado su capacidad de continuar a la cabeza de los principales objetivos de la región”, entre los que se encuentran la inclusión de la cultura en las estrategias de desarrollo, y la universalización de los servicios de la salud y de educación.

Entre quienes más resaltaron en esta primera jornada por la radicalidad de su discurso y la representación sin concesiones de las voces de nuestros pueblos, estuvo el presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien dedicó las primeras palabras de su intervención al Apóstol cubano José Martí, “uno de los más grandes hijos de esta tierra”, de quien se celebraba justamente ese día el 161 aniversario de su natalicio.

José Martí expresó que el hombre se divide en dos bandos, los que aman y fundan; los que odian y deshacen. Hoy faltan aquí dos entre los más grandes que aman y fundan: Kirchner y Chávez, de los mayores soñadores de este proyecto que como homenaje a ellos ya no tiene retroceso”, sostuvo Correa.

Acotó, sin embargo, que entre los que odian y deshacen están las nuevas expresiones colonialistas que no han desaparecido de nuestras tierras, entre ellas los monopolios de comunicación; los cuales, en función de la conveniencia del más fuerte, nos imponen sus intereses.

“Para ellos la libertad de prensa es la libertad de empresa, creen que sus valores deben ser universales; son el nuevo imperialismo.”

Asimismo, opinó que nuestra región debe contar con su propio sistema de derechos humanos, sin influencia de países hegemónicos. Pero no solo debemos cuestionar este sistema —añadió—, sino el de la Organización de Estados Americanos (OEA); debemos preguntarnos cuál es su rol en nuestra nueva América al permitir el colonialismo de las Islas Malvinas y Puerto Rico, al radicar en el país que por tantos años ha mantenido un bloqueo contra Cuba.

El caso de la mano sucia de Chevron no podía quedar fuera de su discurso; este, dijo, “es un ejemplo del despojo del derecho a los estados”.

La única forma de resistir y librarnos del capital es la integración. Unidos, serán nuestros pueblos los que impongan las condiciones al capital, probablemente no haya nada más urgente.

Y para cerrar su intervención, Rafael Correa acudió a otra cita, esta vez, del más fiel intérprete de los sueños de Martí, Fidel Castro, quien conceptualizó la revolución como “igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional…”

La paz, el mayor consenso

La proclamación de América Latina y el Caribe como Zona de Paz marcó el comienzo de la última reunión plenaria de los jefes de Estado y de delegaciones participantes de la II Cumbre de la CELAC.

Este constituyó un importante paso para la consolidación de una cultura de paz, y del diálogo y otros mecanismos pacíficos como vías para solucionar conflictos en la región.

El anuncio de este acuerdo fue seguido por otro homenaje a Martí y al líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, llevado a cabo por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. En representación de su país, el mandatario celebró la Declaración de La Habana y sus pronunciamientos en contra de las colonias y los colonialismos en América Latina y el Caribe; así como manifestó su apoyo a la Argentina en la lucha por la recuperación de las Malvinas, a Cuba en su demanda por la devolución de la Base Naval de Guantánamo, y a Puerto Rico, territorio al que se le ratificó en esta cita su carácter latinoamericano y caribeño.

Al mencionar que Ecuador asumiría la presidencia de la CELAC en el 2015, recordó lo expresado por el presidente Rafael Correa, sobre la importancia de no permitir la burocratización de la CELAC.

Seguidamente Donald Ramotar, presidente de Guyana, felicitó a Cuba por su voluntad de formar un capital humano para los países vecinos, y destacó que nuestra región tiene, como casi ninguna otra, recursos para enfrentar el cambio climático y para maximizar su rendimiento en beneficio de nuestros pueblos.

El presidente de Uruguay, José Mujica, se refirió al sentimiento histórico, la tradición cultural y las hondas raíces libertarias que comparten nuestras naciones. Si no hay cambios culturales, enfatizó, no tendremos fortaleza para asumir los retos que tenemos por delante.

No se puede subestimar, alertó también, la enorme capacidad de dominación cultural del imperio, pues nada ha demostrado tener más fuerza creadora que la economía capitalista, impulsora de innumerables desarrollos, ya la vez de conductas egoístas e individualistas.

Freundel Stuart, primer ministro de Barbados, alabó la rica y fuerte cultura que comparten nuestros pueblos, expresada en la ceremonia de apertura de la Cumbre —en la cual jóvenes músicos cubanos interpretaron un popurrit de ritmos de la región— y comentó su agrado por el cambio de denominación de “troika ampliada” por “cuarteto”, grupo en el cual se incluye el país que ejerce la presidencia de la CELAC, el que la cedió, el que la ostentará, y el que preside el Caricom.

Po su parte, Daniel Ortega, jefe de Estado de Nicaragua, aseguró que Cuba seguiría siendo un baluarte para los pueblos de América Latina y el mundo.

De otro lado, el presidente colombiano Juan Manuel Santos se mostró de acuerdo con que solo unidos nuestros pueblos avanzarán con efectividad en el complejo camino que les queda por delante, y expresó su voluntad de continuar los diálogos de paz con la guerrilla colombiana y poner fin cuanto antes al conflicto armado que tanto ha afectado a su país y a toda la región.

Ampliamente criticada por mandatarios y expertos, Santos también habló de  la iniciativa de la Alianza del Pacífico conformada por Chile, México, Perú y Colombia; a la cual se le ha señalado su identificación con intereses de EE.UU. El mandatario colombiano manifestó que esta no era una alternativa excluyente, sino una forma particular de integración.

Kenny Anthony, primer ministro de Santa Lucía, compartió la preocupación de muchas naciones caribeñas por los efectos del cambio climático, y la opinión expresada por varios presidentes sobre la efectividad del diálogo directo, por encima de otros mecanismos formales, como modelo de actuación de la Comunidad.

Evo Morales, presidente boliviano, expresó su confianza en que algún día, para hacer justicia a los explotados, los gobiernos que representan a los países de la CELAC tengan todos un marcado carácter antiimperialistas; no obstante, reconoció que ya significaba un gran avance el hecho de que la reunión se estuviera realizando en Cuba. Remarcó además que los servicios básicos no pueden ser un negocio privado para nuestros pueblos.

El primer ministro de San Cristóbal y Nieves, Denzil Douglas, se comprometió en nombre de su país a continuar la colaboración con los estados miembros de la Comunidad, para cumplir el sueño integracionista de Chávez. Destacó además la identificación de nuestras culturas y, por lo tanto, la similitud de nuestros desafíos.

El presidente saliente de Chile, Sebastián Piñera, definió este como un momento para recuperar el tiempo perdido y encontrarnos con nosotros mismos. Mientras, la presidenta electa de ese país, Michelle Bachelet, se refirió a la urgencia de atender todas las desigualdades de la región, destacó que “nuestra gente es el mejor recurso”  que tenemos, y ratificó su compromiso con América Latina y el Caribe en la construcción de una nueva agenda de desarrollo conjunta.

Desiré Delano Bouterse, presidente de Suriname, abogó por no olvidar que a los objetivos de la CELAC debe ponérseles pensamiento, pero también corazón, y sugirió que la integración debía contemplar nuevas formas de cooperación en los sectores bancarios y financieros.

El presidente de Perú, Ollanta Humala, felicitó la proclamación de la región como Zona de Paz, y ejemplificó cómo su país y Chile habían dado muestras de la voluntad de convivencia pacífica, al llevar su diferendo sobre los límites marítimos a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, y ahora estar dispuestos a respetar el fallo.

Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y las Granadinas, defendió la pertinencia de reclamar a las antiguas metrópolis compensaciones económicas y morales por los daños ocasionados por la esclavitud, y agradeció a los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez el impulso a mecanismos de integración como Petrocaribe, el Alba y la CELAC.

Por su parte Danilo Medina, presidente de República Dominicana, calificó esta Cumbre como la rectificación de un error que nunca se debió cometer, cuando a partir de una decisión de la OEA Cuba fue aislada del resto de los países de Latinoamérica y el Caribe. Además, mencionó algunas medidas que desde su gobierno se llevan a cabo en favor de la nación haitiana, en desacuerdo con quienes los acusan de discriminación.

Intervinieron también en representación de sus países los titulares de Relaciones Exteriores de Belice y El Salvador, Wilfred Elrington y Javier Miranda, respectivamente, así como el vicecanciller de Honduras, Roberto Ochoa.

En su discurso de clausura, el presidente cubano Raúl Castro mencionó como logros de esta Cumbre los acuerdos y documentos adoptados, —entre los que destacaron la Proclamación de la región como Zona de Paz y el respeto a los principios fundacionales de la Comunidad.

La magna cita culminó con la asunción de la presidencia pro témpore por parte de Costa Rica, en cuyo nombre la mandataria Laura Chinchilla se comprometió a respetar los consensos y construirlos.

El sueño que es y el que puede ser

La II Cumbre de la CELAC, como bien refirieron muchos de los mandatarios que hicieron uso de la palabra, dejó su huella en la historia desde el momento en que asumió la irreverencia de celebrarse en La Habana, país enjuiciado hace medio siglo por liderar el sueño de libertad definitiva que ahora tantos pueblos comparten.

Sin embargo, si tras tantas centurias aguardando la real integración emancipatoria, las declaraciones de los jefes y jefas de Estado en esta II Cumbre de la CELAC se convierten en políticas concretas, este será el elemento que haga de esta reunión un verdadero encuentro sin precedentes, pues constituirá un síntoma incurable del contagio de la utopía de la justicia social.

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