Entrevista con Ahmel Echevarría Peré

Del placer de la zozobra

Darío Sánchez • La Habana, Cuba
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Hay quienes, en términos “minero-literarios”, son como el oro: nacen con el don de escribir, tal como el oro se encuentran en estado puro. Otros son como diamantes en bruto, tienen las condiciones para brillar pero necesitan aún ser pulidos.

Imagen: La Jiribilla

El Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso asume parte de ese dedicado trabajo de transformación hace un poco más de 15 años,  por lo que han adquirido una experiencia nada desdeñable en cuanto a la atención y preparación de los  jóvenes escritores cubanos.

El narrador, licenciado como ingeniero mecánico, miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Latin American Studies Association (LASA), Ahmel Echevarría Peré, se gradúo de uno de los cursos literarios de esta institución que algunos llaman simplemente “Centro Onelio”. Al rememorar su paso por las aulas de la vetusta casa de Quinta avenida, donde se involucró con los recursos sobre los cuales se edifica un texto de ficción,  prevalece el reconocimiento de las grandes lagunas  que poseía en materia bibliográfica, consecuencia directa de su formación como profesional en las ciencias técnicas.

“Conocía algunos autores, pero como un lector común más que se acercaba a la literatura desde el placer y con algunas interrogantes. El hecho de inquietarme por lo que hay detrás del texto literario, cómo se construye, y cuáles son las herramientas fue mi primer paso. Luego me incorporé a un taller literario que coordinaba Jorge Alberto Aguiar, quien formaba parte del claustro de profesores en el Centro Onelio.

Imagen: La Jiribilla

“Así  llegué a esta institución que vino a formar parte de ese crecimiento en la escritura que no acaba sino con la muerte. En lo que he hecho hasta el momento puede verse un antes y un después de mi paso por el Onelio”.

El Centro fue creado con el objetivo de ofrecer a los mejores talentos jóvenes del país los conocimientos teórico-técnicos y la experiencia práctica para afrontar el oficio de la literatura con el rigor necesario, ¿podría decirse entonces que en estos 15 años ha logrado marcar una pauta en la tradición literaria cubana?

Ahmel considera la pregunta “bastante polémica” dada la tradición literaria cubana a la que se siguen sumando nombres y estéticas, por lo que considera bastante arriesgado decir que los talleres hayan marcado una pauta o una manera de hacer.

“Por sí solo, el Onelio se ha convertido en toda una tradición —de la cual forma parte de manera indudable su director Eduardo Heras León— y ha servido como plataforma de encuentro, reconocimiento, e incluso lanzamiento de jóvenes escritores cubanos.

“En estos 15 años han pasado muchos estudiantes por aquí, lo cual no quiere decir que todos los que entran y egresan se convierten en escritores, pero sí hay una buena parte de ellos que se mantienen en este oficio del placer de la zozobra.

“Además, en la medida en que avanzan en este proceso van creando parte de su obra, que se concreta con premios literarios y en trabajos como promotores culturales.  Eso sí tiene una gran influencia en el panorama literario cubano”.

Una institución con estas características, además de poner a los estudiantes en contacto directo con las obras cubanas que le antecedieron y de las que su literatura inevitablemente será deudora, les brinda el acercamiento imprescindible a las distintas maneras de narrar a escala internacional, pues ellos como hijos de su tiempo también deberán encontrar su lugar dentro de las nuevas formas de decir.  

En este sentido el Centro Onelio hace un intento generoso de contribuir a la formación de una identidad narrativa contemporánea cubana, para ello utilizan tanto herramientas elaboradas por los propios profesores como las que han sido efectivas para los más variados autores a lo largo del devenir de la literatura universal.

Las conferencias se preparan a partir del conocimiento propio de los escritores del Centro que imparten los talleres. Entonces, se da una mixtura para muchos atractiva en la que se combinan las técnicas narrativas clásicas con las ideadas desde el Onelio, por lo que el grado de experimentación con las diversas formas de crear un texto es siempre un aliciente para aquellos que están buscando su propia voz autoral.

“Ese mecanismo indudablemente es muy útil para todo aquel que como yo, desde un gran desconocimiento, se va acercando al oficio del narrador”.

Pero hay cosas, como la sensibilidad y el toque humano, que no se pueden enseñar en un taller. Sin embargo, el Centro también intenta contribuir a la formación de mejores personas en sus aulas. 

“Quien entra en contacto con profesores que tienen como principio establecer un ambiente de amistad, preparación, cultura… es poco probable que no se enriquezca como individuo. Una vez salido de este recinto podrás contagiar a las demás personas en el interés por la literatura, por escribir o por acercarse a las artes. De cualquier manera es un crecimiento espiritual. Pasar por aquí puede hacerte una mejor persona”.

Puede ser que hoy Ahmel esté en camino de ser un diamante. Los premios que ha obtenido en su carrera así lo demuestran —el Premio David 2004 en el género cuento con el libro Inventario (UNION, 2007); el Premio Pinos Nuevos 2005 con la noveleta Esquirlas (Letras Cubanas, 2006); mención en el Premio UNEAC Cirilo Villaverde de novela 2008;  Premio Franz Kafka de Novelas de Gaveta 2010 por la obra Días de entrenamiento (FRA, República Checa, 2012).

Aun así, después de todo el camino recorrido la única forma que encuentra el joven escritor de saldar su deuda es devolviendo todo el saber que le brindaron.

¿Si tuvieras que describir tu estancia en el Centro Onelio con una sola palabra cuál sería?

Eduardo Heras León.

Imagen: La Jiribilla

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